miércoles, 21 de octubre de 2026

LA GRAN LOGIA FEMENINA DE FRANCIA Y SU HUELLA

Por Iván Herrera Michel

Hoy cumple 81 años de fundada la Gran Logia Femenina de Francia, y quiero aprovechar la ocasión para expresar mi reconocimiento fraternal a sus Hermanas y recordar cuánto ha contribuido a ampliar la presencia de las mujeres en la Masonería y a enriquecer nuestro paisaje Masónico internacional.

Su historia comenzó el 21 de octubre de 1945, cuando mujeres de cinco Logias, reunidas bajo la presidencia de Anne-Marie Gentily, constituyeron la Unión Masónica Femenina de Francia, que en 1952 adoptó su nombre actual. Europa apenas salía de la guerra y aquellas Masonas retomaban sus trabajos con la voluntad de dirigir su propia institución, elegir sus autoridades y decidir juntas hacia dónde querían caminar.

Aunque personalmente prefiero la Masonería mixta, antes que la exclusivamente masculina o femenina, no puedo dejar de reconocer el enorme mérito de la Masonería femenina en general y, en particular, de la Gran Logia Femenina de Francia. Su existencia respondió a una necesidad profundamente contestataria de crear una expresión femenina frente al supremacismo masculinista que aún predomina en buena parte de la Masonería y que, bajo distintas formas, continua condicionando el acceso y la participación de las mujeres. Aquellas Masonas no se limitaron a reclamar un lugar dentro de estructuras ajenas sino que construyeron espacios propios de formación, deliberación y autoridad, demostrando que las mujeres podían organizar, dirigir y transmitir la tradición Masónica con plena autonomía.  

Las Hermanas de la Gran Logia Femenina de Francia practican el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que ocupa un lugar central en su trayectoria, aunque con el tiempo incorporaron otros ritos, entre ellos el Francés y el Escocés Rectificado, ampliando sus posibilidades de trabajo.

Hoy reúne alrededor de 14.000 Hermanas y tiene presencia en cuatro continentes y más de veinte países. Son cifras que permiten apreciar su dimensión, aunque personalmente encuentro una parte especialmente valiosa de su historia en las Logias que ayudó a crear fuera de Francia y que después se agruparon en nuevas Grandes Logias autónomas, como ocurrió, por ejemplo, en Bélgica, Portugal, España, Etc.

Acompañar a otras Masonas hasta que puedan asumir el gobierno de su propia Obediencia me parece una magnífica manera de entender la fraternidad. Esa labor exige transmitir conocimientos, formar oficiales, sostener encuentros y respetar los ritmos y las particularidades de cada país, con la confianza necesaria para que las nuevas comunidades encuentren su propio camino.

La Gran Logia Femenina de Francia también creó estructuras destinadas a facilitar ese encuentro entre mujeres de distintos lugares. La Logia La Rose des Vents, fundada en 1978, contribuyó a la formación de nuevas Logias fuera de Francia, y desde 2002 Le Creuset Bleu desarrolla una labor internacional en el Rito Francés. Son iniciativas que ayudan a comprender cómo se construye una presencia mundial mediante el contacto personal, la enseñanza y el acompañamiento sostenido.

Además a través del Instituto Masónico Europeo, lleva al ámbito europeo su defensa de la laicidad, la libertad de conciencia y los derechos de las mujeres, enlazando la reflexión iniciática con las preocupaciones de la sociedad.

Desde mi manera de entender la Masonería y los postulados que defiende, esta trayectoria merece una mirada agradecida y también una reflexión sobre nuestra coherencia. 

La existencia de Obediencias como la Gran Logia Femenina de Francia recuerda que, en determinados momentos, crear espacios propios ha sido una respuesta legítima y necesaria ante la exclusión persistente de buena parte de la Masonería. 

Indiscutiblemente, me quito el sombrero. 🎩

LOS MASONES QUE NO PERTENECÍAN A LA ÉLITE EN EL SIGLO XVIII

 Por Iván Herrera Michel
                
La noche, grabado de William Hogarth
(1738).
Nos imaginamos a la Masonería del siglo XVIII con las Logias llenas de aristócratas, filósofos, científicos, militares de alta graduación, comerciantes enriquecidos y caballeros con peluca que conversaban sobre Newton, las luces de la razón y las nuevas ideas que comenzaban a recorrer Europa, dejando por fuera a los Masones que trabajaban con las manos, atendían una taberna, comerciaban modestamente, tocaban un instrumento, servían en un regimiento o habían llegado a la ciudad buscando una vida mejor.
                 
A mí me resulta interesante mirar a esos Masones común y corrientes que aparecen en los documentos apenas como un nombre acompañado de un oficio, una dirección, una cuota pagada o alguna observación del Secretario, porque son precisamente esos pequeños rastros los que permiten descubrir que la Masonería del siglo XVIII fue socialmente más diversa de lo que durante mucho tiempo hemos imaginado.
                 
Si tuviéramos que trasladar aquellas categorías sociales a nuestro lenguaje actual, podríamos decir que el centro de gravedad social de buena parte de aquella Masonería estaba en lo que hoy llamaríamos una clase media formada por comerciantes, maestros artesanos, profesionales, funcionarios, militares, propietarios de pequeños negocios, taberneros y hombres con oficio e ingresos relativamente estables.
                  
La Masonería de Escocia conserva registros de Logias extraordinariamente antiguos que muestran como durante buena parte del siglo XVIII convivían en ella Masones vinculados al oficio de la construcción con miembros procedentes de otros ambientes sociales. Entre aquellos documentos aparecen hombres que continuaban ganándose la vida como trabajadores y artesanos junto a otros pertenecientes a sectores más acomodados, y aquí existe una pequeña trampa del lenguaje que durante años distorsionó la imagen, pues identificar automáticamente al Masón no operativo con el gentleman dejaba prácticamente invisibles a quienes no eran canteros, pero seguían perteneciendo al mundo del trabajo obrero.
                     
Un zapatero, un carpintero o cualquier otro artesano podía ser perfectamente un Masón no operativo en el trabajo de la piedra y continuar siendo un trabajador, aunque conviene también no confundir trabajo manual con pobreza, porque dentro del mundo artesanal existían diferencias considerables y un maestro con taller propio, herramientas, clientela y aprendices podía disfrutar de una posición económica bastante estable. La verdadera frontera social de la Masonería parece encontrarse más abajo, entre quienes podían sostener una vida asociativa y quienes dependían de un jornal que apenas alcanzaba para sobrevivir.
                    
Los costos de pertenecer a una Logia tampoco fueron iguales en todas partes y este detalle resulta más importante de lo que parece, porque cada Taller administraba buena parte de su economía y encontramos diferencias considerables entre unas Logias y otras. Existieron Talleres relativamente costosos y otros bastante económicos, de manera que las cuotas no constituyeron siempre una barrera infranqueable para un artesano establecido, un pequeño comerciante o un trabajador cualificado con ingresos regulares.
                     
Bartholomew Ruspini. Royal Cumberland School, 
para hijas de Masones necesitados. Londres, 1802.
En Inglaterra la cuestión adquiere una dimensión particularmente interesante durante la segunda mitad del siglo XVIII, cuando la Masonería londinense vivió la larga confrontación entre los “Modernos” y los “Antiguos”, sobre las que investigaciones modernas han mostrado que detrás de aquella división también existían diferencias sociales importantes.
                 
