martes, 23 de junio de 2009

A PROPOSITO DE LOS SOLSTICIOS


Por Iván Herrera Michel

De acuerdo con Wikipedia, el diccionario de moda y más consultado de la actualidad, “Solsticio es un término astronómico relacionado con la posición del sol en el Ecuador celeste. El nombre proviene del latín “solstitium”(sol sistere, o sol quieto)”. La idea central que evoca la etimología de la palabra es que el sol al terminar su aparente viaje en el firmamento hacia el norte y hacia el sur, y encaminarse en sentido contrario, parece estar quieto. Naturalmente, esto es solo un efecto óptico.
Para el área ecuatorial en donde está ubicada Colombia, el fenómeno no reviste mayor importancia practica en el ciclo de lluvias y sequías que caracteriza al trópico. Pero al sur y al norte de la Tierra, dada la oscilación del planeta, como consecuencia del impacto de un meteorito hace muchos millones de años, la mayor o menor exposición al calor del sol determina las estaciones y todo lo que ellas conllevan. En esto es que radica la relevancia de los solsticios.
Cuando el sol llega a su solsticio de verano el 21 de junio en el hemisferio norte y el 21 de diciembre en el sur, los días comienzan a parecer más cortos, dado que el día paulatinamente va a tener cada vez menos luz solar. A la inversa, cuando el sol llega al solsticio de invierno el 21 de diciembre en el norte y el 21 de junio en el sur, el día parece contar cada vez con más luz.
Por esta razón, al presentarse el solsticio de verano algunos pueblos de la antigüedad acostumbraban a lamentar el triunfo de la oscuridad (la muerte y todo lo que sobre el cielo y la tierra puede ser considerado malo) sobre la luz (la vida y todo lo que pudiera ser considerado bueno), y a partir del de invierno celebrar el triunfo de la luz sobre las tinieblas. Un paso alegórico más adelante los llevaban a celebrar la victoria de lo bueno sobre lo malo.
Es en este sentido que la Masonería adopta los solsticios como símbolos. En lo personal, yo prefiero el solsticio de invierno por representar el camino que debe emprender un Masón en su esclarecimiento y perfeccionamiento personal, y en la cada vez más ampliada visión sobre los fenómenos que tiene ante sus sentidos y su reflexión personal. Es el viaje de la oscuridad a la luz lo que me atrae, el trabajo para disipar las tinieblas y el combate activo contra la ignorancia, la ambición y la hipocresía.
Sin embargo, reflexionar sobre el triunfo temporal del mal sobre el bien, que representa el solsticio de verano, y su final derrota a mediano plazo, no es poca cosa.
De allí, que reunirnos los Masones con ocasión del solsticio verano es un motivo más para la construcción personal y social en que estamos empeñados.
Por lo tanto, sea bienvenida la citación al Taller.

1 comentario:

Joaquín A. Zúñiga Ceballos dijo...

Interesante tema. La fiesta del solsticio ha sido de gran trascendencia en casi todas las culturas desde hace milenios. Para unos más significativa la de invierno y para otros la de verano. De hecho el año masónico, precisamente, comienza con el solsticio de verano. Es la fiesta del eterno retorno, de los nuevos comienzos, de la esperanza. En las cuencas de la Sierra Nevada los Kággaba o Coguis hacen una celebración que dura 9 días, conocida entre ellos como el Kualama y según la leyenda es el momento cuando el Sol visita su ultima mujer y se regresa para visitar a las otra cinco en casa que cada una tiene en el firmamento. Estas celebraciones que todos los nativos celebran desde antes de la conquista, fue camuflada para evadir la persecución de la iglesia en la fiesta de Corpus Cristo.

T.A.F Joaquín Zúñiga Ceballos jazuiga47@yahoo.com