Por: Iván Herrera Michel
Yo creía, en mi inocencia, que el águila bicéfala era un símbolo histórico del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Una de esas criaturas que han volado durante siglos de templo en templo y de Supremo Consejo en Supremo Consejo, sin que nunca nadie le exigiera una patente, un paz y salvo o una foto ampliada de sus dos cabezas. Pero en la Masonería uno nunca termina de sorprenderse.
Según he sabido, un Supremo Consejo del REAA boliviano demandó a otro del mismo pais, ante el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual, por el uso sin permiso del Águila Bicéfala. Es decir, que el ave, después de atravesar majestuosa imperios, revoluciones, constituciones y 33 Grados, terminó dependiendo del escritorio de un funcionario público.
No pretendo anticipar lo que resuelvan las autoridades bolivianas ni pronunciarme sobre el fondo jurídico. Pero confieso que el proceso me resulta irresistible. Al parecer, en Bolivia mientras una cabeza del águila mira hacia el Oriente, la otra está atenta al vencimiento de los términos legales. Una recuerda el antiguo "Deus meumque ius" y la otra está a la expectativa del "Patenta meumque ius".
Así las cosas, a estas alturas habría que citar a la oficina de patentes al Caballero de Ramsay para preguntarle si a sus célebres discursos de 1736 y 1737 anexó los certificados de propiedad de los símbolos que utilizaría el REAA desde 1801. Me preocupa, porque seguramente estaba tan ocupado buscando templarios y cruzados entre los antepasados de la Masonería que se le olvidó pedir la factura del águila.
Después comparecería Albert Pike. La audiencia tendría que suspenderse mientras los funcionarios revisan sus imnumerables escritos tratando de encontrar un documento en el que conste que el pájaro fue comprado o adquirido por prescripción.
También habría que reabrir el Convento de Lausana de 1875, porque aquellos señores que se reunieron para ordenar el REAA, no tuvieron la previsión de dedicar una sesión a repartir el inventario: el águila para un Supremo Consejo, la escuadra para otro, el compás para un tercero y el Ordo ab Chao para quien llegó primero.
El tema será serio si la pretensión legal prospera. Todo lo privatizarán, comenzando por la vieja consigna de "Ordo ab Chao" que se convertirá en “Ordo ab Patente”. Y no resultaría extraño ver a quienes estén interesados en patentar el Silencio del Aprendiz, averiguando quién fue el primero que se quedó callado en La Oca y la Parrilla.
Intentarán patentar la Palabra Perdida, y el ojo que todo lo ve junto con todo lo que ve. La Luz del Oriente y el Oriente Eterno serán concesionados. La Cadena de Unión necesitará licencia de funcionamiento. Cada Batería pagará derechos de reproducción. La Marcha del Grado tendrá peaje y la Piedra Bruta no podrá ser desbastada sin autorización por escrito. Y hasta al Gran Arquitecto del Universo le pedirán que aclare bajo qué razón social registró la Bóveda Celeste, y el Mediodía y la Medianoche en Logia. Si es que los registró.
El episodio boliviano confirma una vez mas la enorme vitalidad que posee el "Rito del Ego Antiguo y Aceptado", que preside un "Supremo Consejo de Soberanos Grandes Inspectores Dueños de Todo", que es Antiguo porque nadie sabe cuándo comenzó, y es Aceptado porque se practica con entusiasmo en muchos países. Es un rito discreto (pero no secreto, porque todos saben que existe) en el que en sus primeros Grados se confunde el cargo con la persona, en los intermedios la institución con sus dirigentes, y en el superior se alcanza la iluminación que concede la convicción de que la Orden estaba esperando que llegara el iluminado.
Yo, por mi parte, sigo creyendo ingenuamente que el Águila Bicéfala pertenece al patrimonio universal del REAA y que puede volar libremente de un Supremo Consejo a otro.
Aunque, después de este episodio, ya no estoy tan seguro.

Excelente!!!