Los “Antiguos”, organizados desde 1751 y profundamente marcados por la inmigración irlandesa, ampliaron considerablemente la geografía social de la Masonería inglesa al incorporar artesanos, pequeños comerciantes, trabajadores manuales e inmigrantes que tenían menor presencia en determinados ambientes de los “Modernos”. Sus registros permiten seguir nombres, profesiones, lugares de residencia y redes personales, que muestran una Masonería que había descendido varios peldaños desde los círculos de los gentlemen, profesionales acomodados y miembros del establecimiento que caracterizaron buena parte de la primera Gran Logia inglesa.
                     
Aquí aparece una frontera social especialmente interesante, porque aquella apertura hacia abajo tenía límites bastante reconocibles. La Masonería podía alcanzar al maestro artesano, al pequeño comerciante, al tabernero, al trabajador cualificado o al inmigrante que vivía regularmente de su oficio, mientras su presencia disminuía considerablemente cuando descendemos hacia el jornalero ocasional, el trabajador sin cualificación y quienes vivían en condiciones de pobreza. El dinero era una frontera, pero también lo eran el tiempo disponible, la regularidad del empleo y las relaciones personales necesarias para ingresar y permanecer dentro de una asociación voluntaria.
                    
Y había algo más difícil de medir, pero probablemente muy importante, porque ser admitido en una Logia significaba también ser reconocido como un hombre respetable, capaz de responder por su palabra, cumplir ciertas obligaciones y relacionarse con otros que estaban dispuestos a recibirlo como uno de los suyos. Para un maestro artesano, un pequeño comerciante, un tabernero o un inmigrante que intentaba abrirse camino, aquella respetabilidad podía tener un valor considerable en una sociedad en donde la confianza personal era fundamental para conseguir crédito, establecer negocios, obtener una recomendación o simplemente mejorar la posición que se ocupaba dentro de la comunidad.
                     
La solidaridad adquiría igualmente un significado muy concreto cuando una enfermedad, la pérdida del empleo, un accidente o la muerte del cabeza de familia podían destruir la seguridad económica de un hogar, y por eso resulta tan sugerente que se relacione a los “Antiguos” con el universo de aquellas asociaciones británicas de ayuda mutua en las que sus miembros aportaban recursos para protegerse colectivamente frente a determinadas contingencias de la vida.
                 
Detrás de aquellos nombres había además una experiencia humana que fácilmente se pierde cuando hablamos solamente de Obediencias, porque muchos eran inmigrantes irlandeses llegados a Londres en una época en que ser irlandés implicaba cargar con prejuicios sociales, competir por trabajo y reconstruir una red de relaciones en una ciudad en donde conocer a alguien podía hacer una diferencia considerable.
                      
Laurence Dermott constituye un personaje extraordinario para comprender aquel ambiente, porque este irlandés nacido en 1720, iniciado en Dublín y posteriormente residenciado en Londres llegó a convertirse en la figura intelectual y organizativa más importante de los “Antiguos”, mostrando hasta qué punto las redes Masónicas podían abrir espacios de reconocimiento dentro de una sociedad profundamente estratificada.
               
En Irlanda encontramos una penetración social más profunda y hacia finales del siglo XVIII la Masonería había llegado desde la propietarios rurales acomodados hasta sectores trabajadores protestantes y católicos, aunque esa apertura tampoco fue uniforme entre todas las Logias ni en todas las regiones.
                  
Las Logias militares contribuyeron poderosamente a esa extensión y cuando pensamos en ellas conviene apartar por un momento la mirada de los grandes oficiales y dirigirla hacia soldados, suboficiales y pequeños cuadros de los regimientos, porque una parte importante de la expansión internacional de la Masonería británica ocurrió precisamente a través de Masones que recorrían el mundo obedeciendo órdenes militares y cuyos nombres difícilmente habrían encontrado espacio en las grandes historias políticas de su tiempo.
                     
Por su lado, Francia ofrece un paisaje diferente y por eso la comparación resulta especialmente atractiva, pues allí la aristocracia tuvo una presencia indiscutible en la dirección de la Orden, mientras por debajo de aquella cúpula funcionaba una extensa red de Logias cuya composición podía ser bastante más variada. Allí encontramos comerciantes, profesionales, militares, artistas, músicos y personas vinculadas a numerosos oficios que hicieron de la sociabilidad Masónica uno de sus espacios de relación, mientras los costos variaban entre los Talleres y las sedes, haciendo que algunas Logias fueran más accesibles que otras.
                      
Ahora bien, sentarse alrededor de una misma mesa, participar en un ritual y llamarse Hermanos estaba todavía muy lejos de significar una igualdad social completa, porque la sociedad del siglo XVIII entraba inevitablemente con los Masones al interior de la Logia y las diferencias de nacimiento, fortuna, educación y posición continuaban pesando incluso en la manera como unos se dirigían a otros. El aristócrata y el artesano podían darse el trato de Hermanos sin que desaparecieran las formas de deferencia, tratamiento y precedencia que acompañaban sus respectivas posiciones sociales.
                 
Esa contradicción hace todavía más interesante el fenómeno, pues la Logia podía reunir bajo una misma pertenencia fraternal a hombres socialmente desiguales sin borrar las jerarquías de la sociedad que la rodeaba, y buena parte de la experiencia Masónica del siglo XVIII parece haber transcurrido dentro de esa tensión entre una fraternidad proclamada y unas diferencias sociales que continuaban siendo perfectamente visibles.
                    
Y en medio de esas diferencias se extendía un mundo de artesanos establecidos, comerciantes, funcionarios, militares, profesionales y pequeños propietarios que hoy, utilizando la expresión con prudencia, situaríamos dentro de las clases medias, acompañado por una franja de sectores medios bajos y trabajadores cualificados.
                 
Esos Masones también construyeron la Masonería, y la sostuvieron con sus cuotas, ocuparon cargos, asistieron a las Tenidas, acompañaron funerales, socorrieron a Hermanos, recomendaron candidatos, rieron en los ágapes, viajaron llevando noticias de otras Logias y cruzaron mares con un certificado Masónico guardado entre sus pertenencias.
                              
De hecho, para comprender mejor la Masonería del siglo XVIII debemos mirar menos hacia el Oriente, en donde se sentaban sus Grandes Maestros y dignidades, y más hacia las columnas, en donde permanecían aquellos Hermanos cuyos nombres rara vez encontraron un lugar en los libros de historia. 
                   
                  
                          

ORACIÓN FUNDACIONAL DE LA RESPETABLE LOGIA IRRUA No. 20

 Oriente de Manizales – Colombia
Octubre 11 de 2026 (E:. V:.)
 
Iván Herrera Michel, 95º
Rito Antiguo y Primitivo de Memphis-Mizraim

        
Parque de los Fundadores de Manizales
Ilustre Gran Maestre del Soberano Santuario del Ecuador del Rito Antiguo y Primitivo de Memphis-Mizraim, IL. H. Laura Acuña de Nájera, y Presidenta de la Federación Americana de Supremos Consejos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (FASCREAA).
               
Distinguidas autoridades de la Orden de los Ritos Unidos de Memphis & Mizraim, presentes.
            
