martes, 29 de octubre de 2019

EL MASÓN MAS DESTACADO EN LA INDEPENDENCIA LATINOAMERICANA

 Por Iván Herrera Michel
                   
Me preguntan cuál fue el Masón más destacado durante el colapso español que dio paso a las nuevas entidades políticas surgidas en Suramérica a principios del siglo XIX, y la respuesta, sin lugar a dudas, es que fue uno de los dos reyes de España contra los que se luchó: José Bonaparte.
                   
Los estudiosos sobre la Orden suelen no mencionarlo cuando relatan "qué fue lo que sucedió en la historia", como decía Gordon Childe, lo que se explica por qué la mayoría escribió desde la militancia y la institucionalidad. También es factible que la narrativa sobre un complot Masónico independentista, tan afincada en la leyenda rosa regional desde mediados del siglo XX (hija directa de la negra que afirmaba lo mismo en la península desde el siglo XIX), haya sepultado la información, gracias a que el relato privilegió el formar parte del mito fundacional de las repúblicas suramericanas.
                        
No obstante, revisando activismos, cargos ocupados, servicios prestados y compromiso activo con la Masonería, en ambas orillas del océano, sobresalió el monarca español.
                       
Me explico:
                       
Rey José I de España
Cuando Joseph-Napoleón Bonaparte fue proclamado Rey de España como José I, el 6 de julio de 1808, desde hacía tres años era el Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, y lo siguió siendo de manera ininterrumpida hasta 1813. En su palmarés en la Orden constaba que ya había sido Gran Maestro del Gran Oriente de Italia de 1806 a 1808. Y posteriormente, lo fue de la Gran Logia Nacional para todas las Españas de 1809 a 1813. Tenía 40 años de edad, y se había Iniciado a los 25 en Marsella, Francia, en la Logia “La Parfaite Sincérité” el 8 de octubre de 1793. 
                     
Sus enemigos (que en gran medida eran los mismos de la Masonería) le agraviaron con el mote de “Pepe Botella”, a pesar de que no era un bebedor habitual, y con el apodo de “El Rey Plazuelas” por qué en Madrid construyó plazas públicas en donde antes había conventos e iglesias. Entre ellas, la de la Plaza de Oriente. Igualmente, vendió cuantiosos inmuebles religiosos para sanear la hacienda real, impulsó un sistema educativo inspirado en Rousseau, fomentó la cultura e impulsó las artes.
                    
Su reinado español ilustrado se prolongó hasta el 11 de diciembre de 1813, y al posesionarse había sido Rey de Nápoles y ostentaba las distinciones de Soberano Gran Maestre de la Insigne Orden del Toisón de Oro (Reino de España, 6 de junio 1808); Soberano Gran Maestre (y fundador) de la Real Orden de España (Reino de España, 20 de octubre 1808); Soberano Gran Maestre de la Real Orden de las Dos Sicilias (Reino de Nápoles, 24 de febrero 1808); Caballero Gran Dignatario de la Orden de la Corona de Hierro (Primer Imperio Francés); Caballero Gran Águila de la Orden de la Legión de Honor (Primer Imperio Francés), y había sido Laureado en Jurisprudencia por la Universidad de Pisa.
                        
La Masonería había sido introducida en España por el Duque Felipe de Wharton (1698-1731), que en 1722 fue uno de los primeros Grandes Maestros de la Gran Logia de Londres y Weminster. En el número 17 de la madrileña calle de San Bernardo fundó, el 15 de febrero de 1728, la primera Logia inglesa ubicada más allá del Canal de la Mancha, en el Hotel “Las Tres Flores de Lys”. Gracias a ello, la Logia se conocería con este nombre y sería registrada bajo el número 50 de esa Obediencia. También pasaría a la historia como “La Matritense”.
                           
Cuando llegó al trono español José I encontró que la Masonería no caminaba en el imperio sobre un lecho de rosas. Una muestra al canto lo constituye el Real Decreto expedido en Aranjuez, el 2 de julio de 1751, por el Rey Fernando VI, bisabuelo de Fernando VII, llamado “el Prudente” y “el Justo”, prohibiendo la Masonería en los siguientes términos:  
                       
“Hallándome informado de que la invención de los que se llaman Franc-Masones es sospechosa a la Religión y al Estado, y que como tal está prohibida por la Santa Sede debaxo de Excomunión, y también por las leyes de estos Reynos, que impiden las Congregaciones de muchedumbre, no constando sus fines, e institutos a su Soberano: He resuelto atajar tan graves inconvenientes con toda mi autoridad; y en su consecuencia prohíbo en todos mis Reynos las Congregaciones de los Franc-Masones, debaxo de la pena de mi Real Indignación, y de las demás que tuviese por conveniente imponer a los que incurrieren en esta culpa: Y mando al Consejo que haga publicar esta prohibición por Edicto en estos mis Reynos, encargando en su observancia, al zelo de los Intendentes, Corregidores y Justicias, asseguren a los contraventores, dándoseme cuenta de los que fueren por medio del mismo Consejo, para que sufran las penas que merezca el escarmiento: En inteligencia de que he prevenido a los Capitanes Generales, a los Gobernadores de Plazas, Gefes Militares e Intendentes de mis Exércitos, y Armada Naval, hagan notoria, y zelen la citada prohibición, imponiendo a cualquiera Oficial, o Individuo de su jurisdicción, mezclado o que se mezclare en esta Congregación, la pena de privarle y arrojarle de su empleo con ignominia. Tendráse entendido en el Consejo, y dispondrá su cumplimiento en la parte que le toca”.
                     
Con José I la Masonería renació en España levantando las Columnas de las Logias madrileñas “San José”, “Beneficencia de Josefina”, “Santa Julia”, “San Juan de Escocia de la Estrella de Napoleón”, “Los Filadelfos” y “La Edad de Oro”, a las que siguieron otras más hasta llegar a contabilizar 34 Talleres. De ellas salieron quienes que fundaron, en octubre de 1809, la “Gran Logia Nacional para todas las Españas”, en un inmueble madrileño de la calle de las Tres Cruces, que había servido como sede de la Inquisición española, hasta que la abolió el 4 de diciembre de 1808. Igualmente, bajo su amparo y con su apoyo el 4 de julio de 1811 el Conde de Grasse-Tilly constituyó el Supremo Consejo del Grado 33 para España y sus dependencias.
                     
No hay nadie en el periodo de la independencia latinoamericana, en ambos lados del océano, que pueda mostrar un Curriculum Masónico parecido y un apoyo tan público y decisivo al progreso de la Orden.
                      
Y aunque gran parte de la literatura Masónica se ufana de que la Orden estuvo en todo el reino detrás de las Juntas “de Gobierno”, “Supremas”, “Revolucionarias” y “Provinciales”, además de los “Gritos de Independencias” (en solo Hispanoamérica fueron más de medio centenar), la verdad es que se proclamaron precisamente contra él.
                     
Exiliado y residenciado en los Estados Unidos de América desde 1813 hasta 1841, José I protegió a través de la Masonería a los inmigrantes bonapartistas, y a su regreso a Europa, en 1841, se domicilió en Florencia, Italia, en donde pasó al Oriente Eterno el 28 de julio de 1848 a los 76 años de edad.
                   
Sus restos fueron trasladados a París, en donde reposan en el Palacio Nacional de los Inválidos, al lado de los de sus hermanos Napoleón y Jerónimo Bonaparte, y su sobrino Napoleón II.
                         
                
                
                  
  

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