domingo, 28 de febrero de 2021

LA MASONERÍA DE BARRANQUILLA EN EL SIGLO XIX

Por Iván Herrera Michel

 

Escudo de Barranquilla
(otorgado en 1813)

Para efectos de este escrito podemos considerar que el Siglo XIX Masónico barranquillero se inicia en 1813 con el primer contacto registrado de la población con un Masón, y termina con la inauguración del “Templo de la Calle Caldas” en 1907, en la actual. Calle 38 No. 41 – 45.
                                              
EL PRIMER CONTACTO CON UN MASÓN
                                  
Barranquilla inicia el siglo XIX siendo un pequeño corregimiento y fondeadero sin mayor jerarquía sobre el Rio Magdalena poblado por 3.000 habitantes mestizos y mulatos, asentados sin el diseño de cuadricula española, y lo culmina como el principal puerto marítimo y fluvial de Colombia con 40.000 almas, una significativa población extranjera, y representaciones consulares de 16 naciones distintas, repartidas en 30 calles y 24 callejones.
                          
La primera relación constatada de Barranquilla con los Masones fue en 1813 a través de un joven Masón cartagenero de 24 años de edad, que llegó reclutando soldados para su campaña contra la ciudad de Santa Marta. Bajo su mando, mueren alrededor de 100 barranquilleros en una batalla cerca de la población de Ciénaga. Eran tiempos de guerra entre la independentista Cartagena de Indias y la realista Santa Marta. Ese mismo año, otros 500 naturales se habían tomado a Santa Marta durante dos meses bajo las órdenes del General y aventurero francés Pedro Labatut, entonces al servicio de la independencia absoluta de Cartagena de Indias proclamada dos años antes. 
                                     
Se trataba del abogado Manuel Juan Robustismo de los Dolores Rodríguez Toríces, que para esos días oficiaba como “Presidente del Estado de Cartagena en calidad de dictador”, nombrado por la Convención del Estado de Cartagena, el 21 de enero de 1812, y figuraba en la membresía de la Logia “Las Tres Virtudes Teologales” de su ciudad natal. Tres años después, luego de haberse desempeñado en 1815 como presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, sería fusilado el 5 de octubre de 1816 en Santafé de Bogotá por el General Pablo Morillo, su cabeza cortada, metida en una jaula y expuesta en la Pila de la Plaza de San Victorino de esa ciudad. 
                               
Como agradecimiento al apoyo recibido y al sacrificio de su población, Rodríguez Toríces otorgó a Barranquilla en abril de 1813 el título de Villa, gracias al cual podía contar con un Corregidor Letrado, un Ayuntamiento, la condición de Capital del Departamento de Barlovento o Tierradentro, y un escudo, precisamente con el lema de “Premio al Patriotismo”.
                       
CARACTERÍSTICAS DE LA MASONES BARRANQUILLEROS
                            
En la Costa Atlántica colombiana, Barranquilla fue la tercera ciudad en contar con una Logia Masónica luego de, en orden cronológico, Cartagena y Santa Marta. Con la peculiaridad de que las cuatro primeras Logias no trabajaron simultáneamente, sino una después de la otra y a partir de la desaparición de la anterior. Una quinta Logia trabajaría en paralelo, a raíz del primer gran cisma que sufrió la Orden en Colombia de 1864 a 1888 con la creación del Supremo Consejo de la Jurisdicción del Centro del Grado 33º” en Bogotá. 
                       
A diferencia de las de Cartagena y Santa Marta, las cinco Logias barranquilleras del siglo XIX no tuvieron a sacerdotes católicos como miembros. Tampoco a muchos militares. Sino a comerciantes, miembros de profesiones liberales y autoridades civiles locales, como correspondía a una población que crecía y prosperaba por su posición geográfica privilegiada para el comercio exterior. 
                                        
Tampoco se distinguieron por una especial militancia política, como la bogotana “Estrella del Tequendama” (1849 – 1887), que durante el llamado “Olimpo Radical” (1863 - 1886) tuvo como miembros a ocho presidentes del país. Ni representaron una sociabilidad intelectual promotora de la educación, las artes y la cultura. Y a diferencia de los andinos, que eran anticlericales vinculados al Liberalismo Radical, los Masones de Barranquilla eran afines a un liberalismo conciliador que concertaba sin mayor dificultad su condición Masónica con el fervor católico. 
                          