Muy Respetable Gran Maestro de la Muy Respetable Gran Logia Central de Colombia, y Secretario General de la Conferencia Masónica Americana (COMAM), IL:. H:. Henry Polanía Triviño.
           
Muy Respetable Gran Maestra del Gran Oriente Ecuatoriano Nueva Era, IL:. H:. Marina Muñoz.
               
IL:. H:. Margarita Rojas Blanco, Representante de CLIPSAS ante las Organizaciones Masónicas Americanas, y Vocal Tesorera - Responsable de las finanzas de la Confederación Interamericana de Masonería Simbólica (CIMAS).
           
Venerable Maestro de la Respetable Logia IRRUA No. 20, IL:. H:. Manuel Ignacio Moreno Ospina.
            
Queridas Hermanas y Queridos Hermanos, en sus Grados, Oficios y Dignidades.
          
A lo largo de mi vida Masónica he participado en centenares de Tenidas y he asistido a cientos de iniciaciones de hombres y mujeres. He visto instalar Grandes Maestros y Grandes Maestras, Venerables Maestros y Venerables Maestras, consagrar Templos, celebrar aniversarios, entregar Cartas Patentes, constituir Supremos Consejos, fundar Grandes Logias y trabajar bajo muy diversos Ritos. Y, sin embargo, pocas veces he sentido con tanta intensidad el peso Iniciático de un momento como el que hoy compartimos.
                   
He aprendido durante más de cuarenta años de vida Masónica que las Logias no nacen el día en que reciben una Carta Patente, ni el día en que, como hoy, instalan su primera Enéada, ni siquiera cuando golpea por primera vez el Mallete su Venerable Maestro. Empiezan a nacer mucho antes, cuando algunas personas deciden trabajar para que un sueño pueda convertirse en realidad, incluso cuando parece lejano.
             
Quienes trabajan en el Rito de Memphis-Mizraim suelen recordar el antiguo mito egipcio. Que cuenta que cuando Seth desmembró a Osiris parecía haber triunfado el caos, pero Isis no aceptó aquella derrota. Reunió pacientemente cada fragmento disperso y gracias a esa perseverancia hizo posible el nacimiento de Horus, símbolo del renacer y de la continuidad. Dicho en palabras Masónicas, restauró el orden desde el caos porque supo reunir lo que estaba disperso.
         
Me emociona especialmente que este nuevo Taller nazca en Manizales, la Ciudad de las Puertas Abiertas. Manizales tiene una manera muy suya de recibirlo a uno, porque al abrir las puertas deja que el Volcán, con sus paisajes y sus nieblas, haga el resto. Aquí uno sube calles, baja calles, mientras respira la ciudad, y las nieblas, que están siempre presentes, nos van revelando el paisaje poco a poco. Para un costeño como yo, esta tierra tiene además una vieja resonancia intelectual. De joven leía con avidez a grandes oradores de la región como Gilberto Alzate Avendaño, el Ñito Restrepo y Otto Morales Benítez. Y, una vez que conocí el Eje Cafetero, me di cuenta de que aquí una taza de café sabe distinta.
                
Me asombra que para que nosotros estemos hoy aquí, hubo Hermanas y Hermanos tendiendo puentes desde Medellín, Quito, Sofía, Curitiba, Bogotá y Manizales, y porque conozco parte de esa historia silenciosa sé que IRRUA tiene tres nombres que, aparte de los de Roberto Luongo y Laura Acuña, merecen especial relieve. Ellos son Alejandra Echeverri Villegas, Margarita Rojas Blanco y Henry Polanía Triviño.
                
Conocí a nuestra Querida Hermana Alejandra Echeverri Villegas antes de conocer este proyecto. La conocí trabajando y compartiendo proyectos, que ya son varios, y con los años, y por su ejemplo, fui entendiendo que hay una diferencia enorme entre ocupar un cargo y asumir una responsabilidad.
                  
Durante la pandemia del COVID-19 fui testigo de una de las expresiones más auténticas de la Hospitalía Masónica que he conocido. La Q:. H:. Alejandra, sin ser médica, contribuyó decisivamente a crear y mantener una red internacional de médicos y médicas, Masones y Masonas, que compartían conocimientos, buscaban soluciones, conseguían contactos hospitalarios y acompañaban en la tragedia a Hermanos, Hermanas y allegados en distintos lugares de América y Europa. No había cámaras ni reconocimientos. Con el tiempo comprendí que aquel episodio explicaba mejor que cualquier currículo quién era nuestra Q:. H:. Alejandra, y como hacía su más fecundo trabajo lejos de los reflectores.
                     
Por su lado, Margarita Rojas Blanco representa otra dimensión igualmente necesaria. Si Alejandra encarna el trabajo silencioso, Margarita ha demostrado una especial capacidad para construir confianza y tender puentes. La diplomacia Masónica no consiste solamente en protocolos. Consiste, sobre todo, en conseguir que personas e instituciones distintas y lejanas descubran que pueden confiar unas en otras. Vi de cerca cómo nuestra Q:. H:. Margarita ayudó a convertir una aspiración distante en una realidad que hoy se materializa, y cómo puso su credibilidad, su preparación intelectual y un prestigio Masónico ganado a pulso al servicio desinteresado de la Gran Logia Central de Colombia y de la Masonería manizalita.
                
Y aquí tengo que hacer una pequeña confesión. Por momentos siento que estamos en una especie de Curitiba 2.0. Hace menos de un mes estuvimos en el Or:. de Curitiba y allí fueron elegidas las dos Hermanas que hoy tengo ante mí como autoridades continentales. Laura Acuña de Nájera asumió la Presidencia de FASCREAA y Margarita Rojas Blanco fue elegida Vocal Tesorera de CIMAS, con la responsabilidad de las finanzas. Tengo ante mí, pues, a dos autoridades continentales, además del Secretario General de COMAM, que hacen que esta fundación de IRRUA se haya convertido, sin proponérnoslo, en un encuentro de dimensión internacional, que soy el primero en admirar.
               
También en Curitiba ocurrió algo que tiene una relación directa con lo que hacemos hoy. Allí el IL:. H:. Roberto Luongo y la IL:. H:. Laura Acuña de Nájera entregaron a la Gran Logia Central de Colombia la Carta Patente que autoriza y legitima la práctica regular del Rito Antiguo y Primitivo de Memphis-Mizraim en su seno. Por eso, lo que hoy hacemos aquí nace amparado por una cadena de transmisión y una autorización formalmente recibida. No estamos improvisando un Rito ni tomando prestada una tradición. Estamos fundando en Manizales un Taller que nace bajo esa cadena de transmisión y esa autorización formal.
                   
En esta historia debo también resaltar, de manera especial, la labor y el trabajo del Muy Respetable Gran Maestro, IL:. H:. Henry Polanía Triviño, quien respaldó este proyecto desde la Gran Maestría y estuvo dispuesto siempre a abrirle una nueva puerta de inspiración egipcia a la Masonería colombiana. Su apoyo dio al proyecto el necesario marco Obediencial, la solidez institucional y el reconocimiento indispensable para que todo lo demás pudiera consolidarse.
………………………
                      
Queridas Hermanas y Hermanos, déjenme, por favor, decirles que para mí el Eje Cafetero posee una importancia capital.
                    
