martes, 1 de diciembre de 2020

EL DÍA QUE ALBERT PIKE LEYÓ LAS CONSTITUCIONES DE ANDERSON

 Por Iván Herrera Michel
                             
                        
La escena debió suceder entre 1855 y 1861, en algún lugar de los Estados Unidos de América (USA) y no creo que el escocés le haya causado una buena impresión al norteamericano.
                    
Albert Pike
Albert Pike, abogado de Harvard, Brigadier-General del Ejército Confederado y defensor de la esclavitud, debió leer las Constituciones de Anderson de 1723 y 1738 animado por su Hermano y amigo, el estudioso Albert Gallatin Mckey, antes de que se enemistaran de muy mala manera por el carácter abolicionista de Mckey, y se dedicara a crear un nuevo contenido del REAA para el actual Supremo Consejo de la Jurisdicción Sur de USA.
                   
No le debieron ser muy atractivas las Constituciones, que ya contaban con casi un siglo y medio de antigüedad, a quien soñaba con una Masonería con predicamentos del estilo de: “El Tetractys nos conduce, no solo al estudio de los números según la filosofía pitagórica, sino también de la Cábala, y ayudará en la búsqueda de la Verdadera Palabra y en la comprensión de lo que era denominado La Música de las Esferas”. (Moral y Dogma del Rito Escocés Antiguo y Aceptado – 1871). De haberlo oído, Anderson se hubiera quedado pasmado y de una sola pieza.
                               
Aquello de que “la Masonería es el Centro de Unión y el medio de conciliar verdadera fraternidad entre personas que hubieran permanecido perpetuamente distanciadas”, le debió parecer a Pike una frase light sin sustancia “esotérica”, aunque le pudo causar una mejor impresión la historia mítica que Anderson atribuyó a la Orden. Pike era de la opinión de que “cada Logia Masónica es un templo de religión, sus doctrinas y enseñanzas son religión”. 
                    
Tampoco le debió gustar que el afro John Pine (Pyne) (1690-1756) fuera miembro de la Logia de la Taberna del Globo, en Londres, cofundador de la primera Gran Logia del mundo, y quien elaboró la hermosa presentación de la portada de las Constituciones. Pike llegó a afirmar que prefería retirarse de la Masonería antes que llamar Hermano a un negro, peleó para que no desapareciera la esclavitud en USA y se le acusa de ser corredactor del manual del Ku Klux Kan.
                         
No obstante, Pike no se distrajo con la lectura de Anderson y 
James Anderson
procedió a reescribir los rituales de los treinta y tres Grados del REAA, a renombrar alguno de ellos y a añadirles un complemento moral, religioso y filosófico basado en un sincretismo hermético y egipcio, mezclado con una especie de cristianismo esotérico, que nunca hubieran imaginado ni André Ramsay, ni Esteban Morín, ni el Conde de Grace Tilly, ni los practicantes del precursor Rito de Perfección, ni ninguno de los fundadores del primer Supremo Consejo en 1801 en Charleston. Mucho menos, Anderson, Desaguliers, ni los constituyentes de la primera Gran Logia del mundo en la Taberna del Ganso y la Parrilla en 1717, ni quienes le siguieron en ambos lados del Canal de la Mancha y allende el océano Atlántico.
                        
De este modo, nació el “Rito de Pike” que es la versión estadounidense del REAA practicado por el Supremo Consejo de la Jurisdicción Sur de los Estados Unidos. De hecho, en ninguna de las 861 páginas y 218 índices de su libro “Moral y Dogma del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de la Francmasonería”, Pike menciona a James Anderson ni a la existencia de las Constituciones que llevan su nombre. En la aventura tampoco lo ha seguido el Supremo Consejo del REAA para la jurisdicción Norte de USA, dicho sea de paso. 
                              
Pero lo que si es casi seguro, es que a partir del día en que Pike leyó a Anderson el texto fue destinado a un estante poco consultado de su biblioteca y no pasó nada.