La Masonería aterriza logialmente en Barranquilla en 1840. Es decir, en pleno auge de su despegue económico, dos años antes del Decreto del 1° de julio de 1842 del General Pedro Alcántara Herrán, Presidente de la República de la Nueva Granada, que habilitó el cercano puerto de Sabanilla para la importación. 
                               
Posteriormente, en 1849, siendo Presidente su suegro, el General Tomás Cipriano de Mosquera (quien luego habría de Iniciarse en la Masonería y pertenecer a las Logias “Fraternidad Bogotana No. 16” (1858) y “Propagadores de la Luz No. 1” (1864), fomentó la navegación de barcos a vapor por el Río Magdalena, autorizó la exportación por el Puerto de Sabanilla e instaló una Aduana allí mismo.
                    
Desde entonces, la ciudad dinamizó su comercio exterior y atrajo un buen número de comerciantes nacionales y extranjeros durante la segunda mitad del siglo XIX, que se residenciaron en ella, crearon riquezas, enriquecieron su gastronomía y dejaron descendencia. 
                                  
De este sector de la sociedad surgieron mayoritariamente los Masones que colmaron las Columnas de las Logias de la ciudad, quienes además, siendo miembros del Partido Conservador colombiano, lograron que Barranquilla fuera una de las cuatro ciudades que en el país sobrevivieron a los ataques del Presidente Rafael Núñez, junto con Cartagena de Indias, Santa Marta y Ciénaga. De hecho, son las únicas ciudades que pueden mostrar un hilo histórico ininterrumpido de actividad logial desde el Siglo XIX. 
                 
LAS PRIMERAS LOGIAS DE LA CIUDAD
                    
Cuatro Logias existieron en la Barranquilla del siglo XIX bajo los auspicios del Gran Oriente y Supremo Consejo Neogranadino fundado en 1833, con carta Patente del Gran Oriente de Francia de 1851, que varió su nombre en 1939 al de Supremo Consejo del Grado 33° Para Colombia, actualmente con sede en Bogotá: “Caridad No. 5” (1840), “Unión Fraternal No. 12” (1850), “Fraternidad No. 22” (1862) y “El Siglo XIX No. 24” (1864). La primera siendo Soberano Gran Comendador el notario Dionisio Bautista, y las tres últimas el General Juan José Nieto Gil. 
                                  
Igualmente, se creó en 1863 el Capítulo del Grado XVIII del REAA “En el Delta, No. 5” (nombrado así por el vecino delta que formaba el Rio Magdalena en su desembocadura en el Mar Caribe), instalado también bajo los auspicios del Gran Oriente y Supremo Consejo Neogranadino (1833) cuando lo presidía el General Juan José Nieto Gil. 
                  
Eran días de grandes trasformaciones nacionales. El país cambió de nombre el 8 de mayo de 1863  en Rionegro, Antioquia, de Confederación Granadina a Estados Unidos de Colombia, gracias a una nueva constitución política de corte liberal y federalista, en donde cada uno de los nueve estados que la constituían adquirieron soberanía legal, un ejército, una rama judicial independiente, autonomía fiscal, se garantizaron las libertades individuales, de comercio, de opinión, de imprenta, de enseñanza, de asociación, fue legal que los ciudadanos tuvieran armas y las comercializaran, se abolió la pena de muerte, se dio prioridad en la educación a la física, la química, la biología y la filosofía, se ordenó la separación de Iglesia y Estado, se disminuyó el periodo presidencial de 4 a 2 años, limitando sus facultades, y se le otorgó preponderancia al Parlamento. En la nueva repartición administrativa y territorial, Barranquilla quedó formando parte del Estado Soberano de Bolívar hasta el 7 de septiembre de 1886 en que entra en rigor la Constitución de ese año y pasa a llamarse Departamento de Bolívar. 
                     
Cuando la Masonería colombiana el 3 de junio de 1864 sufrió su primer cisma nacional como resultado de las rencillas entre los Presidentes y caudillos, Generales Juan José Nieto Gil y Tomás Cipriano de Mosquera, este último creó el Supremo Consejo de la Jurisdicción del Centro del Grado 33º”, igualmente con Carta Patente del Gran Oriente de Francia, el cual se declaró “En Sueños” el dos de febrero de 1888.
                          
