martes, 16 de octubre de 2018

PEDAGOGÍA MASÓNICA

                   
Por Iván Herrera Michel
                                   
Ponencia presentada el 29 de Septiembre de 2018 (E:. V:.), en la Asamblea extraordinaria de la Orden Francmasónica Universal celebrada en Pomptom Planes, New Jersey, USA, siendo anfitrionas la Gran Logia de Habla Hispana en los Estados Unidos de América, la Omega Grand Lodge of New York y la Grande Loge Haitienne de Saint Jean Des Orient D'Ultramer of New York.
                             
(Saludos protocolarios y fraternales)
                       
Louis Daly, Nadja Gordon y Gloria Sabido
Grandes Maestros Anfitriones
Mis Queridas Hermanas. Mis Queridos Hermanos.
                  
Ante todo, gracias por aceptar que comparta con ustedes en New Jersey unas cuantas reflexiones sobre lo Masónico, y, sobre todo, por haberme permitido conocer unas ponencias tan magnificas como las que he escuchado hoy.
              
Hablemos de como hace pedagogía de lo suyo, la Masonería.
               
Para mí, lo Masónico es muy sencillo, es íntimo, es bastante útil y es profundamente moral.
                
En lo básico, común y simbólico, se trata de una metáfora creativa de la construcción de sí mismo y de nuestras sociedades utilizando progresivamente las herramientas de la albañilería, de acuerdo con los niveles organizacionales de este oficio.
                  
A lo que añadimos una teatralidad sobre un asesinato legendario por parte de un pequeño grupo de hipócritas motivados por la ignorancia y la ambición. Paro lo cual, la pedagogía que utiliza la Masonería se vale de un juego de roles, mediante el cual se hace actuar al futuro Maestro en un guion que sigue este sicodrama.    
                    
En lo público y visible, la metodología Masónica propone un perfeccionamiento moral, individual y social de la persona, con una implicación humanista que debe proyectarse a la sociedad en general, a nuestros espacios profesionales, laborales, familiares...

En este sentido, somos Maestros y pedagogos del nuevo tipo de ciudadanía y de sociedad que anhelamos.

En lo íntimo y personal, la pedagogía Masónica nos orienta a un conocimiento profundo de nuestra realidad interior en tanto seres trascendentes, para estimular el nacimiento de una persona nueva. Nos guía hacia un antes y un después.

Es decir, que la pedagogía Masónica implica una labor de doble vía.

Por un lado, una de Introspección o de mirada hacia el interior de nosotros mismos, y por el otro, una mirada prospectiva que es, como lo define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una “exploración de posibilidades futuras basada en indicios presentes”.                                                             

Estas dos clases de pedagogía (exotéricas, con X y esotéricas con S), mezcla de teatro y filosofía, componen la que utilizan las Logias con una clara intención Iniciática. Es decir, como una experiencia decisiva de transito que inicia progresivamente, Grado tras Grado, un nuevo orden de sensibilidades. Para ello, la Orden recurre a unos rituales, a unas ceremonias, a unos símbolos y a unas alegorías.

Ejercicios Masónicos que, en honor a la verdad, puede seguir cualquier persona, sin importar su sexo, su orientación sexual, el color de su piel, si posee una ideología de derecha o de izquierda, si profesa una religión o ninguna, si ejerce una profesión o un oficio, si tiene mucho, poco o ningún bien material, si es un veinteañero o un octogenario, o si es un atleta o un minusválido funcional, por ejemplo.

Ya que la práctica de pasar de una oscuridad a una claridad no es monopolizable y la herencia de la tradición Masónica es un patrimonio inmaterial e intangible de la humanidad.

Que una Logia abra o cierre el pórtico de su templo con base en prejuicios o discriminaciones, no ha sido nunca una buena política en el camino de construir una humanidad con más libertad, con más igualdad y con más fraternidad que las que nos tocó en suerte. Ni en el de hacer énfasis en los intereses compartidos de la humanidad para un mundo más pacífico, más saludable y, más respetuoso de la diferencia.