ResponderEliminarEl Águila Bicéfala es un patrimonio universal y ninguna entidad pública o privada y mucho menos a título personal , arrogarse ser los creadores de este emblema que viene desde las noches y de tiempos historicos pasados , a querer de manera supina considerarlos de su propiedad.
Eliminar"NO somos propietarios de los símbolos; somos custodios temporales de aquello que representan"
ResponderEliminarConsidero que detrás de la ironía del texto existe una cuestión ética mucho más profunda: la diferencia entre **custodiar un símbolo y pretender poseerlo**.
ResponderEliminarLos símbolos iniciáticos adquieren su fuerza precisamente porque trascienden a quienes temporalmente los utilizan. El Águila Bicéfala, como tantos otros emblemas vinculados al Rito Escocés Antiguo y Aceptado, no encuentra su verdadero valor en la posibilidad de reclamar su propiedad, sino en la memoria, las enseñanzas y los principios que generaciones enteras han depositado en él. Somos, en todo caso, depositarios temporales de una herencia simbólica que existía antes de nosotros y que deberá continuar después de nosotros.
Por ello, intentar apropiarse de un símbolo común por ambición, protagonismo, poder institucional o deseo de exclusividad plantea una contradicción ética importante. **Aquello que debería unir termina convirtiéndose en instrumento de división; aquello que debería recordarnos la trascendencia termina subordinándose al ego.**
El respeto a los símbolos no consiste únicamente en conservar sus formas externas, sino en ser coherentes con aquello que representan. Poco sentido tendría defender jurídicamente un águila mientras se olvidan los valores que sus alas pretenden elevar. La verdadera profanación de un símbolo quizá no sea que otro lo utilice, sino **vaciarlo de significado mediante conductas contrarias a los principios que representa**.
Existe además una diferencia fundamental entre **autoridad y apropiación**. Una institución puede legítimamente proteger su nombre, sus documentos, sus distintivos particulares y aquello que permita identificarla; pero otra cosa muy distinta es pretender convertir una herencia histórica y simbólica compartida en patrimonio exclusivo. La tradición no debería confundirse con propiedad, porque nadie puede declararse dueño absoluto de aquello que recibió de quienes le precedieron.
Desde esta perspectiva, la reflexión del autor sobre el “Rito del Ego Antiguo y Aceptado” resulta especialmente incisiva. La iniciación debería conducir progresivamente a la disminución del ego y no a su engrandecimiento. Cuando el cargo se confunde con la persona, cuando la autoridad se transforma en privilegio y cuando el símbolo se convierte en objeto de posesión, existe el riesgo de olvidar que **el iniciado está al servicio de la tradición y no la tradición al servicio del iniciado**.
Por ello, considero indispensable recuperar una ética del respeto fraternal. Podemos pertenecer a distintas obediencias, jurisdicciones, Supremos Consejos o corrientes de pensamiento y, aun así, reconocer que existen símbolos cuyo significado nos antecede y nos supera. Las diferencias administrativas no deberían destruir la fraternidad ni convertir los emblemas iniciáticos en territorios sobre los cuales levantar fronteras.
La ambición pregunta: **“¿Cómo puedo hacer mío este símbolo?”**
La ética iniciática debería preguntarnos: **“¿Cómo puedo hacerme digno de aquello que este símbolo representa?”**
Quizá allí radique la enseñanza más profunda del episodio. El Águila Bicéfala contempla simultáneamente dos horizontes; pero ninguna de sus cabezas debería mirar únicamente hacia el interés propio. Si verdaderamente representa sabiduría, equilibrio y trascendencia, entonces su vuelo debería recordarnos que los símbolos iniciáticos no fueron heredados para encerrarlos, sino para comprenderlos, respetarlos, transmitirlos y permitir que continúen hablando a quienes vendrán después de nosotros.
Porque **los hombres pasan, los cargos terminan y las instituciones se transforman; pero los símbolos permanecen mientras exista una comunidad capaz de comprenderlos y una conducta ética digna de representarlos.**
QH. La unión internacional,en este caso puede hacer una defensa al respecto.No se puede dejar a un país tal atrevimiento.Si hacemos una defensa mundial, eso puede ayudar. Parece un acto ilógico, lo que se pretende en Ecuador,pero así, alguien puede hacerlo con otros símbolos: apropiarse el símbolo de la paloma de la Paz, o como se apropiaron de la flor de Noche Buena. Éste caso es delicado.Saludos.