Hoy recuerdo de manera particular a Fabio Echeverri Mejía, hoy en el Or:. Eter:., aquel antiguo Maestro y guía de mi juventud Masónica. Hoy sus hijos Marcelo y Alejandra y su nieta Juliana, desde contextos distintos, continúan su camino y trabajan para que otros encuentren un camino ya abierto. Con él, hace tres décadas trabajé en los Or:. de Pereira, Cartagena, Cali y Bogotá. Él, un viejo Masón ejemplo de decoro y dignidad en épocas difíciles para la Masonería colombiana, y yo un joven Masón costeño, privilegiado por ser testigo de su ejemplo y luces
              
También me viene a la mente que en el Or:. de Pereira, en esos mismos años, que compartí trabajos con mi Q:. H:. Fernando Duque, hoy en el Or:. Eter:., mientras nuestra Q:. H:. Diana María Palacio, su esposa, la primera mujer Masona que vi en mi vida, y aguerrida compañera de lucha por una Masonería incluyente, también aquí presente, nos esperaba en la Sala de Pasos Perdidos porque la discriminación nacional contra las mujeres en esos días no la dejaba participar en los trabajos logiales.
                     
………………………
 
Ahora que IRRUA abre sus trabajos, las columnas que de verdad habrán de sostenerla no serán solamente las que vemos en este Templo Pro Tempore. Serán la honestidad intelectual con la que estudien, la tolerancia con la que escuchen, la serenidad con la que administren sus diferencias, la rectitud con la que ejerzan la autoridad, la humildad con la que acepten sus errores, la generosidad con la que formen nuevos Masones y Masonas y la coherencia con la que vivan fuera del Templo Masónico aquello que allí proclaman. Esas serán las verdaderas columnas de esta Logia.
                 
A su Venerable Maestro, nuestro Q:. H:. Manuel Ignacio Moreno Ospina, y a la primera Enéada que él preside, les corresponde ahora la responsabilidad de hacer que esta Logia, no solo perdure, sino que además merezca perdurar.
                 
A partir de hoy la historia de IRRUA deja de pertenecer a quienes hicieron posible su nacimiento y comienza a pertenecer a quienes trabajarán a partir de ahora en sus columnas. Lo que nosotros podamos decir en el día de hoy será apenas un prólogo, en el mejor de los casos, porque las páginas verdaderamente importantes comenzarán a escribirse mañana.
               
Cuando uno mira hacia atrás comprende que la historia de hoy comenzó en muchos lugares y en distintos momentos. Comenzó también cuando Fabio Echeverri Mejía sembró en su hogar una manera de entender la Masonería. Continuó cuando su hija y su nieta se negaron a dejar morir un sueño y encontraron a otros Masones y Masonas dispuestos a creer en él. Margarita Rojas ayudó a abrir puertas y construir relaciones. Henry Polanía les dio respaldo desde la Gran Maestría. Laura Acuña y Roberto Luongo aportaron la legitimidad ritual e institucional que llegó hasta nosotros en Curitiba. Y hoy Manizales se unen todos esos derroteros en un mismo Templo.
         
Por eso el viejo relato de Osiris resulta tan cercano a este momento. Nos recuerda que aquello que parece disperso puede volver a reunirse y que del caos puede surgir nuevamente un orden cuando hay inteligencia, perseverancia, fraternidad y compromiso. De ahí que un mito tan antiguo sigua teniendo algo que decirle a la Masonería del siglo XXI y, por supuesto, a quienes hoy estamos aquí.
              
Antes de terminar quiero agradecer de manera muy especial a la IL:. H:. Laura Acuña de Nájera. Gracias por este nuevo compromiso, por las luces que hoy regala a la Masonería colombiana y porque este gesto ratifica una amistad Masónica Colombo – Ecuatoriana que ya tiene décadas. Y a través suyo, extiendo también nuestro reconocimiento al IL:. H:. Roberto Luongo, Gran Hierofante del Santuario de Memphis-Mizraim de la Gran Logia Madre CAMEA, con sede en el Oriente de Milán, Italia, por la confianza depositada en la Gran Logia Central de Colombia y por haber hecho posible, junto con nuestra IL.: H:. Laura, que esta cadena llegara legítimamente hasta nosotros.
             
Y no puedo dejar de agradecer a la ilustre y elegante comitiva que nos acompaña desde la República del Ecuador. Sabemos que este viaje ha sido realizado con recursos propios y solo movido por el compromiso con Memphis-Mizraim y por el deseo de acompañar el nacimiento de IRRUA.
           
Ese gesto de desprendimiento y afecto honra esta ceremonia y quedará en la memoria de esta Logia y en nuestros corazones.
            
Muchas gracias.
            

Es mi palabra.

DOS DISCURSOS DEL SIGLO XVIII PARA PENSAR EL SIGLO XXI

Por Iván Herrera Michel
Coloquio de FASCREAA - 21/09/2026 (E:. V:.)
            
Hace apenas unas semanas vimos a decenas de miles de personas intentar entrar a Ceuta. Hubo muertos, familias separadas, personas devueltas y miles que quedaron en una situación incierta. La crisis volvió a preguntar qué hacer con el ser humano necesitado que llega a nuestras puertas. En Estados Unidos se han intensificado las detenciones y deportaciones de inmigrantes y se están enviando a terceros países con los que no tienen relación alguna. Y en Colombia el presidente acaba de ordenar la expulsión de cerca de un millón de venezolanos.
         
Pensando en esto, volví a los discursos de Andrew Michael Ramsay. Estamos en el París de 1736, en donde acababa de aparecer una Masonería todavía pequeña, novedosa y lo suficientemente extraña como para comenzar a generar curiosidad y desconfianza. Allí encontramos a Andrew Michael Ramsay. No era un revolucionario ni tiene sentido convertirlo ahora en uno. Él era un hombre de su tiempo, subordinado a las jerarquías católicas. De hecho, el segundo de sus famosos discurso no lo leyó porque le pidió permiso a un cardenal y se lo negaron.
              
Este año se cumplen 290 años del primer discurso de 1736 y sí me parece una buena ocasión para volver a leerlo. No tanto para conmemorar un documento antiguo como para preguntarnos cuánto de aquella República universal imaginada por Ramsay sigue siendo, casi tres siglos después, una tarea pendiente. En un mundo en el que expulsamos de nuestro lado al necesitado, Ramsay habla de cruzar fronteras, y hoy veo a Masones del Rito Escocés Antiguo y Aceptado cerrándolas.
                     
Se ha escrito muchísimo sobre la conocida historia de los cruzados en los discursos de Ramsay y, francamente, creo que los cruzados son hoy la parte menos interesante de sus discursos. Lo que me llama la atención es otra cosa.
                     
Y aquí creo que conviene apartarse de una lectura que se ha vuelto casi rutinaria.
                         
Se equivocan, a mi juicio, quienes buscan el núcleo de los discursos de Ramsay en la historia, la religión o el esoterismo. El núcleo duro de los discursos es, en buena medida, geopolítico. Ramsay está pensando cómo pueden relacionarse seres humanos pertenecientes a naciones distintas en una Europa dividida por fronteras, rivalidades dinásticas, guerras y diferencias religiosas. 
          
