Por Iván Herrera Michel
(Saludos protocolarios)
Mis muy Queridas Hermanas y Hermanas,
en sus Grados y Calidades,
Queridos Hermanos Aprendices,
Marinilla nos convoca como horizonte y
como propósito, y nosotros hemos llegado desde diferentes puntos de la
geografía nacional, como obreros dispuestos a asumir una responsabilidad que
trasciende este recinto, especialmente frente a quienes hoy dan sus primeros
pasos en el método Masónico de sugerirnos valores humanistas para construirnos
como seres humanos y sociedad.
Acabamos de asistir, hace unos momentos,
al solemne y fraternal Levantamiento de Columnas de esta Respetable Logia,
nacida para irradiar su trabajo en Marinilla, aunque las ceremonias que hoy nos
reúnen tengan lugar en el Templo de la Logia Iris del Aburrá, la más antigua en
funcionamiento de Antioquia, a cuyos Hermanos y Hermanas expresamos nuestra más
sincera gratitud por su fraternidad y la generosa facilitación de esta Logia
que visité, por primera vez, en 1984, cuando funcionaba en otra dirección, y hace
cinco años en este mismo inmueble.
Al reunirnos aquí, Muy Respetable Gran
Maestro, Venerable Maestro, Dignatarios, Hermanos y Hermanas, junto con quienes
hoy inician su recorrido como Aprendices, se hace evidente que estamos en un
punto de inflexión.
Al evocar nuevamente que Marinilla ha
sido llamada la Esparta Colombiana, aparece una imagen que ayuda a comprender
su historia. En ella la disciplina, la fe y la tradición han construido
comunidad, y también han construido silencios que con el tiempo se volvieron
paisaje. Por eso, para quienes comienzan su vida Masónica, la primera tarea es
aprender a preguntar. La segunda, es preguntarse para son Masones.
En el tránsito que hoy han vivido se
deja atrás la comodidad de no interrogar las propias certezas. Esa renuncia,
que parece menor, es una de las primeras decisiones reales del Aprendiz.
Cuando se nos despoja de los metales, por
un instante desaparecen los títulos, las seguridades, las identidades y los
privilegios invisibles, y queda el ser humano frente a sí mismo. Ese momento es
fundacional porque allí comienza el trabajo, porque la Iniciación, y la
posterior vida Masónica, además de constituir una experiencia personal, posee
una implicación social que es lo que finalmente le da sentido y trascendencia a
la Orden Masónica.
Lo que aquí se pretende despertar no
está destinado a permanecer en lo íntimo, sino a proyectarse en la forma en que
se vive, en la manera en que se piensa, y sobre todo en la forma en que se
actúa en la sociedad. Porque de poco sirve atravesar símbolos, palabras y
silencios si al salir de este espacio todo permanece igual, y si mañana, frente
a una injusticia concreta, guardamos silencio como si nada hubiera ocurrido.
La Iniciación introduce una exigencia de
revisar las propias convicciones, de cuestionar lo aprendido, y de reconocer
las zonas en donde uno mismo ha reproducido sin advertirlo aquello que dice
querer transformar. Y en ese sentido, es una interpelación a nosotros mismos.
También implica que la indiferencia deja
de ser una opción porque la conciencia, cuando despierta, ya no permite ciertas
formas de comodidad moral. Por eso, si algo define el trabajo que hoy comienza,
no es la acumulación de conocimientos ni la repetición de formas. Es la
capacidad de traducir lo que aquí se vive en una manera distinta de estar en el
mundo. Más atenta, más crítica y más responsable.
Ser un Masón progresista en Marinilla supone
sostener la convivencia en medio de la diferencia y entender que la pluralidad es
necesaria, en un laicismo que exige convivir con valores y miradas distintas
sin intentar imponer los propios.
El compromiso que hoy se inicia tiene
una dimensión práctica. En lo individual exige autocrítica, en lo colectivo
implica respetar la diferencia, y en lo histórico obliga a discernir entre lo
que merece continuidad y lo que ya no lo merece.
Quienes hoy se han Iniciado son, sin saberlo aún del todo,
el punto más sensible de esta nueva Logia. Porque fue precisamente en esta
Iniciación, cargada de sentido, en donde realmente se levantaron Columnas y se
encendió la Luz Masónica en Marinilla, y en donde comenzó una forma distinta de
habitarla.
Mis Queridos Hermanos Aprendices,
¡Bienvenidos a la Masonería!
Es mi palabra, Venerable Maestro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario