lunes, 29 de julio de 2019

BOLIVAR Y PAEZ: DE LOS POCOS PROCERES MASONES

Por Iván Herrera Michel
               
Se me pregunta sobre las Logias militares que acompañaron a los ejércitos libertadores de América del Sur, y si realmente fueron Masones próceres de la talla de Simón Bolívar, Camilo Torres, Simón Rodriguez, José celestino Mutis, Francisco Antonio Zea y José Antonio Páez, “entre otros”.
                                     
La realidad es que de los seis nombres que menciona mi corresponsal, solo dos pasan un examen imparcial sobre su paso por una Logia Masónica:
                 
Simón Bolívar y José Antonio Páez.
           
De Camilo Torres, Simón Rodriguez, José celestino Mutis y Francisco Antonio Zea, no existe el más mínimo rastro que indique que alguna vez en su vida pisaron una Logia Masónica. Por lo tanto, no voy a ocuparme de conjeturas y suposiciones.
              
Tampoco hay rastros de que en alguno de los ejércitos libertadores de Suramérica haya existido por lo menos una Logia Masónica, ya sea militar o de otra clase. Por muy discreto que haya sido su accionar, llama la atención que, doscientos años después, ninguna huella verificable, documental, material o testimonial, se haya encontrado.
                                                    
Las conclusiones de los investigadores apuntan a que ni la Masonería (institucionalmente concebida) ni los Masones (considerados como un colectivo), tuvieron un rol relevante en las lides independentistas de las colonias españolas, más allá de la probable influencia de un pensamiento liberal, de boga en la época, dentro y fuera de las Logias, que haya podido germinar en la mente de criollos ilustrados, fueran Masones o no. De hecho, existen serias dudas sobre la existencia de una conspiración Masónica encaminada a la independencia de Suramérica.
           
Sobre la historia de la Masonería en Suramérica hoy es obligado consultar, por lo menos, lo publicado por la Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña (REHMLAC), el Seminario Permanente Internacional de Historia de las Masonerías (SPIHM), el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME), la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de la Habana, el inglés Frederic W. Seal-Coon de la Logia Ars Quatuor Coronatorum No. 2076 (Gran Logia Unida de Inglaterra), el venezolano Eloy Reveron, el español José Ferrer Benimelli y el francés Alain de Keghel, entre otras fuentes bibliográficas contemporáneas que están apartándose de los mitos fabulosos que caracterizaron durante algún tiempo las narraciones, dentro y fuera de la Orden.
          
Hechas estas salvedades, a las pruebas me remito sobre Bolívar y Páez.
            
SIMÓN BOLÍVAR
               
Miniatura sobre marfil
Autor Anónimo
(París, 1805 - 1805)
Colección Fundación John Boulton. Caracas
El primer testimonio conocido de la calidad de Masón de Bolívar lo constituye el “Diario de Bucaramanga”, manuscrito en 1828 y corregido en 1835 por su edecán y Masón francés, Luis Perú de Lacroix, durante su paso por Caracas, con base en tres ruedas de conversaciones con el Libertador llevadas a cabo del 1° de abril al 1° de mayo, del 2 al 25 mayo, y del 26 de mayo al 26 de junio de 1828.
                        
En la anotación correspondiente al 11 de mayo de 1928, Bolívar habría confesado, refiriéndose a la Masonería, que “…  también había tenido él la curiosidad de hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en Paris había sido recibido Maestro…”. No mencionó Grados escocistas.
                 
En 1869, el sobrino del Libertador, Fernando Bolívar, incluyó la segunda parte del “Diario de Bucaramanga” en su libro publicado en París “Efemérides colombianas sobre Venezuela, Colombia y Ecuador que formaron en un tiempo una sola República”.
               
Pero es el escritor, periodista e historiador colombiano Ismael Lopez, con el seudónimo de Cornelio Hispano, quien publica en 1912, también en París, a través de “Paul Ollendorff, éditeur”, la primera impresión completa con el título de “Diario de Bucaramanga o Vida Pública y Privada del Libertador Simón Bolívar”, que tuvo una amplia difusión.
                 