Su pregunta de fondo no es solamente de dónde vienen los masones. Es mucho más interesante. Se pregunta cómo una fraternidad puede crear vínculos entre personas que los Estados, las religiones y las circunstancias políticas mantienen separadas. Por eso habla de naciones. Por eso habla de fronteras. Por eso advierte contra un amor a la patria que termine disminuyendo el amor a la humanidad. Y por eso llega a esa imagen extraordinaria del mundo como una gran República, de las naciones como familias y de los seres humanos como sus hijos.
                      
Y es difícil leer hoy esas palabras sin regresar mentalmente a Ceuta, a los Estados Unidos y a Colombia. No porque Ramsay nos ofrezca una política migratoria para el siglo XXI. Sería absurdo buscarla en un texto de 1736. Lo que ofrece es una pregunta anterior a cualquier política migratoria sobre hasta dónde llega nuestra idea de humanidad cuando quien está delante de nosotros tiene hambre. Hablamos de fraternidad universal, pero los prejuicios del mundo exterior entran con nosotros. 

La exaltación de la nacionalidad, la desconfianza hacia el extranjero, la resistencia a la igualdad entre mujeres y hombres, la validación de sociedades jerarquizadas o la pretensión de convertir determinadas creencias de la Nueva Era en una especie de adoctrinamiento interno también existen entre los Masones.

Y la crítica tiene que ser completa. Quienes nos consideramos liberales, adogmáticos o progresistas tampoco tenemos certificado de inmunidad contra el dogmatismo. Defendemos la libertad absoluta de conciencia mientras miramos con superioridad a quien tiene una fe religiosa. Hablamos de diversidad y terminamos rodeados únicamente de personas que piensan como nosotros. Reivindicamos el pensamiento crítico mientras convertimos nuestras propias convicciones en asuntos sobre los que no admitimos discusión. 
                
La pregunta que nos corresponde hoy reflexionar es sobre qué Masonería necesita el 2026. Algunas respuestas parecen bastante claras. Una Masonería que entonces fue pensada para hombres debe concebirse como un espacio compartido por mujeres y hombres. La tolerancia religiosa debe avanzar hacia una libertad de conciencia que incluya a quien cree, a quien duda y a quien no cree. El cosmopolitismo europeo de Ramsay debe abrirse a culturas que aquel mundo no conocía.
                   
Porque si después de 290 años, todavía los Masones queremos construir una república universal lo suficientemente amplia como para eliminar las fronteras, significa que Ramsay nos siguen hablando.
                    
Muchas gracias.
                  
                      

miércoles, 30 de septiembre de 2026

"ENTRE DOS COLUMNAS". UN LIBRO PARA SEGUIR CONVERSANDO

 Por Iván Herrera Michel
           
He recibido con mucho agradecimiento el libro "Entre dos Columnas. Reflexiones de un itinerario Masónico", de nuestro Q:. H:. Teófilo Amores Mendoza, y me alegra tenerlo entre mis manos por el gesto fraternal que acompaña su llegada y por los asuntos que pone sobre la mesa para conversar con calma.
      
Teófilo Amores Mendoza es abogado y Licenciado en Derecho y pertenece a la Respetable Logia Simbólica Helmántica No. 182, en el Or:. de Salamanca, integrada en la Gran Logia Provincial de Castilla de la Gran Logia de España. Su libro reúne una experiencia personal que ha ido tomando forma en reflexiones sobre el simbolismo y sobre lo que hacemos con él en nuestra vida. Hay algo muy generoso en compartir ese recorrido, con sus preguntas y sus aprendizajes, y dejarlo al alcance de otros.
                
A lo largo de setenta capítulos aparecen las herramientas, las Columnas, los viajes, la Cadena de Unión, Hiram y la Palabra Perdida. Pero también encuentran su lugar el ego, el fanatismo, la libertad de conciencia, la capacidad de escuchar, la enfermedad y la vulnerabilidad. Esa compañía me parece especialmente afortunada. Al fin y al cabo, quienes entramos a una Logia llevamos con nosotros todo lo que somos, incluidas nuestras contradicciones.
                   
Me interesa mucho la presencia de la libertad de conciencia y del diálogo en este itinerario porque son temas con los que siento una cercanía inmediata. Podemos hablar largamente de la búsqueda de la verdad, pero esa búsqueda necesita espacio para preguntar, disentir y revisar lo que ayer parecía definitivo. También requiere admitir que alguien puede pensar de otra manera y tener algo valioso que enseñarnos.
                 
Los asuntos que propone Teófilo Amores dan pie a una reflexión muy necesaria sobre nuestras costumbres Masónicas. Saber esperar, saber escuchar, reconocer los propios límites y examinar el ego son ejercicios que tienen consecuencias concretas en la convivencia. Se sienten en una Tenida cuando una intervención distinta recibe atención, cuando un Hermano o una Hermana puede expresar una duda sin sentirse incómodo o cuando quien tiene más experiencia conserva la disposición de aprender.
                
Por eso me llama particularmente la atención el capítulo dedicado a transmitir sin imponer. Allí hay una conversación que nuestras Logias deben mantener abierta. Compartir lo aprendido exige paciencia, respeto por el ritmo ajeno y confianza en la capacidad del otro para formar su propio criterio. Es una manera de entender la instrucción cercana a la fraternidad.
                  
También encuentro sugerente que la Maestría aparezca acompañada de la vulnerabilidad, la conducta y la vida cotidiana. Es una asociación que invita a bajar las reflexiones del pedestal y acercarlas a nuestras relaciones, a nuestras decisiones y a la manera de asumir las dificultades. Los años, los Cargos y los Grados pueden aportar experiencia y con ella debería crecer también la sensibilidad para comprender a los demás.
                    
Entre las páginas que más agradezco está la reflexión sobre la generosidad y el conocimiento compartido. Me deja pensando en cuánto de lo aprendido adquiere verdadero sentido cuando ayuda a otra persona. Una explicación ofrecida con cariño, una experiencia puesta en común o una conversación oportuna pueden prolongar el trabajo de una Logia mucho más allá de sus reuniones.
                     
El cierre, Nunc coepi, "Ahora empiezo", tiene un encanto especial. Después de todo un recorrido, queda todavía la posibilidad de comenzar. Me parece una muy buena disposición para cualquier etapa Masónica, porque siempre habrá una pregunta pendiente, una conducta que mejorar y alguien a quien escuchar con atención.
                   
Recomiendo con mucho gusto "Entre dos Columnas" a quienes disfrutan una Masonería que se pregunta por sus efectos en la vida real. Sus temas ofrecen materia para la reflexión personal y para las conversaciones que continúan después de cerrar los trabajos.
                      
Y vuelvo al agradecimiento con el que comencé. 
                  
Gracias, Querido Hermano Teófilo, por este libro y por la generosidad de compartir tu camino. Ha llegado a mis manos como un regalo fraternal y quiero que estas palabras ayuden a ponerlo en otras manos para así seguir creciendo la conversación.
                