En este marco político y Masónico, los Masones barranquilleros también se dividieron. Los nietistas fundaron el 21 de noviembre de 1864 la Logia “El Siglo XIX – 24”, y los mosqueristas, la Logia “Estrella de Colombia No. 6”, que reunió a figuras destacadas de la ciudad, entre los que se destacó Santiago Duncan, un veterano de la guerra de independencia que había sido Secretario y amigo personal del Libertador Simón Bolívar.
                                 
Así las cosas, y a partir de los nombres distintivos de las Logias, se pueden colegir los valores referentes que privilegiaba dos sectores de la Orden que se posesionaron como símbolo de estatus social, en una sociabilidad de talante política y filantrópica constituida por prósperos comerciantes, médicos y abogados de familias principales, y ciudadanos emergentes en la escala social y económica de la ciudad. 
                           
Como dato curioso encontramos en los documentos y actas de la época que para esos días se penaba con una multa de un peso ($1.00 M/L) al Masón que no asistiera a las Tenidas. 
                              
EL PRESIDENTE JUAN JOSÉ NIETO GIL Y LA MASONERÍA BARRANQUILLERA
                       
Especial relación tiene el General Nieto Gil con Barranquilla y la Masonería barranquillera, ya que siendo Soberano Gran Comendador en ejercicio se posesionó en la ciudad como Presidente de la República, convirtiéndola en capital nacional del 25 de enero al 18 de julio de 1861.
                   
A la par, durante sus dos ejercicios como Soberano Gran Comendador del Gran Oriente y Supremo Consejo Neogranadino (1849 – 1850 / 1860 – 1865) dispuso el Levantamiento de Columnas de tres de las cinco Logias Masónicas y del único cuerpo filosófico del REAA del siglo XIX de la ciudad. 
                       
Del fruto de su gestión aún funcionan el Soberano Capítulo Rosacruz “En el Delta No. 5”, fundado el 16 de septiembre de 1863, presidida por primera vez por José V. Mogollón, Gr:. 32°, y la Logia “El Siglo XIX No. 24”, instaurada el 21 de noviembre de 1864, cuyo primer Venerable Maestro fue Manuel Joaquín Samper Anguiano, Gr. 33°, que siguen siendo masculinos y cuyos miembros no se visitan mutuamente en virtud del cisma nacional sin altura ni grandeza que comenzó en 1983 y todavía perdura. 
                     
Durante la estadía de Nieto Gil en Barranquilla, en 1861, solo trabajaba en la población la “Logia Unión Fraternal No. 12”, a la que el mismo había otorgado Carta Patente once años antes. En sana crítica, es lógico pensar que el General Nieto Gil asistió con frecuencia a sus Tenidas, ya que siempre fue un Masón muy activo, tanto en Colombia como durante su destierro en Jamaica de 1842 a 1847.
                        
Prueba de ello, es que en Cartagena presidió su Logia Madre “Hospitalidad Granadina No. 1” durante tres períodos consecutivos (1856 – 59), a la que había ingresado en 1839 con 35 años de edad, y en Kingston frecuentó la Logia “Sussex No. 691” (después 354) y fundó la Logia “Concordia No. 8”, de la que fue su primer Venerable Maestro. 
                     
LOS GRADOS 33º DEL SIGLO XIX EN BARRANQUILLA
                             
Lo primero que hay que decir es que el Supremo Consejo de la Jurisdicción del Centro del Grado 33º, con sede en Bogotá, durante sus casi veinticuatro años de existencia no creo cuerpos escocistas en Barranquilla ni otorgó el Grado 33º del REAA a ningún Masón residente en la ciudad.
                     
En contraste, el Gran Oriente y Supremo Consejo Neogranadino en los años mil ochocientos otorgó el Grado 33º a los siguientes seis Masones domiciliados en Barranquilla y miembros de sus Logias: Manuel Joaquin Samper Anguiniano, abogado y el primero en recibirlo en 1862, Manuel Gregorio López zapata, médico, Jacobo Rois Méndez, Jr, comerciante, José Salcedo Martínez, comerciante, Clemente Salazar Mesura, abogado, y Pedro Leyes Posse, veterinario.
                       
RELACIONES CON LA IGLESIA CATÓLICA 
                  
En términos generales, las relaciones de la iglesia católica con los Masones de Barranquilla en el siglo XIX fueron de una sana convivencia, solo afectada por algunas rencillas políticas y polémicas ocasionales como la que enfrentó en 1874 al Secretario de la Logia “El Siglo XIX – 24” y propietario del periódico “El Promotor”, Domingo Gonzalez Rubio, con el Obispo de la Diócesis de Cartagena, Bernardino Medina, porque el presbítero José María Pompeyo le negó en el lecho de muerte los auxilios espirituales a Manuel Román y Picón, padre de Doña Soledad Román, esposa del presidente de Colombia Rafael Núñez, por ser Masón.
                     