Un punto importante de partida, para abordar el tema de la pedagogía Masónica es el reconocimiento del hecho incontrovertible de su aproximación al conocimiento ético, científico y sociológico sigue manteniendo validez. La libertad de pensamiento, la ética incluyente y el respeto por la diversidad de las concepciones y las posturas ajenas es un requisito mínimo de socialización en un mundo globalizado que, contando con un crecimiento poblacional desbordado y procesos migratorios dinámicos, juntan modelos culturales diversos en una misma sociedad.

Como dice René Hubert en su “Historia de la Pedagogía”: “El problema de la educación es el problema del destino del hombre”.

Es natural que el contar con un pensamiento libre y con unas buenas costumbres, como atributo de la personalidad, sea el distintivo de las personas que ingresen a la Masonería.

No obstante, aunque este sello de carácter debe acompañar la aceptación y la permanencia en las Logias, no debe ser tomado, en sí mismo, como un objetivo general de la Orden. Es tan solo, la necesaria plataforma sobre la que habrá de levantarse el edificio de la construcción personal y grupal.

Cualquiera que sea la ocupación del nuevo Masón – abogado, arquitecto, pintor, comerciante, médico, músico, pastor, peluquero, ingeniero, filósofo, rentista de capital, astronauta, contador, militar, industrial, piloto, cura, periodista, etc. –, en el Taller Masónico debe tener la posibilidad de acrecentar su formación personal y académica con otra adicional de corte humanista que permita potenciar la propagación de aptitudes útiles en la conformación de una sociedad más justa e igualitaria.

Este es el núcleo fundamental del asunto.

No es sencillo diseñar un programa de instrucción en la Masonería. Entre sus miembros existen desniveles en su formación, así como diferencias culturales originadas en las diversas procedencias geográficas de cada uno de ellos, distintas motivaciones para pertenecer a la Orden, y cada quien ingresa con una maleta llena con su pasado, sus valores y sus convicciones.

Algunos Masones son estudiosos de los textos básicos y continuamente encuentran nuevos contenidos en su redacción, otros son imprescindibles para la buena marcha del componente social del grupo, otros llegaron a la Orden buscando un camino esotérico, otros tienen una formación sicológica militar, otros quieren cambiar el mundo hacia una dirección más liberal, otros quieren conciliar su formación religiosa con los predicamentos Masónicos, otros consideran que la Orden es un grupo de opinión, otros que es un taller de pensamiento, otros quieren hacer obras filantrópicas, a otros les parece agradable estar entre todos los anteriores, y así un largo etc.

Por su parte, cuenta la Masonería entre sus normas universales, en sus tres primeros Grados, con dos funcionarios expresamente señalados para servir de guía en la formación de los nuevos miembros, actuando de paso como una especie de tutores e intermediarios entre estos y las directivas de la Logia.

Para el éxito de esta relación “tutorial”, es ideal mantener una línea de comunicación abierta que permita la confianza de los neófitos y la detección oportuna de problemas en su formación Masónica. Siempre en un clima de absoluto respeto y de amplia tolerancia cuando se presenten novedosas interpretaciones como resultado del discurso Masónico a la luz de nuevos paradigmas del conocimiento científico y la reflexión filosófica.

Al fin y al cabo, las respuestas institucionales de la Orden deben estar acordes con la satisfacción de la demanda humanista de la sociedad, como eslabones de una misma cadena progresista, y son precisamente estas nuevas lecturas las que sirven de combustible a la evolución del pensamiento.

De la misma manera, las ayudas audiovisuales y las consultas frecuentes a la Internet, deben ser exigidas a los Aprendices y Compañeros en la preparación y presentación de sus trabajos, así como también deben constituirse en herramientas frecuentes para los Maestros Masones en la configuración de una imagen no anacrónica de la Masonería y de sus miembros.

Es bastante seguro que los nuevos Masones provengan de contextos académicos universitarios en donde la educación va de la mano con los avances de la tecnología, la Web sea reputada como la principal fuente de conocimientos, y el descalificarlas sea símbolo de atraso. Esta última desconfianza tiene sus orígenes esencialmente en el cambio de época que venimos atravesando.