Para quienes deseen adquirirlo, el libro se encuentra disponible en Amazon.es
                            
                              
                                

                           

jueves, 24 de septiembre de 2026

UN DISCURSO DE 1736 PARA PENSAR EL SIGLO XXI

Reseña de mi Ponencia en el 9º Coloquio de la Federación Americana de Supremos Consejos del REAA (FASCREAA) celebrado en el Or:. de Curitiba, Brasil, el 20 de septiembre de 2026

Por Iván Herrera Michel

          
Hace apenas unas semanas vimos a decenas de miles de personas intentar entrar a Ceuta. Hubo muertos, familias separadas, personas devueltas y miles que quedaron en una situación incierta. La crisis volvió a preguntar qué hacer con el ser humano necesitado que llega a nuestras puertas. En Estados Unidos se han intensificado las detenciones y deportaciones de inmigrantes y se están enviando a terceros países con los que no tienen relación alguna. Y en Colombia el presidente acaba de ordenar la expulsión de cerca de un millón de venezolanos.
                  
Pensando en esto, volví a los discursos de Andrew Michael Ramsay y en lo que en ellos puede servirnos de inspiración en el siglo XXI. Estamos en el París de 1736, en donde acaba de aparecer una Masonería todavía pequeña, novedosa y lo suficientemente extraña como para comenzar a generar curiosidad y desconfianza. Allí encontramos a Andrew Michael Ramsay. No era un revolucionario ni tiene sentido convertirlo ahora en uno. Él era un hombre de su tiempo, subordinado a las jerarquías católicas. De hecho, el segundo de sus famosos discurso no lo leyó porque le pidió permiso a un cardenal y se lo negaron.
                 
En este año en que se cumplen 290 años del primer discurso de 1736, sí me parece una buena oportunidad para volver a releerlo. No tanto para conmemorar un documento antiguo como para preguntarnos cuánto de aquella República universal imaginada por Ramsay sigue siendo, casi tres siglos después, una inspiración para quienes practican el REAA. En un mundo en el que expulsamos de nuestro lado al necesitado, Ramsay habla de cruzar fronteras.
                    
Se ha escrito muchísimo sobre la conocida historia de los cruzados en sus discursos y, francamente, creo que los cruzados son hoy la parte menos interesante de sus discursos. Más que este mito, lo que me llama la atención es otra cosa.
                   
Y aquí creo que conviene apartarse de una lectura que se ha vuelto casi rutinaria. Se equivocan, a mi juicio, quienes buscan el núcleo de los discursos de Ramsay en la historia, la religión o el esoterismo. Para mí el núcleo duro de los discursos es, en buena medida, geopolítico. Ramsay está pensando cómo pueden relacionarse seres humanos pertenecientes a naciones distintas en una Europa dividida por fronteras, rivalidades dinásticas, guerras y diferencias religiosas. Su pregunta de fondo no es solamente de dónde vienen los Masones. Es mucho más interesante. Ofrece una fraternidad que cree vínculos entre personas que los Estados, las religiones y las circunstancias políticas mantienen separadas. Por eso habla de naciones. Por eso habla de fronteras. Por eso advierte contra un amor a la patria que termine disminuyendo el amor a la humanidad. Y por eso llega a esa imagen extraordinaria del mundo como una gran República, de las naciones como familias y de los seres humanos como sus hijos.
              
Y es difícil leer hoy esas palabras sin regresar a Ceuta, a los Estados Unidos y a Colombia. No porque Ramsay nos ofrezca una política migratoria para el siglo XXI. Sería absurdo buscarla en un texto de 1736. Lo que ofrece es una interpelación anterior a cualquier política migratoria sobre hasta dónde llega nuestra idea y nuestros límites humanitarios cuando quien está delante de nosotros tiene hambre.
                   
A veces hablamos de fraternidad universal, pero los prejuicios del mundo exterior entran con nosotros. La exaltación de la nacionalidad, la desconfianza hacia el extranjero, la validación de sociedades jerarquizadas y la pretensión de catequizar con nuestras creencias también existe.entre los Masones.
               
Quienes nos consideramos liberales, adogmáticos o progresistas tampoco tenemos certificado de inmunidad contra el dogmatismo. Defendemos la libertad absoluta de conciencia mientras miramos con superioridad a quien tiene una fe religiosa. Hemos pasado de interpretar el símbolo del Gran Arquitecto del Universo a la prohibición de mencionarlo. Hablamos de diversidad y terminamos rodeados únicamente de personas que piensan como nosotros. Reivindicamos el pensamiento crítico mientras convertimos nuestras propias convicciones en asuntos sobre los que no admitimos discusión.
                 
Todo eso es contrario al espíritu de tolerancia cosmopolita de Ramsay.
            
Porque si después de 290 años, los Masones seguimos inspirándonos en la construcción de una república universal sin fronteras, significa que Ramsay nos sigue inspirando a través de la práctica del REAA.
        
Muchas gracias.
                        
                             

viernes, 11 de septiembre de 2026

EL MITO MASÓNICO DEL HOSPITAL DE BARRANQUILLA

 Por Iván Herrera Michel
            
Durante muchos años se ha repetido que el Hospital de Caridad, antecedente del actual Hospital General de Barranquilla, fue creado y construido por la Sociedad Hermanos de la Caridad, integrada supuestamente por Masones vinculados con la Logia El Siglo XIX No. 24. Sin embargo, cuando se separa la tradición de los hechos documentados, la historia resulta diferente.
            
Es cierto que en su acta fundacional del 9 de mayo de 1867 la Sociedad Hermanos de la Caridad acordó propender al establecimiento de un hospital, pero expresar un propósito no equivale a crear jurídicamente una institución, financiarla ni construirla.
          
De hecho, la creación efectiva del Hospital de Caridad fue dispuesta mediante una ley de la Asamblea Legislativa del Estado Soberano de Bolívar del 5 de octubre de 1871, expedida después de que las difíciles condiciones sanitarias de Barranquilla, agravadas por la epidemia de tabardillo (tifus exantemático, una enfermedad infecciosa grave y potencialmente mortal), dejaran en evidencia la urgente necesidad de contar con un establecimiento hospitalario.
                  
La ley ordenó establecer el hospital y apropió seis mil pesos, que, al resultar insuficientes, el 15 de febrero de 1872 se crearon dos “Comisiones Hospitalarias”, una de hombres y otra de mujeres, encargadas de cooperar en su realización, completamente independientes de la Sociedad Hermanos de la Caridad y de cualquier Logia Masónica que funcionara en Barranquilla.
            
Más adelante aparece la Junta Directiva del Hospital de Caridad, encargada de impulsar y administrar el hospital, presidida por Julián Ponce, quien consiguió una casa en donde instaló algunas camas, adquirió el terreno en el cual se levantaría el edificio, promovió su construcción y gestionó la llegada de las Hermanas Dominicas de la Presentación, encargadas de administrarlo desde su apertura en 1876.
             
Después de Julián Ponce siguieron como presidentes de la Junta Directiva del Hospital Mauricio Buitrago, Manuel Insignares, Arturo Aycardi, José Víctor Dugand y Rogelio García, de quienes tampoco existe constancia documental verificable de que alguno de ellos hubiera sido miembro de la Sociedad Hermanos de la Caridad o de la Masonería barranquillera.
                    
Lo mismo sucede con Julián Ponce. Hasta ahora no se conoce un documento contemporáneo público o privado del que se pruebe o se deduzca que hubiera sido Masón o integrante de la Sociedad Hermanos de la Caridad.
                   