En 1849, una enfermedad infecciosa aguda afectó a gran parte de la población colombiana, y propició una particular unión de acción Masónica / católica en Barranquilla, única en Colombia, que se prolongó durante la segunda mitad del siglo XIX. Principalmente a partir de 1882, cuando se hizo cargo de la parroquia el sacerdote constructor y urbanista Carlos Valiente, hasta que llegó a la ciudad el clérigo Pedro María Revollo, en 1894, con una gran antipatía contra los Masones. 
                        
En efecto, entre 1849 y 1851, la pandemia mundial del Cólera, que ocasionaba la muerte en pocas horas, llegó con fuerza al país. En Barranquilla, que para entonces contaba con unos 6.100 habitantes según el censo oficial, entre ellos 70 esclavos, falleció el 25% de la población, y se sobrepasó la cobertura médica, los servicios sanitarios, y la capacidad del “Camposanto” de 2.800 Mts. cuadrados, que era el único cementerio con que se contaba. Por tal motivo, las inhumaciones se realizaron a la vera de los caminos y en los antepatios y patios interiores de las casas. Por su parte, la comunidad judía de la ciudad reaccionó inaugurando un cementerio propio, con un costo de ochocientos cincuenta pesos ($850 M/L), moneda legal colombiana, para su uso exclusivo en 1850, que funcionó hasta 1869.
                       
SOCIEDAD HERMANOS DE LA CARIDAD
                              
Por el lado de los Masones, y ya elevada la pujante Villa al estatus de ciudad el 7 de octubre de 1857,un joven médico y Masón barranquillero recién llegado de sus estudios en Francia, llamado Eusebio de la Hoz, se reunió en 1867 con otros Masones por fuera de la Logia, en la residencia de Eufracio Sánchez, para crear una sociedad civil “con el objeto de ejercer la caridad como lo manda nuestra religión, practicando las obras de misericordia”, con el nombre de “Sociedad Hermanos de la Caridad” (SHC).
                     
Esta nueva empresa cívico religiosa se concibió más como una agrupación de fieles católicos, que como una sociedad paramasónica. De hecho, el sacerdote Carlos Valiente, siendo párroco de la ciudad, se desempeñó como su presidente en 1890 sin ser Masón. Lo que demuestra que la SHC fue concebida y creada para ciudadanos barranquilleros en general. 
                           
A partir de la emergencia sanitaria y la desazón ocasionadas por el Cólera, los barranquilleros buscaron refugio y consuelo en el catolicismo, y se vieron obligados a pensar en un hospital más grande y en una nueva necrópolis alejada del casco urbano para reemplazar a los colmados “Camposanto” y “Cementerio Judío”.
                   
La SHC vendría a ocuparse de estas tareas. Puestos manos a la obra, solicitan y obtienen ayuda y donaciones para llevar a término los siguientes tres proyectos: 
                  
1) Una Iglesia católica dedicada a “Nuestra Señora del Rosario” al norte de la ciudad, en cercanías del Barrio Abajo, que actualmente regenta la diócesis de Barranquilla, sufragánea de la arquidiócesis del mismo nombre. 
                             
El 9 de enero de 1882, la SHC, presidida por José de la Rosa, nombró una junta de quince miembros con el fin de recolectar los fondos necesarios para construir en un lote donado por Doña Hilaria Blanco un templo dedicado a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario. En armonía con la procesión que llevaban a cabo los Hermanos de la Caridad en el mes de octubre de cada año hasta la residencia de la donante, en donde se oficiaba misa y se veneraba la imagen de la Virgen. La iglesia se comenzó a construir en1892. 
                      
2) Un “Cementerio Universal” inaugurado en 1869 en un terreno adjudicado por la Asamblea del Estado Soberano de Bolívar en las afueras de la ciudad, con el propósito de clausurar y reemplazar el antiguo “Camposanto” fundado en 1808 en un corral de cerdos como consecuencia de la epidemia de viruela de 1805 que desbordó el sector de la iglesia parroquial de piedra y teja de San Nicolás de Tolentino en donde se hacían las inhumaciones, y el cementerio judío de 1850. El 7 de agosto de 1873 se celebró en el nuevo cementerio la primera Ceremonia de Honras Fúnebres Masónicas a raíz del paso al Oriente Eterno de José Gonzalez Rubio.
                               