Volviendo atrás en el tiempo, hay que mencionar que en 1824 llegó a Caracas Joseph Cernau (1763 – 1840/45), un controvertido Masón francés proveniente del Supremo Consejo de Nueva York, USA, repartiendo, a diestra y siniestra, altos Grados del REAA al nuevo liderazgo venezolano. De esta forma, otorgó setenta y siete Grados 33°, once Grados 32°, ocho Grados 30° y treinta y tres Grados variados, para un total de ciento veintinueve improvisados escocistas, de quienes se afirma que instalaron ese mismo año el primer Supremo Consejo del REAA de Venezuela.
              
La feria fue de tal dimensión que el Coronel Gerónimo Pompa Landaeta (prócer de la Guerra de Independencia) dejó testimonio escrito sobre su carrera Masónica exprés: en un año subió del Grado de Aprendiz al 33°.
                                             
El punto principal aquí es que en el Archivo General de la Nación de Venezuela, reposa una nota manuscrita por el General José Félix Blanco, Grado 33° (quien en 1864 renegó públicamente de la Masonería para tomar los hábitos sacerdotales católicos), en la cual aparece el nombre de Simón Bolívar como uno de los personajes destinatarios del Grado 33° que ofreció a manos llenas Cernau, de quien, dicho sea de paso, el Diccionario Enciclopédico de la Masonería afirma que usurpó las funciones del Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo de Nueva York, en consideración a que le habían sido conferidas solo para la isla de Cuba.  Pero eso es tema de otro escrito.
                         
El problema con esta colación del Grado 33°, es que para esas fechas Bolívar se encontraba en El Perú en plena campaña libertadora del sur, y no pudo haberlo recibido. Tampoco se conocen vestigios de una posible delegación para otorgárselo o de haberlo recibido de alguna manera, algún día, en alguna parte.
                                        
Por la misma razón se desecha como evidencia el “Mandil y Collarín de Bolívar”, correspondiente al Grado 32° del REAA, que se exhibe en la librería y museo “Canciller Robert R. Livingston”, de la Gran Logia de Nueva York (71 W 23rd Street, 14th Floor, New York, N.Y. 10010-4171, USA).
                                  
La hipótesis más aceptada, sugiere que estas decoraciones las hubiera usado Bolívar de haber estado en Caracas para recibir el Grado 32° en 1824. Cernau, ante la imposibilidad de imponerlas, las habría regresado a Nueva York, y no es difícil imaginar que, por la relevancia histórica del destinatario inicial, se convirtieran en objetos de interés y piezas de museo. Por eso, se conservan nuevas y sin estrenar. 
              
La prueba reina de la calidad de Masón del Libertador vendría en 1955 de la mano del escritor, periodista y político venezolano Ramón Diaz Sánchez, quien negoció en Paris con su amigo M. Sorlet, editor de la revista “Nouvelles Editions Latines”, el acta original de la Tenida de la Logia San Alejandro de Escocia, del Gran Oriente de Francia, en la que recibió el 11 de noviembre de1805, en París, el Grado de Compañero, a los 21 años de edad, firmada de su puño y letra, bajo la Gran Maestría de José Bonaparte, hermano mayor de Napoleón a quien los españoles apodarían años mas tarde "Pepe Botella".
                                           
El hallazgo fue publicado inicialmente en un artículo titulado “Si, Bolívar fue Masón” en Caracas, en la edición No. 1.609 de la revista “Elite”, correspondiente al 28 de julio de 1956, y fue reforzado posteriormente por la aparición de una lista de Maestros Masones, de diciembre de 1805 de la misma Logia, en la que aparece el nombre del Libertador, descubierta por la historiadora venezolana Miriam Blanco Fombona de Hood en la Biblioteca Nacional de París.
                                    