Por su parte, la Junta del Hospital tenía naturaleza pública, aunque estuviera integrada por ciudadanos particulares y recurriera a colectas y donaciones. Su actuación provenía de una decisión de la Asamblea Legislativa, contaba con una apropiación inicial del tesoro público y estaba destinada a establecer y administrar una institución de beneficencia pública. Lo cual correspondía al modelo habitual del siglo XIX, en el que el Estado confiaba determinadas funciones sociales a juntas de ciudadanos notables.
          
Y no estamos hablando de una institución menor. Desde que abrió sus puertas en 1876, el Hospital de Caridad se convirtió en el principal refugio de salud de los sectores populares de Barranquilla, atendió enfermos durante epidemias, recibió heridos en las guerras civiles, formó generaciones de médicos y acompañó el crecimiento de la ciudad durante siglo y medio. Cambió de nombre, fue ampliado, atravesó crisis y transformaciones, pero nunca perdió su condición de hospital público al servicio de quienes más lo necesitaban. Buena parte de la historia social y médica de Barranquilla pasó por sus salas, habitaciones y quirofanos, de manera que aclarar su verdadero origen es una forma de reconocer con justicia el valor de una de las instituciones más antiguas y queridas de la ciudad.
               
En honor a la verdad, la Sociedad Hermanos de la Caridad tuvo el mérito de incluirlo entre sus aspiraciones, pero los documentos conocidos muestran que fue el Estado Soberano de Bolívar el que le dio existencia jurídica, aportó los primeros recursos y promovió las “Comisiones Hospitalarias” que lo convirtieron en realidad. La historia no se aclara repitiendo durante muchos años una versión, sino preguntando qué documento la respalda.
         
El mito Masónico que ha hecho carrera consiste en afirmar que la Sociedad Hermanos de la Caridad y/o la Masonería crearon, construyeron, financiaron o fueron propietaria del Hospital de Caridad sin contar con documentos que lo prueben. Reconocerlo no disminuye la importancia histórica de ninguna institución.
      
Simplemente devuelve a la verdad histórica el lugar que realmente le corresponde, y no le hace daño a nadie.
                    
                           

 

jueves, 27 de agosto de 2026

LLEGAN LOS PRIMEROS MAESTROS MASONES FORMADOS CON IA

Por Iván Herrera Michel
                  
Después de algo más de tres años y medio de hacer su debut público la IA, estamos viendo llegar a la Maestría a los primeros Masones cuya carrera ha transcurrido totalmente con una inteligencia artificial (IA) a la mano.
                
De hecho, las IAs para estos nuevos Maestros no representan una ruptura con una tradición, sino un ambiente sociológico normal en el que pueden someter a examen las instrucciones que reciben y ser menos dependientes del prestigio de los nombres y más respetuosos de la solidez de los argumentos. Una contingencia que resulta especialmente trascendental en la Masonería, que es un fenómeno con una mezcla muy rica de alegoría, simbolismo, tradición y especulación.
                           
Por ejemplo, durante los tres siglos de existencia de la Masonería han circulado falsos históricos que pretenden vincular a la Masonería con los constructores de las pirámides, los templarios, los misterios de Egipto, las escuelas pitagóricas o innumerables personajes bíblicos y no bíblicos. Ahora el nuevo Masón con una IA a la mano puede preguntar por la validez de esas narraciones, comparar versiones, averiguar qué evidencias existen al respecto y descubrir quién ofrece pruebas, quién propone una interpretación y quién repite algo que no corresponde a la realidad histórica.
                                
En honor a la verdad, hay que aceptar que la IA los ha ayudado a expresar mejor lo que piensan, e incluso les ha mostrado que todavía no habían pensado suficientemente un asunto, señalado contradicciones, recomendado precisiones y sugerido matices. Una de las contribuciones más interesantes de esta tecnología es que los obligó a formular mejores preguntas, porque no es lo mismo preguntar cuál es el significado de un símbolo que preguntar cuándo apareció, en qué Rito se utiliza, qué dicen los documentos más antiguos o cómo fue interpretado por determinado autor o corriente Masónica. Tampoco es lo mismo preguntar si un personaje fue Masón que solicitar las pruebas de su Iniciación, la Logia a la que perteneció o la fuente contemporánea que lo confirma.
                      
Así las cosas, en sana critica podemos preguntarnos qué significa ahora trabajar Masónicamente. Porque si una inteligencia artificial puede redactar una Plancha, explicar un símbolo, resumir un libro, comparar Rituales y localizar en segundos una referencia histórica que antes exigía horas o días de búsqueda, ninguna de esas actividades, tomadas aislada o conjuntamente, puede seguir definiendo lo que entendemos por trabajo Masónico.
                        
Tal vez la IA nos esté obligando a reconocer que el trabajo Masónico comienza realmente después de recibir la información. Comienza cuando el Masón la contrasta con su propia conciencia, la somete a juicio, la confronta fraternalmente con otros y permite que aquello que ha comprendido modifique en algo su manera de pensar, de convivir o de actuar. Una máquina puede ayudarnos a escribir una magnífica Plancha sobre la tolerancia, pero no puede practicar la tolerancia por nosotros. Puede explicarnos durante horas el simbolismo de la Piedra Bruta, pero no puede desbastar nuestras aristas. Puede describir perfectamente qué significa la fraternidad, pero no puede reconciliarnos con un Hermano con quien estamos distanciados. Y puede producir un texto impecable para una Tenida, pero no puede vivirla.
                                 
Esto introduce además un cambio en algo muy humano dentro de la propia Masonería como es el prestigio del conocimiento. Durante mucho tiempo, quien poseía una buena biblioteca, recordaba muchos autores, conocía mejor los Rituales o llevaba décadas en la Orden disponía de un capital intelectual difícil de alcanzar para un recién iniciado. Hoy buena parte de esa información está disponible en segundos, y eso desplaza el valor desde la posesión del conocimiento hacia la capacidad de comprenderlo, cuestionarlo, relacionarlo y convertirlo en criterio propio.
                                  
Quizá por eso el Masón que viene no será necesariamente más valioso porque sepa más cosas, sino porque sepa discernir mejor. El prestigio podría pasar del que acumula respuestas al que formula mejores preguntas, del que cita más autores al que sabe distinguir una fuente sólida, y del que presenta la Plancha más erudita al que logra convertir el conocimiento en reflexión compartida y, sobre todo, en conducta.
                          
Pero quizá el cambio más profundo consista en la aparición de un nuevo tipo de actor Masónico que está acostumbrado a no recibir una respuesta sin volver a preguntar. Y eso no tiene por qué empobrecer a la Masonería, porque un mito o una alegoría puede contener una enseñanza profunda sin que tengamos que presentarlo como un acontecimiento real, y una tradición puede ser muy hermosa y significativa sin que debamos convertirla artificialmente en historia.
                                
Y posiblemente allí esté el verdadero desafío que nos plantea la inteligencia artificial. No preguntarnos si una máquina puede hacer una Plancha Masónica, porque evidentemente puede hacerla, sino preguntarnos qué hacemos nosotros con esa Plancha después de leerla. Porque si trabajar Masónicamente consiste únicamente en reunir información, redactarla y exponerla en Logia, la inteligencia artificial puede hacer una muy buena parte de ese trabajo, y muchas veces mejor que nosotros. Pero si consiste en convertir conocimiento en conciencia, conciencia en diálogo y diálogo en una manera distinta de relacionarnos con nosotros mismos, con nuestros Hermanos y con la sociedad, entonces la herramienta habrá cambiado, pero el trabajo seguirá siendo profundamente humano.
                               

