jueves, 24 de septiembre de 2026

UN DISCURSO DE 1736 PARA PENSAR EL SIGLO XXI

Reseña de mi Ponencia en el 9º Coloquio de la Federación Americana de Supremos Consejos del REAA (FASCREAA) celebrado en el Or:. de Curitiba, Brasil, el 20 de septiembre de 2026

Por Iván Herrera Michel

          
Hace apenas unas semanas vimos a decenas de miles de personas intentar entrar a Ceuta. Hubo muertos, familias separadas, personas devueltas y miles que quedaron en una situación incierta. La crisis volvió a preguntar qué hacer con el ser humano necesitado que llega a nuestras puertas. En Estados Unidos se han intensificado las detenciones y deportaciones de inmigrantes y se están enviando a terceros países con los que no tienen relación alguna. Y en Colombia el presidente acaba de ordenar la expulsión de cerca de un millón de venezolanos.
                  
Pensando en esto, volví a los discursos de Andrew Michael Ramsay y en lo que en ellos puede servirnos de inspiración en el siglo XXI. Estamos en el París de 1736, en donde acaba de aparecer una Masonería todavía pequeña, novedosa y lo suficientemente extraña como para comenzar a generar curiosidad y desconfianza. Allí encontramos a Andrew Michael Ramsay. No era un revolucionario ni tiene sentido convertirlo ahora en uno. Él era un hombre de su tiempo, subordinado a las jerarquías católicas. De hecho, el segundo de sus famosos discurso no lo leyó porque le pidió permiso a un cardenal y se lo negaron.
                 
En este año en que se cumplen 290 años del primer discurso de 1736, sí me parece una buena oportunidad para volver a releerlo. No tanto para conmemorar un documento antiguo como para preguntarnos cuánto de aquella República universal imaginada por Ramsay sigue siendo, casi tres siglos después, una inspiración para quienes practican el REAA. En un mundo en el que expulsamos de nuestro lado al necesitado, Ramsay habla de cruzar fronteras.
                    
Se ha escrito muchísimo sobre la conocida historia de los cruzados en sus discursos y, francamente, creo que los cruzados son hoy la parte menos interesante de sus discursos. Más que este mito, lo que me llama la atención es otra cosa.
                   
Y aquí creo que conviene apartarse de una lectura que se ha vuelto casi rutinaria. Se equivocan, a mi juicio, quienes buscan el núcleo de los discursos de Ramsay en la historia, la religión o el esoterismo. Para mí el núcleo duro de los discursos es, en buena medida, geopolítico. Ramsay está pensando cómo pueden relacionarse seres humanos pertenecientes a naciones distintas en una Europa dividida por fronteras, rivalidades dinásticas, guerras y diferencias religiosas. Su pregunta de fondo no es solamente de dónde vienen los Masones. Es mucho más interesante. Ofrece una fraternidad que cree vínculos entre personas que los Estados, las religiones y las circunstancias políticas mantienen separadas. Por eso habla de naciones. Por eso habla de fronteras. Por eso advierte contra un amor a la patria que termine disminuyendo el amor a la humanidad. Y por eso llega a esa imagen extraordinaria del mundo como una gran República, de las naciones como familias y de los seres humanos como sus hijos.
              
Y es difícil leer hoy esas palabras sin regresar a Ceuta, a los Estados Unidos y a Colombia. No porque Ramsay nos ofrezca una política migratoria para el siglo XXI. Sería absurdo buscarla en un texto de 1736. Lo que ofrece es una interpelación anterior a cualquier política migratoria sobre hasta dónde llega nuestra idea y nuestros límites humanitarios cuando quien está delante de nosotros tiene hambre.
                   
A veces hablamos de fraternidad universal, pero los prejuicios del mundo exterior entran con nosotros. La exaltación de la nacionalidad, la desconfianza hacia el extranjero, la validación de sociedades jerarquizadas y la pretensión de catequizar con nuestras creencias también existe.entre los Masones.
               
Quienes nos consideramos liberales, adogmáticos o progresistas tampoco tenemos certificado de inmunidad contra el dogmatismo. Defendemos la libertad absoluta de conciencia mientras miramos con superioridad a quien tiene una fe religiosa. Hemos pasado de interpretar el símbolo del Gran Arquitecto del Universo a la prohibición de mencionarlo. Hablamos de diversidad y terminamos rodeados únicamente de personas que piensan como nosotros. Reivindicamos el pensamiento crítico mientras convertimos nuestras propias convicciones en asuntos sobre los que no admitimos discusión.
                 
Todo eso es contrario al espíritu de tolerancia cosmopolita de Ramsay.
            
Porque si después de 290 años, los Masones seguimos inspirándonos en la construcción de una república universal sin fronteras, significa que Ramsay nos sigue inspirando a través de la práctica del REAA.
        
Muchas gracias.