Desde un principio se dividió la nueva necrópolis en tres secciones religiosas: católica al centro, judía (mayoritariamente sefardita) al sur y protestante, de otras religiones y “sectas” al norte. Y también se dividió el terreno de acuerdo con la clase socioeconómica del fallecido. Es decir, que reflejó en un nuevo escenario estratificado la sociedad estamental en que estaba inmersa. 
                         
Acabada la luna de miel con los Masones, la jerarquía católica inauguró un cementerio para sus fieles en 1915 con el nombre de Calancala, en donde estaba prohibido enterrar Masones, y en el que se dispuso un sector para los judíos asquenazis (aunque fueran Masones) que comenzaban a llegar masivamente a la ciudad desplazados por la violencia de la primera guerra mundial. 
                  
3) Un “Hospital de Caridad” en 1876 (Hoy, General de Barranquilla), donado a la Congregación de las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen, fundada en 1696, en Sainville, Francia, que entonces dirigía en Barranquilla la Madre francesa Marie Saint Víctor. A quien coloquialmente la ciudadanía llamaba la “Madre Víctor”.
                 
Hoy, el centro médico es un establecimiento oficial propiedad del Distrito Especial, Industrial y Portuario de Barranquilla. 
                         
4) Paralelamente, la SHC ofreció a la ciudad, de octubre a diciembre de 1870, una piadosa publicación quincenal de cuatro páginas, tamaño un cuarto, que solo llegó a su quinto número, llamado “El Misionero”. 
                        
Para conocer la doctrina cristiana y el cometido cívico / religioso que caracterizó a los Masones barranquilleros de finales del siglo XIX, podemos repasar los textos del Acta fundacional de la SHC y las palabras de su primer presidente, que son del siguiente tenor:
                              

ACTA FUNDACIONAL DEL 9 DE MAYO DE 1867:

                            

“En la ciudad de Barranquilla, en la Casa Habitación del sr. Eufracio Sánchez, reunidos los infrascritos se acordó establecer una sociedad filantrópica con el objeto de ejercer la caridad como lo manda nuestra religión, practicando las obras de misericordia, hasta donde lo permitan los medios, los tiempos y las circunstancias, y reuniendo un fondo para atender los gastos necesarios; y conseguir los útiles indispensables para llegar al fin propuesto.

                        

PALABRAS DEL PRIMER PRESIDENTE EUSEBIO DE LA HOZ:

                                 

“La obra de que quiero ocuparme es la construcción de un cementerio amplio, suficiente, de exclusiva propiedad de esta corporación correctamente iniciada —y que para sus trabajos desde hoy nos preparemos para formar una institución de beneficencia y que nuestra corporación sea conocida con el nombre de Sociedad Hermanos de la Caridad — para que seamos definitivamente los que aquí nos hemos reunido promotores y fundadores de la más notable institución de Caridad y Beneficencia.

                                 

Iniciada que haya sido la obra del cementerio y en ejecución sus trabajos, resolveremos la erección de un templo en el Barrio Abajo para que perpetúe por nuestra iniciativa y con el nombre de Iglesia del Rosario, y al mismo tiempo propender al establecimiento de un hospital de caridad, obras todas, que deben ser iniciadas por esta Corporación fundada en esta fecha.

                           

Si aceptáis mi propuesta nada más natural que nuestra institución se base en la fraternidad universal para afianzar el espíritu de nuestra idea. Así perpetuaremos la memoria de esta fecha y esta simiente que desde hoy fertilice, fortalecerá en el porvenir iluminada por el claro horizonte de la democracia.

                      

Si correspondéis a este loable fin, principiemos por traer a nuestro seno hombres de buena conducta de todas las religiones, sectas, nacionalidades y filiación política siguiendo el ejemplo de las doctrinas de Cristo como hombre filosófico y reformador.

                       

Todos los hombres somos hermanos, pues la caridad no consiste en ser pródigo, más allá en ser útil.”