Y aquí aparece la extraordinaria paradoja de que mientras más tecnológica se vuelve la sociedad, más valor puede adquirir aquello que la Masonería conserva de profundamente humano.

                       

                            

                                       

sábado, 22 de agosto de 2026

LAS CUATRO LOGIAS “BARRANQUILLA” DE BARANQUILLA

Por Iván Herrera Michel
                    
La historia de las cuatro Logias tituladas "Barranquilla" es más compleja de lo que parece y es un reflejo fiel de los asvatares de la Masonería de la ciudad en el siglo XX. 

Al revisar cuidadosamente las fechas, las Cartas Constitutivas y los cambios de Obediencia, todo indica que desde 1919 en Barranquilla han existido cuatro Logias diferentes con el nombre de la ciudad. Una de ellas conserva la continuidad histórica desde la segunda decada de la centuria, y las otras tres fueron creadas posteriormente y retomaron el nombre y parte de la numeración, sin heredar por ello la antigüedad ni la  Carta Patente original.
      
LA PRIMERA LOGIA BARRANQUILLA
 
Américo Carnicelli cuenta en su “Historia de la Masonería Colombiana, 1833-1940”, tomo II, publicada en Bogotá en 1975, que el Supremo Consejo Neogranadino promovió en Barranquilla las Logias Astrea N.º 56, Siglo XX N.º 60, Minerva N.º 5 y Barranquilla N.º 1. Estos Talleres constituyeron en 1919 la llamada Soberana Gran Logia de Colombia, una Obediencia que tuvo una existencia muy breve. Carnicelli también afirma que, después de la desaparición de aquella Gran Logia, únicamente la Logia Barranquilla logró sostenerse, aunque “con muchos esfuerzos” (Historia de la Masonería Colombiana, 1833-1940, tomo II, pp. 73-74).
                    
De todos modos, la fecha reconocida como oficial de su fundación es el 20 de enero de 1920, cuando recibió del Supremo Consejo Neogranadino su  Carta Patente como Logia Barranquilla N.º 1. El documento original se conserva y se exhibe actualmente en la sede de la Gran Logia del Norte de Colombia, en Barranquilla.
                   
En agosto de 1921, después del tratado suscrito en Barranquilla el 11 de agosto de ese año entre el Supremo Consejo Neogranadino, la Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Barranquilla y la Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Cartagena, el Taller pasó a la jurisdicción de la Gran Logia Nacional de Colombia. Desde entonces adoptó la numeración Barranquilla N.º 1-8, en donde el 1 correspondía a su número original bajo el Supremo Consejo y el 8 a su lugar dentro de la Gran Logia Nacional.
           
Allí trabajó durante casi setenta años y su salida se produjo como consecuencia del cisma que vivió la Masonería colombiana en la década de 1980. En virtud de que mediante la Resolución N.º 1 del 2 de febrero de 1990, los catorce Maestros Masones presentes en una Tenida citada para decidir sobre el futuro de la Logia aprobaron por unanimidad, sin abstenciones, votos en blanco ni votos negativo, el retiro de la Logia de la Gran Logia Nacional de Colombia.
         
La desvinculación se hizo efectiva el 20 de abril de 1990, cuando la Logia pasó a sumarse al movimiento del cual surgió la Gran Logia del Norte de Colombia, constituida formalmente cinco días después, el 25 de abril de 1990. Desde entonces continuó trabajando como Barranquilla N.º 1-8-1, en virtud de que su Nueva Gran Logia le otorgó el número 1 por ser la más antigua de las fundadoras.
               
Aquí no hubo una desaparición ni una nueva fundación. La Logia cambió de obediencia por decisión propia, y conservó su Carta Patente, sus miembros y su memoria institucional. Por esa razón, la línea histórica nacida en 1920 continúa actualmente en la Gran Logia del Norte de Colombia.
              
Al cumplir ochenta años, en el año 2000, el Taller recibió el título de “Benemérita” y el 20 de enero de 2020 fue reconocida como “Centenaria” en una Tenida Extraordinaria y Solemne celebrada ese día.
          
LA SEGUNDA LOGIA BARRANQUILLA
              
Después de que la Logia se retirara en 1990, la Gran Logia Nacional de Colombia volvió a contar con un Taller denominado Barranquilla N.º 1-8 integrado por algunos pocos miembros que se arrepintieron del retiro y algunos Masones vinculados por el Gran Maestro para completar el número de 7 Maestros.
                 
Esta segunda Logia es importante para entender lo que vino después, porque de ella se separó el grupo que terminó formando una tercera Logia Barranquilla, esta vez dentro de la Federación Colombiana de Logias Masónicas.
               
En cualquier caso, esta segunda Barranquilla N.º 1-8 no era la Logia histórica de 1920 y no poseía la Carta Patente original, ni la mayoría de los miembros, ni la continuidad documental que había pasado a la Gran Logia del Norte.
                   
LA TERCERA LOGIA BARRANQUILLA
                
Posteriormente, un grupo de Masones de aquella segunda Logia Barranquilla N.º 1-8 decidió desvincularse de la Gran Logia Nacional de Colombia y organizar un nuevo Taller dentro de la Federación Colombiana de Logias Masónicas. La nueva Logia adoptó el nombre Barranquilla N.º 1-8-8 por ser la octava en vincularse a la Federación. Esta tercera Logia Barranquilla recibió Carta Patente de la Federación el primero de noviembre del año 2007, el mismo día en que la Federación celebraba un año de existencia y  ya contaba con siete Logias.
               
En todo caso, esta tercera Logia Barranquilla es un Taller nuevo, que tomó también el nombre de la anterior y parte de su numeración, pero no posee continuidad histórica institucional con la Logia fundada en 1920.
            
LA CUARTA LOGIA BARRANQUILLA
             
Así las cosas, mediante el Decreto N.º 031 del 5 de febrero del año 2020, la Gran Logia Nacional de Colombia autorizó el “Levantamiento de Columnas” de una Logia llamada nuevamente Barranquilla N.º 1-8 y le entregó una Carta Constitutiva.
                       
El lenguaje empleado en el decreto resulta esclarecedor. No habla de devolver la Carta Patente de 1920, reabrir una Logia temporalmente en sueños o reconocer la continuidad de un Taller anterior. Autoriza un “Levantamiento de Columnas” y dispone la entrega de una Carta Constitutiva. Todo prueba, por consiguiente, que se trató de una nueva organización formal.
                       
El decreto del año 2020 también permite inferir que la Logia Barranquilla creada o reorganizada por la Gran Logia Nacional después del cisma ya no estaba trabajando normalmente. Si hubiera permanecido activa y conservado su Carta Constitutiva, no habría sido necesario autorizar nuevamente el levantamiento de columnas y entregar otra Carta.
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NOTA PERSONAL: Por esas vueltas que da la vida Masónica, en diferentes etapas de la mía, y por diferentes razones y contextos, he sido distinguido como Miembro Honorario tanto de la histórica Logia Barranquilla fundada en 1920, como de la Logia Barranquilla del año 2007. Esa doble cercanía, lejos de llevarme a reclamar para una la historia de la otra, me ha llevado siempre a interesarme por esta parte de nuestra historia barranquillera.