Y aunque no existe constancia de una vida Masónica más allá de los seis meses que vivió en París a los 21 años de edad, los análisis sistemáticos y grafológicos de los documentos franceses han sido concluyentes al confirmar, fuera de toda duda, la autoría personal de la rúbrica de Bolívar y la autenticidad de los documentos.
                                  
De donde resulta la conclusión inequívoca de que Bolívar si fue Masón.
            
JOSÉ ANTONIO PÁEZ
                 
A pesar de no mencionar la Masonería en sus “Memorias” autobiográficas, la prueba
Foto de José Antonio Páez
a mediados del siglo XIX
definitiva de su condición de Masón, la constituye un documento original archivado en la Biblioteca Nacional de Venezuela, que ha pasado todas las pruebas grafológicas, firmado personalmente por “El león de Apure”, en calidad de Venerable Maestro, mediante el cual solicita Carta Patente a una Logia estadounidense, con el siguiente tenor:

               
A L:. G:. D:. G:. A:.D:.U:.
Al Oriente de Valencia, 9 de Julio de 1823
A:.L:. 5823
             
A los Venezolanos Oficiales y demás Miembros de la Logia La Amigable N° 25, al Oriente de Baltimore.
                     
Señores y Hermanos.
                                                             
Nuestro muy querido hermano Juan C. King ha tenido la bondad de encargarse de remitir a ustedes nuestra solicitud a fin obtener una Patente para una nueva Logia que deseamos establecer en esta ciudad. Suplicamos se sirvan ustedes recomendar nuestra petición empleando toda su influencia para conseguirla.
                                                                 
Estamos seguros que por medio de ustedes las Logias de Cumaná y Barcelona han conseguido regularizarse obteniendo sus Patentes y esperamos que ustedes se servirán dispensarnos igual favor, asegurándoles que deseamos trabajar de una manera regular y conforme a los reglamentos e instrucciones de la Gran Logia de Maryland.
                                                        
Bajo este concepto aseguramos a ustedes nuestra gratitud y ofrecemos la respetuosa consideración con que somos sus obedientes seguidores y hermanos.
                                                             
(Fdo.) José Antonio Páez, V:. M:., (Fdo.)Pedro Guillén, Prim:. Vig:., (Fdo.) George Woodberry, Seg:. Vig:., (Fdo.) José de Lima, Or:. Fisc:., (Fdo.), J. Cistiaga, Secretario, (Fdo.), Pedro Celis, Maestro de Ceremonias, (Fdo.), Francisco Torres, (Fdo.), Juan Escalona, (Fdo.), Luis Flegel”
                                     
Por otra parte, el nombre de José Antonio Páez aparece en el listado del General José Félix Blanco, Grado 33°, como el de aquellos destinatarios del Grado 33° de Cernau en Venezuela, y, en su segundo periodo presidencial (1839 - 43), está documentado que “refundó” el Supremo Consejo de Venezuela el 10 de mayo de 1840 en calidad de Soberano Gran Comendador para el periodo 1840 – 42.
                                 
Visto lo anterior, queda fuera de toda duda razonable la calidad de Masón del General José Antonio Páez, con la aclaración de que solo existen evidencias fidedignas de que lo fue con posterioridad a las campañas libertadoras de la Nueva Granada y Venezuela, en donde se distinguió por su papel decisivo en las Batallas de Boyacá el 7 de agosto de 1819 y de Carabobo el 24 de junio de 1821.
                                                                  
No antes, ni durante las gestas.
                  
                  
                        



jueves, 27 de junio de 2019

¿FUE MASÓN EL GENERAL SANTANDER?

                                 
Por Iván Herrera Michel
               
A raíz de mi post anterior, desde Venezuela me preguntan si existen pruebas sobre la calidad de Masón del General Francisco de Paula Santander. Me limitaré a exponer lo que se dice, se sabe y consta en la polémica, y que cada quien juzgue y deduzca.
              