ResponderEliminarHH.·. ¿se apropiaron del compás y la escuadra en Argentina?. Saludos.
ResponderEliminarEstimado Iván:
ResponderEliminarTu aguda e inteligente pluma en «Quieren privatizar el águila bicéfala» describe con dolorosa exactitud lo que hoy ha dejado de ser una simple sátira para convertirse en una vergonzosa realidad procesal en el Oriente de Bolivia. Aquel «Rito del Ego» que caricaturizas con maestría ha tomado cuerpo fáctico a través de la demanda de infracción marcaria interpuesta ante el SENAPI (Servicio Nacional de Propiedad Intelectual) por el Supremo Consejo de La Paz contra el Supremo Consejo de Santa Cruz, pretendiendo monopolizar el uso de nuestra águila bicéfala y el sagrado lema Ordo Ab Chao bajo las reglas del comercio profano.
Para apoyar el tenor de tu valiosa reflexión y dar visibilidad a la problemática boliviana, me permito sumar el respaldo de dos ensayos críticos que trabajé en su momento: «El Decorado de la Ley» (2025) y «La Marca y la Huella» (2026).
En primer lugar, tal como brillantemente complementa la M.·.P.·.S.·.G.·.C.·. Laura Hernández en tu sección de comentarios, intentar apropiarse de un símbolo común por ambición, protagonismo o exclusividad territorial es una contradicción ética insalvable. En «El Decorado de la Ley» demostré cómo el discurso del demandante se aferra a un rígido «falogocentrismo» y a la ilusión de un «origen puro» para justificar una jerarquía violenta. Lo que tipificamos como la «Gran Paradoja» es que, mientras condenan la supuesta «invasión de lo profano», estas cúpulas burocráticas dependen y recurren a las peores tácticas de la política profana y coercitiva para intentar silenciar e invalidar la libre asociación de sus propios hermanos.
En segundo lugar, en «La Marca y la Huella» analicé a fondo la demanda del SENAPI, desnudando una evidente «esquizofrenia procesal». Resulta lógicamente insostenible que una obediencia reclame ser una autoridad mística, iniciática y sin fines de lucro, pero al mismo tiempo arrastre sus símbolos tradicionales ante una oficina estatal de patentes, registrándolos bajo la «Clase 41» (que regula comercialmente servicios tan profanos como el adiestramiento de animales y espectáculos de entretenimiento) aduciendo un supuesto «riesgo de confusión en el público consumidor».
Al someter esta demanda al cuadro semiótico de las modalidades veridictorias de Greimas, confirmé tu advertencia de que la consigna mutará a «Ordo Ab Patente». Tradicionalmente, la legitimidad de la Orden reside en la dimensión del «Secreto» (Ser + No Parecer). Al mercantilizar su mística buscando proteger un «Parecer» comercial en el mercado profano, el demandante sufre un vaciamiento ontológico que lo desliza trágicamente hacia el polo de la «Falsedad» (No Ser + No Parecer). La masonería deja de existir allí como orden espiritual para quedar degradada a una vulgar disputa burocrática por marcas de servicios.
Esta insólita demanda ha operado como un verdadero «phármakon» letal: un falso remedio legal que termina siendo el veneno que destruye la autoridad mística e iniciática de quien la promueve.
Gracias, Iván, por abrir este debate necesario. Desde Bolivia sumamos estas herramientas del pensamiento crítico para demostrar que el águila bicéfala es un patrimonio universal que no puede ser enjaulado en un registro marcario profano. La regularidad no se certifica con un papel mercantil del Estado; se demuestra en la conducta ética, la tolerancia y el respeto mutuo entre hermanos libres.
Fraternalmente,
Pedro Barrientos
(a nombre de los que no tenemos un «Linaje Cósmico»)