A su muerte, la ciudad distinguió Eusebio de la Hoz nombrando en su honor a la actual Carrera 42D (entonces “Callejón de los Meaos”, y luego “Callejón Policarpa Salavarrieta”) entre calles 31 (antes “De San Roque”, “Judas” y “Del Banco”) y 32 (antiguas “Del Comercio”, “La Escuela”, “La Cruz”, “La Soledad” y “Del Crimen”), en donde tenía una botica a fines del siglo XIX. Sus restos reposan hoy en un Mausoleo familiar situado en el antiguo sector católico del Cementerio Universal de la ciudad.

 

 


jueves, 4 de febrero de 2021

LA POROSIDAD DE LA MASONERÍA

 Por Iván Herrera Michel 
                             

Un vistazo general a las charlas virtuales durante el confinamiento muestra lo avanzado que está la invasión de espacios Masónicos con temas y personajes ajenos a ella.
                        
De pronto los casos más conocidos son los de Aldo Lavagnini y Jorge Adoum (Mago Jefa), quienes, sin existir evidencia de haber sido Masones, ni asistido alguna vez en su vida a una Tenida Masónica, se tomaron la libertad de publicar “manuales” sobre los tres Grados simbólicos y algunos Altos Grados del REAA.
                    
En sus escritos, ellos conservaron la distribución y decoración física de las Logias Masónicas, los toques, signos, palabras, Etc., pero le dieron significados diferentes a los símbolos, alegorías y leyendas de la Orden, para desviar las aguas hacia sus sistemas personales de creencias relacionadas con seudociencias, ocultismo, misticismos, sincretismos metafísicos, predicamentos alternativos, Etc., inventados en la edad media, el renacimiento y el siglo XIX, a los que atribuyeron, contra toda evidencia y rigor histórico, una antigüedad y un origen que no tienen.
                              
También está el caso de “El Kybalión”, que nada tiene que ver con la Masonería, escrito en 1908 por William Walker Atkinson, de Baltimore, Maryland, USA, quien tampoco fue Masón, y se sacó del sombrero un imaginativo “estudio de la filosofía hermética del antiguo Egipto y de la antigua Grecia”, bajo el seudónimo de “Los Tres Iniciados”. Lo cual no resulta raro en alguien que acostumbraba firmar la mayoría de sus escritos con otros nombres, como Yogi Ramacharaka, Swami Bhakta Vishita, Swami Panchadasi, Theron Q. Dumont, Theodore Sheldon y Magus Incognito. Atkinson llegó al punto de editar revistas con sus propios artículos bajo diferentes nombres presentándolos como de “colaboradores”.
                              
Ahora bien, es normal que haya variaciones con el tiempo. Los modelos Masónicos germinan en diversos contextos por evolución cultural, y, como es apenas elemental, los más difundidos son los que han surgido en sociedades con más éxitos, porque a caballo de ese éxito se expande su influencia cultural, y en ella va su modalidad de Masonería.
                     
Muchos sistemas Masónicos se han extinguido al ser reemplazados por otros, porque han desaparecido los contextos en que florecieron o porque se convirtieron en una burbuja indigerible para los Masones y la sociedad. Cualquier variación debe respetar la tradición del arte y el método, así como la naturaleza simbólica de la Orden en su ámbito escénico, de decoraciones, efectos sonoros, música, ritmos, herramientas, teatralidad, colores convencionales, utilería fija, de mano y de adorno, entonación, palabras, toques, signos, movilidad de los asistentes, Etc. Pero, sobre todo, no debe reemplazar su tradición simbólica, espiritual, filosófica y esotérica.
                         
Hoy en día, gracias al apogeo de la virtualización, quienes han sustituido (o han encontrado sustituidos) las características filosóficas constructivas propias de la Masonería se están topando con quienes las han seguido cultivando. Igual está ocurriendo en dirección contraria.
                            
Es un descubrimiento mutuo que apenas comienza a asimilarse en medio de ese fenómeno que llaman los estudiosos Milton Arrieta y Víctor Guerra la “Masonería Líquida” parafraseando a Sigmun Bauman, y es muy difícil predecir los resultados, ya que las normas y los modos locales suelen ser percibidos como universales en una determinada sociedad.
                                  
Dentro de este orden de ideas, hay que cuidar responsablemente el desarrollo sostenible de la Orden frente a una porosidad que ha facilitado la formación de burbujas internas que amenazan con desnaturalizarla, y apartarse de los fundamentos reales del enfoque Masónico.
               
Los nuevos y próximos Masones merecen que le entreguemos una “Masonería Masónica”, valga la expresión.