Aunque la discusión no es nueva, el debate sobre la calidad de Masón del General Santander es sensible en Colombia por el culto patriótico que existe en la literatura Masónica (incluso en las recopilaciones de Américo Carnicelli), acentuado por su reputación como precursor del Partido Liberal Colombiano, al que han pertenecido los Masones que han sido Presidentes de la República.
         
Una muestra al canto de esa devoción, la constituyen las Grandes Logias, Logias y cuerpos de Altos Grados, así como los colegios y fundaciones sociales auspiciadas por la Orden, nombrados en su honor.
            
Francisco de Paula Santander
Entrando en materia, lo primero que hay que dejar sentado es que no existe ningún dato ni directo, ni indirecto ni circunstancial que muestre que el "Hombre de las Leyes" tuvo alguna relación con una Logia Masónica antes o durante la Campaña Libertadora de la Nueva Granada.

                                   
La versión propagada afirma que Santander perteneció a una Logia bogotana fundada el 2 de mayo de 1820 denominada “Libertad de Colombia”, que al año siguiente varió su nombre al de “Fraternidad Bogotana”.
                      
Igualmente, encontramos una lista de los miembros de esa Logia, el texto de su Carta Patente expedida por la Gran Logia Provincial de Jamaica, el nombre del Comisionado que viajó por ella a Kinston y hasta los Grados escocistas de algunos de sus miembros que mostraban el 18° del REAA.
                      
Pero no hay forma de conocer el original de esa Carta Patente, ni se ha descubierto una anotación sobre su expedición en los archivos de Jamaica e Inglaterra, ni quedó rastros del viaje a Kinston a buscarla, ni se conoce cuándo, como o dónde se Iniciaron sus miembros en una Logia Masónica, ni constatar el origen de sus Altos Grados, o siquiera de cruzar estos datos con fuentes contemporáneas verificables, en Colombia o fuera del país.
                                 
Tampoco aportan fuentes comprobables los tres tomos de “Santander ante la historia: ensayo histórico-biográfico” del acreditado historiador Masón Julio Hoenigsberg, ni la monumental obra “Santander” de la historiadora Pilar Moreno de Ángel, que es la biografía más completa que se ha escrito sobre el prócer.  
                                                      
Por su lado, Américo Carnicelli afirma que Santander presidió la Logia “Fraternidad Bogotana”, que fundó “varias Logias en el Territorio de la Nueva Granada” y que el 21 de abril de 1824 recibió el Grado 33° del “Supremo Consejo del Grado 33° de la República de Colombia”, fundado ese mismo día en Caracas por Joseph Cernau, en momentos en que el “Hombre de las Leyes” se desempeñaba en Bogotá como Presidente de un Capítulo RC del Grado 18° que se llamaba “Los Amigos de Colombia”. (Carnicelli, Américo. Historia de la Masonería Colombiana 1833 – 1940. Tomo I. Págs. 77 – 81; y Carnicelli, Américo. La Masonería en la independencia de América (1810-1830): secretos de la historia).
                                          
El problema surge cuando tampoco se ha podido comprobar esta información, ni en Colombia ni en Venezuela, y lo de los Grados escocistas de los fundadores de la Logia “Libertad de Colombia” no resiste el más ligero análisis histórico.
                                                
Para el 2 de mayo de 1820 solo habían sido creados en el mundo 7 Supremos Consejos del REAA: el de la Jurisdicción Sur de USA (1801), el del Gran Oriente de Francia (1804), el Supremo Consejo de Italia, en Milán (1805), el Supremo Consejo del Grado 33 para España (1811), el Supremo Consejo de los Estados Unidos, fundado por Joseph Cernau en Nueva York, (1812), el Supremo Consejo de la Jurisdicción Norte de los EUA en Boston (1813) y el Supremo Consejo de Bélgica (1817). No hay vestigios ni en Colombia ni en el exterior de que alguno de esos Supremos Consejos haya otorgado Grados a Santander o a sus compañeros de fundación.
                                                     