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Hoy practicamos la Masonería en la mejor etapa de la humanidad. Y lo digo a pesar de que diariamente veo la cantidad de violencia que muestran los noticieros, los periódicos y las revistas. Y también lo digo, a pesar de que conozco más violentologos que pazologos, que me podrían inclinar a mermar mi confianza en la humanidad.

Pero lo cierto es que, por primera vez en la historia de la especie humana, muere en el mundo más gente por obesidad que por hambre. Mueren más personas de vieja que por epidemias. Y los accidentes matan más individuos que todas las clases de violencia sumadas. El pensador Yuval Noah Arari, demostró en su libro, “21 Lecciones para el Siglo XXI” (Penguin Random House Grupo Editorial España, 30/08/2018) que en las antiguas sociedades agrícolas la humanidad causaba hasta el 15% de las muertes. En el siglo XX, la violencia mató el 5% de las personas. Hoy la violencia de todo tipo es responsable del 1%.

Hemos avanzado penosamente y falta mucho por hacer. Pero creo que el mayor triunfo de la Orden Masónica es que sembró, y ayudó a sembrar, las semillas de las ideas básicas que dejaron su huella en los últimos tres siglos, en infinidad de grandes y pequeñas corporaciones, tribunales, tratados, universidades, ONGs, Etc., que hoy las defienden con ardor.

La pedagogía Masónica siempre ha funcionado mejor cuando ha logrado contar con densidad humanista en una sociedad, y cuando ha luchado por los derechos de las personas, de los colectivos y de los pueblos.

Los Masones latinoamericanos tenemos la obligación de hacer pedagogía en nuestras sociedades, en la común tarea de construir un mundo mejor.

Tenemos obligaciones pedagógicas, frente a la violencia contra las mujeres, sus menores salarios frente a igual trabajo que el hombre y la negación del derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos.

Tenemos obligaciones pedagógicas, para fortalecer los valores y los derechos de las diferentes formas de familias, sean heterosexuales u homosexuales, propiciando un relacionamiento incluyente e igualitario.

Practicando y enseñando a nuestros hijos que no se debe agraviar ni desconocer el derecho a la igualdad del que ama diferente.

Tenemos obligaciones pedagógicas, frente a las migraciones de todos nuestros países, sin excepción, que, desde la década de los 60s del siglo pasado, se dirigen a Europa, Australia y Estados Unidos, huyendo de las dictaduras militares, la violencia y la pobreza, o buscando mejores horizontes para sus hijos.  

Tenemos obligaciones pedagógicas, frente a la migración de venezolanos y nicaragüenses, huyendo de las dificultades económicas de sus naciones, a quienes debemos recibir sin discriminaciones, creando oportunidades de integración social con apego a una sólida línea humanista y un indeclinable respeto a sus derechos fundamentales al asilo, a la vida, a la salud, al trabajo, a la igualdad, al buen nombre, a la honra, a la intimidad, al libre desarrollo de su personalidad, a no ser objeto de esclavitud, servidumbre ni trata de seres humanos, a la libertad de culto y de expresión, a la paz, a presentar peticiones a las autoridades, a circular libremente por nuestros países, a un debido proceso con las garantías necesarias para ejercer su defensa, a la libertad y a reunirse y asociarse.

Tenemos obligaciones pedagógicas, frente a los discursos populistas de derecha y de izquierda que promueven totalitarismos, odios y miedos.

Tenemos obligaciones pedagógicas para no convertir la Masonería en una cuestión exótica, trivial y etérea, que solo exista en nuestra imaginación, soportada por creencias extrañas y pseudociencias.

Y, sobre todo, tenemos obligaciones pedagógicas para conservarla como algo que propicia que quienes accedemos a ella no nos mitifiquemos a nosotros mismos.

Para que comprendamos que la violencia verbal y los discursos de odio, como el bumerang, siempre vuelven a quien lo lanza.

Para que no seamos insensibles al dolor que podemos ocasionar.

Para concebir las relaciones sociales en un marco abierto y cooperativo.

Y para que la historia no nos recuerde como la generación Masónica de los Masones indiferentes.


Muchas Gracias.

New Jersey, USA.
Sept. 29 de 2018 (E:. V:.)