martes, 10 de octubre de 2023

EL PENSAMIENTO MASÓNICO LATINOAMERICANO

                
Por Iván Herrera Michel 
                    
Se cumple entre abril y junio de 2024 el bicentenario de la fundación e instalación en Caracas de la Gran Logia de Colombia bajo la Gran Maestría de Diego Bautista Urbaneja con jurisdicción en territorios que hoy pertenecen a las actuales repúblicas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú, Brasil y Guayana (en disputa con Venezuela), la que, a pesar de su fugaz existencia de solo cuatro años hasta 1828, cuando desapareció para siempre por mandato del General Simón Bolívar, pasó a la historia como la primera Gran Logia de Latinoamérica. 
                
Lo primero que hay que dejar sentado es que, contrariamente a los clichés en boga desde mediados del siglo XX, la Masonería latinoamericana es un fenómeno post independentista que no participó en las gestas emancipadoras de principios del S. XIX con un pensamiento o una acción que cooperara con la creación de nuevas naciones a partir del colapso del imperio español. 
         
Y aunque estas surgen bajo el liderazgo militar independentistas, lo que podríamos llamar un pensamiento Masónico comienza en la región de la mano de la sociedad civil en el mundo de las ideas republicanas y va evolucionando en el camino de ser interlocutor o contestatario del estado a lo largo de los 1800s. 
                
 Los Masones decimonónicos eran miembros de la pequeña, mediana y alta burguesía que fueron alejándose del liberalismo español y el militarismo independentista en dirección al humanismo francés y el librecambismo inglés. Y bajo el alero de un discurso utópico se reunían para debatir propuestas de una educación laica para todas las capas sociales, sufragio universal, reducción del estado, articulación de los trabajadores y artesanos, creación de colegios y universidades gratuitas, traspaso de poder de la Iglesia al Estado y fundación de partidos con un eje programático liberal. Para la divulgación de este ideario resulta notoria la proliferación de redes intelectuales, manifiestos, periódicos y revistas creadas por Masones. 
                            
Por su lado, las actas y escritos que han sobrevivido de las Tenidas de la postrimería del S. XIX y la alborada del XX muestran que principalmente se ocupaban de temas tales como la libertad de cultos, las constituciones liberales, el matrimonio civil, la secularización de hospitales y cementerios, la nacionalización de los bienes de la Iglesia y la soberanía nacional. 
                       
Si buscáramos referentes para ejemplarizar el pensamiento Masónico en uso podríamos mencionar a Benito Juárez en México, José Martí en Cuba y el arielismo en Uruguay, Perú, Chile, Argentina y Ecuador con un “sermón laico” que privilegiaba la herencia de la cultura grecolatina frente al materialismo anglosajón. El “Manifiesto Liminar” sobre una reforma universitaria propuesta en 1918 por los estudiantes de la Universidad de Córdoba, Argentina, vendría a ser adoptado por la Masonería en su tarea fundadora de instituciones de educación superior que democratizaran sus órganos de gobierno incorporando a los estudiantes, en armonía con su ideología liberal hasta que, entre 1947 y 1958, la recién creada Confederación Masónica Interamericana (CMI) impuso el sometimiento de la región al supremacismo anglosajón y el alejamiento del debate político. 
                  
En consecuencia, cuando a mediados de la centuria la multilateralidad masónica abandona sus banderas y se entrega sistemáticamente a los dictados de la Gran Logia Unida de Inglaterra, las Grandes Logias estaduales de blancos de los Estados Unidos de América y el Supremo Consejo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para la Jurisdicción Sur de USA, la prohibición que se le impuso de no hablar de política ni de religión, para evitar cuestionar políticas de estado y eclesiales, produjo un vacío en los trabajos que invadió una miscelánea de bonhomía, filantropía y sincretismos cuasi religiosos que volvió irrelevante la voz de la Masonería en la vida de los pueblos de la región. 
                          
Simultáneamente, a partir de la cuarta década del S. XX, las Logias comienzan a recepcionar corrientes ideológicas que concertaban hinduismos, orientalismos y practicas espiritistas. Resalta en este sentido la fecunda labor del Masón C. Jinarajadasa, cuarto presidente de la Sociedad Teosófica (de 1945 hasta su muerte en 1953 en USA), quien realizó dos giras por Latinoamérica y el Caribe (en 1929 por 17 países y en 1938 por 22) y escribió varios libros con una imaginativa narrativa de lo Masónico impregnada de predicamentos teosóficos. 
                    
En medio de esta metamorfosis, propiciada por las novedades metafísicas y la geopolítica Masónica, un italiano residente en México, Aldo Lavagnini (Magister), y un libanés domiciliado en Ecuador, Jorge Adoum (Mago Jefa), de los que no hay prueba de que hayan sido Masones, redactaron unos contenidos de los rituales del Rito Escocés Antiguo y Aceptado colmados de ciencias ocultas, magia, alquimia, adivinación, numerología, tarot, magnetismo y cábala. Los textos tuvieron una rápida divulgación, colonizaron espacios Masónicos e iniciaron una onda expansiva de creencias que en ocasiones terminaron sustituyendo al método constructivo, el pensamiento y la filosofía de la Orden. 
                         
Así las cosas, llega a las costas de Latinoamérica la versión española que acusaba con inquina a la Masonería de ser la responsable de la pérdida de las colonias americanas de principios del S. XIX y 1898. Una cuestión llevó a la otra, el bulo se adoptó con orgullo patrio como cierto y se creó el mito de que la Masonería estuvo detrás de la independencia, que los próceres fueron Masones y que las Sociedades Patrióticas eran Logias Masónicas. 
                            
De esta manera, se entroniza una mitología independentista sin soporte histórico y se muta la naturaleza y el contenido de las Tenidas hacia las más variadas escuelas metafísicas, creándose el campo propicio para que aterrizara la mixtura de la Nueva Era en las décadas de los 70s y 80s, que profundizó la perdida de visibilidad social y política de la Masonería como polo de difusión de ideas liberales, y comenzó, avanzando hacia el S. XXI, a reproducirse en su seno las pasiones partidistas a pesar de los continuos llamados a no hablar de política invocados, esta vez, para salvaguardar la fraternidad entre los Masones. 
                    
No obstante, una renovada mirada sobre el deber ser de la Masonería, el Masón y el método constructivo propio de la Orden, ligado al universo del Internet como fuente bibliográfica, la mayor preparación académica de los Masones, las nuevas sensibilidades humanitarias y el trabajo mancomunado con las Masonas, está engendrando un estilo más postmoderno e inclusivo y menos mágico que han ido introduciendo los nuevos hermanos. 
               
Paralelamente, la pérdida de influencia de la Gran Logia Unida de Inglaterra y la Masonería de blancos de los Estados Unidos (sumidas en dificultades económicas y de membresía), está posibilitando un ecosistema revisionista sobre Landmarks, relacionamientos diplomáticos e inserción en redes internacionales en una Masonería que ha dejado de crecer y desea actualizar sus conceptos simbólicos para repensar la contemporaneidad y la realidad Masónica.