El primer Supremo Consejo del REAA que hace presencia en Suramérica fue el de Cernau, en Caracas en 1824. Cuatro años después de fundada la Logia. Con la salvedad de que el nombre del General Santander no aparece en la lista del General José Félix Blanco, que reposa en el Archivo General de la Nación de Venezuela, en Caracas, con el de aquellos a quienes Joseph Cernau le habría otorgado el Grado 33° el 21 de abril de 1824.
                                          
Tampoco hubiera podido recibir Santander el Grado 33° en Caracas, porque en esa fecha se desempeñaba en Bogotá como Presidente Encargado de la República de la Nueva Granada por ausencia del Libertador Simón Bolívar, que andaba en el sur con su ejército concentrado en los afanes de la campaña final de la independencia de El Perú.
                                                 
Abundando en datos, hay que mencionar la anécdota que aporta el historiador colombiano José María Rivas Groot (1864 - 1923) acerca de que, en los días posteriores a la Batalla de Boyacá, el Brigadier español José María Barreiro imploró por su vida ante Santander enviándole su Pasaporte y Mandil Masónico, recibiendo como respuesta “la Patria por encima de la Masonería”. Barreiro fue fusilado junto con otros 38 prisioneros el 11 de octubre de 1819 por orden de Santander.
                                                 
Por otra parte, se toma como prueba de la calidad de Masón del General Santander una publicación aparecida en la edición No. 23 de la “Gaceta de Santafé de Bogotá” correspondiente al 2 de enero de 1820, con el siguiente texto: “Aviso al público: Una sociedad amante de la ilustración, protegida por el Sr. General Santander. ofrece al público dar lecciones para aprender a traducir y hablar idiomas francés e inglés, El Sr. Francisco Urquinaona y el Teniente Coronel Benjamín Henríquez., serán los preceptores los lunes y jueves de cada semana, de las 6 a las 8 de la noche darán lecciones en la casa que habita el Sr. Lastra. Los que deseen tener conocimiento en estos idiomas se pondrán de acuerdo con el Sr. Jose Paris, contador ordenador del Tribunal Mayor de Cuentas, en inteligencia de que a principios de este mes se abrirá la sala de secciones”.
                                         
Por otro lado, el Gran Oriente y Supremo Consejo Neogranadino, el día de su fundación en Cartagena de Indias, el 19 de junio de 1833, otorgó a Santander el título de “Gran Protector de la Orden Masónica en la Nueva Granada”, siendo SGC:. el militar tolimense José María Vesga y Santofimio (1800 – 1841), quien a la postre se desempeñaba como Gobernador Político de la Provincia de Cartagena desde que fue nombrado el 10 de junio de 1832 por el General Santander, durante su segunda Presidencia (1832 – 1837).
                                                  
En sana crítica, no se puede tomar como concluyentes de la membresía Masónica del General Santander el aviso periodístico de la Gaceta de Santafé de Bogotá, ni la distinción que le hace el Supremo Consejo Neogranadino. Para el primer caso, se exige una cierta dosis especulativa; y en el segundo evento, hay que reconocer que a veces este tipo de distinciones se otorgan por gentileza a personajes públicos para congraciarse con ellos o agradecer su amistad y protección.
                                     
Sobre la opinión personal que tendría Santander acerca de la Masonería, es pertinente apoyarse en lo que publicó el periódico “El Patriota”, del cual era editor, y que circuló bisemanalmente (miércoles y domingo, preferentemente) en Santafé de Bogotá, del 26 de enero al 24 de agosto de 1823.  
                                         
En una de sus 42 ediciones se lee al “Organizador de la victoria” afirmar que "el hombre es primero ciudadano que Masón, y como ciudadano tiene deberes muy estrictos y sagrados con la sociedad, y la autoridad temporal debe prohibir la sociedad de los Francmasones si ésta, en lugar del compromiso a que se obliga de favorecerse y dar ayuda a sus hermanos, puede impedir la observancia de las leyes".
                                               
Según el periódico “El Patriota”, los ataques a la Masonería procedían de grupos de “fanáticos” que poseen un “sentimiento de una falsa conciencia que encadena la relijion a los caprichos de la imajinacion y al desarreglo de las pasiones” (El Patriota, Nos. 31 y 35. 1823).
                                               
Para el entonces Presidente encargado del Poder Ejecutivo, los miembros de la Masonería eran portadores de “luces políticas”, reprochados por “jentes vulgares, las mujeres, y los hipócritas”, que consideraban que la Orden es “alguna cosa del otro mundo, una invención diabólica, y una escuela de vicios”. Y se burlaba de los críticos diciendo que para ellos un Masón es una persona que “se muda de limpio tres veces á la semana, y tiene modales finos…y que también lo son y de altos grados, los que se saludan dándose las manos, los que pasean engarsados del braso; los que reúnen a comer con buen humor”. (El Patriota, No. 29. 1823).
                                             

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Así las cosas, hay quienes concluyen de todo lo anterior que el General Francisco de Paula Santander indiscutiblemente fue Masón, y los que, por el contrario, sostienen que eso no se puede afirmar por que no está probado que lo fuera.
                                       
Que cada cual juzgue y deduzca. Incluso, por supuesto, mi corresponsal venezolano.
                         
                      
                          
                       

miércoles, 22 de mayo de 2019

¿DE VERDAD FUE MASÓN FRANCISCO DE MIRANDA?

               
Por Iván Herrera Michel                 

Sobre la calidad de Masón del “Precursor de la Emancipación Americana”, “El Primer Venezolano Universal”, “El Americano más Universal”, Dictador Plenipotenciario y Jefe Supremo de los Estados de Venezuela en 1812, Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez Espinosa (1750 - 1816), existe una discusión abierta.
                  
El Precursor Francisco de Miranda
De él se ha dicho que se Inició en la Masonería en Filadelfia, Londres, París, Cádiz, Gibraltar, Virginia… y hasta que fue el fundador de la Masonería venezolana y de la primera Gran Logia en su país en 1824 (seis años después de su muerte), pero lo único cierto es que nadie ha podido mostrar una sola fuente documental, testimonial o circunstancial, directa o indirecta, que pruebe su ingreso, visita o pertenencia a una Logia Masónica alguna vez en su vida.
                 
No obstante, pasando sobre lo anterior, el primero de enero de 1950, el Gran Maestro de la Gran Logia de los Estados Unidos de Venezuela (Antecedente común, antes del cisma de 1957, de las actuales Gran Logia de la República Bolivariana de Venezuela y de la Gran Logia de la República de Venezuela), José Tomás Uzcátegui, expidió, sin suerte alguna, un Decreto mediante el cual ordenó en su artículo 4° “recopilar y publicar los datos masónicos del Q H Francisco de Miranda”.
                     
Y de paso, en el artículo 1° declaró “el día 28 de marzo de cada año: Día Nacional Masónico”, en honor del nacimiento de Miranda esa misma fecha del año 1750.
                   
Al respecto, el historiador venezolano Eloy Reverón García, elaborando su Tesis de grado en 1990, en la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela, sobre la “Masonería en el Siglo XIX”, examinó los archivos conservados desde 1853, constatando que “la primera vez que apareció el nombre de Francisco de Miranda fue para archivar el decreto del Gran Maestro, que de paso declaraba la fecha del nacimiento de Miranda, a partir del bicentenario, Día Masónico Nacional”.
                      
Por su parte, Frederick Seal-Coon, miembro de la prestigiosa Logia de investigación Quatuor Coronati No. 2076, de la Gran Logia Unida de Inglaterra, escribió un artículo en 1995 titulado “La Mítica Masonería de Francisco de Miranda”, en el que pone en duda la membresía Masónica de Francisco de Miranda.
                     
Más aún, en 1926, el economista, escritor y político venezolano Alberto Adriani (1898 – 1936) y el historiador estadounidense, profesor de la Universidad de Illinois, William Spence Robertson (1872-1955), descubrieron en la ciudad inglesa de Cirencester, a 150 Km. al oeste de Londres, el archivo personal de Miranda (conocido como Colombeia) que consta de 63 cuerpos divididos en tres acápites (Viajes, Revolución Francesa y Negociaciones). Venezuela lo adquirió siendo Ministro de Relaciones Exteriores el historiador Caracciolo Parra Pérez (1888 – 1964), hoy se encuentra en el Archivo General de la Nación de Venezuela, en Caracas, y en 2007 la UNESCO lo integró al proyecto “Memoria del Mundo”.
                         
Colombeia. Archivo de Miranda
Los investigadores tampoco han podido encontrar en ninguno de los 63 tomos de este abundante archivo autobiográfico, redactado en castellano, francés e inglés, un solo vestigio del paso de Miranda por la Masonería. Y es notaria la ausencia, ya que el grado de detalles del Precursor es de tal meticulosidad que hasta aparecen reseñadas las cortesanas con las que durmió y los libros que compraba en cada país que visitaba.
                                    
COLOFÓN
                   
Más allá de sesgos, quereres y mitos, las pesquisas adelantadas hasta la fecha no han arrojado resultados positivos sobre la membresía Masónica del General Francisco de Miranda. Ni siquiera indicios circunstanciales. Y, a contrario sensu, algunos historiadores han llegado a la conclusión de que su condición de Masón es un mito creado a mediados del siglo XX para minimizar la fama de Bolívar.
                
De hecho, durante el siglo XIX no se exaltó a Bolívar ni a Miranda como Masones en la literatura, los discursos y los relatos internos de la Orden. Es a partir de la primera mitad del siglo XX en que aparece con fuerza lo que Reverón García llama una “asombrosa mezcla de transposición histórica, devoción Masónica y agilidad imaginativa, de la que surge la virtuosa trinidad de un culto a la patria semejante a una religión civil, o un civismo con caracteres religiosos…”. (El Fantasma de Bolívar en la Masonería Venezolana.  Caracas, Venezuela, Publicaciones Monfort S.A., 2001).
                 
A pesar de ello, lo anterior no es pretexto para que en un quisquilloso positivismo se niegue de tajo la posibilidad de que Miranda haya sido Masón. Al fin y al cabo, como dijo Carl Sagan, “la ausencia de pruebas no es prueba de ausencia”.
                      
Sobre todo, porque la tradición oral (que ha existido en el caso de Miranda, por lo menos en el siglo XX), aunque versátil, maleable, tergiversadora y subjetiva, también es un insumo para la gestión historiográfica.
                     
Aunque también pudo suceder que la pertinaz propaganda antimasónica española, que, desde la segunda mitad del siglo XIX culpa a la Masonería por la pérdida de las colonias, al cruzar el océano haya generado, sin mayor estudio, un orgulloso discurso elaborado desde las orillas acríticas de lo que se desea escuchar y propagar, sobre un glorioso olimpo patriótico libertario, que nunca existió.
                  
                   
Casos se han visto…
                                                         
                                                                                                        
                                    

martes, 7 de mayo de 2019

LES MAÇONS DU BICENTENAIRE EN COLOMBIE


Traduction fraternelle de Serge Llorca
Miremont, Midi-Pyrenees, France
                    

Le bicentenaire de la bataille de Boyacá du 7 août 1819 est célébré en Colombie, elle a scellé la campagne de libération de la vice-royauté de Nueva Granada, lancée par Simón Bolívar le 20 mai de la même année.
              
Dans ce contexte, un Maçon de l’ouest de mon pays m’invite à dédier un "post" au rôle joué par les Francs-maçons dans l’indépendance de la Colombie, car il a lu de nombreux ouvrages qui leur confèrent une grande importance, en plus du fait qu’ils célèbrent ces journées. la 32ème Foire internationale du livre de Bogotá (Filbo) (du 24 avril au 6 mai 19) dans laquelle la Colombie est le pays invité avec le slogan "Colombie 200 Años".      
                  
Dans l'espace Franc-maçonnique, Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander et Antonio Nariño sont les Maçons les plus emblématiques de la lutte émancipatrice colombienne. Certains auteurs, sans fondement fiable, tirent leur lutte de la "Grande Réunion Américaine", fondée par le général Francisco de Miranda à Londres en 1798 et les célèbres "Loges Lautarinas".
                   
Mais la vérité est que ni la "Grande réunion américaine" n’était une association maçonnique, ni la qualité de maçon de son précurseur Francisco de Miranda n’est prouvée. De même, des sources vérifiables connues indiquent que les "Loges Lautarinas", espagnols, chiliens et argentins, n'étaient pas des loges maçonniques mais des sociétés indépendantistes secrètes inspirées par la Franc-maçonnerie, ce qui est très différent.
                                           
Lors de la bataille de Boyacá, 2 200 fantassins et 600 cavaliers de l'armée de l'indépendance, commandés par les généraux Simón Bolívar et Francisco de Paula Santander, ont combattu 1 800 fantassins et 400 cavaliers réalistes, commandés par le brigadier José María Barreiro, qui était sous les ordres du Le général Pablo Morillo, chef suprême de l'expédition chargé de pacifier les colonies espagnoles en Amérique depuis la fin de 1814.
                                    

Ce qui précède signifie que les quatre principaux commandants étaient des maçons éprouvés.
                      
Dans l'histoire, chacun déplore ou célèbre le sien. En Espagne, les ennemis de la maçonnerie l'attaquent avec amertume en affirmant qu'elle a orchestré l'indépendance des colonies américaines, et dans les Loges du Nouveau Monde, ils portent des toasts patriotiques enflammés depuis plus de 200 ans avec fierté.
                          
Et dans les deux cas, l’affirmation a ses défauts, car elle ne peut être formulée de manière catégorique sans oublier le fait que la Franc-maçonnerie et/ou des Francs-maçons appartenant à des héros américains indépendants ont soutenu l’empire espagnol ou les patriotes américains.
                          
En fait, il y avait des Maçons très actifs des deux côtés du conflit, et aussi des Maçons qui ont appliqué la peine de mort à d'autres Maçons des deux côtés de la confrontation dans le respect scrupuleux des lois de la guerre.
            
Pour le prouver, nous pouvons penser à Pablo Morillo de Cartagena des Indes le 24 février 1816, en passant par les armes pour suspendre et confisquer les biens des Maçons de la Loge "Les Trois Vertus Théologiques" aux alentours de la Cienaga de la Matuna. (Aujourd'hui Camellón de los Mártires en Colombie), de les enterrer ensuite dans une fosse commune au cimetière de Manga.
                             
Et Francisco de Paula Santander fusillant José María Barreiro à Santafé de Bogotá le 11 octobre 1819 du côté nord de la Plaza Mayor (l'actuelle Plaza de Bolívar), bien qu'il l'ait imploré la grâce en lui envoyant son tablier de Maçon, et de l'enterrer ultérieurement dans une fosse commune de l'ancien campo de Santa Fe (près de l'actuelle Estación de la Sabana).
                    
Ou le dernier Vice-roi du Pérou, le militaire et Maçon José de la Serna et Martinez de Hinojosa, comte des Andes, confrontés par les armes au général argentin Maçon José de San Martín.
                  
Les cas ne manquent pas. Et il est clair qu’ils le sont parce que tous ces Maçons observent une éthique militaire et civile légitimée par les intérêts des personnes qu’ils ont servies.
                      
C’est ainsi seulement que nous pourrons comprendre l’accomplissement commun du devoir de ces Maçons qui offrent leur vie à des causes rivales qu’ils jugent justes, respectant les engagements d’honneur qu’ils ont volontairement acquis.