Por Iván Herrera Michel
Desde hace algunos años y, especialmente, durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026 en Colombia, he observado con especial preocupación cómo el legítimo intercambio de opiniones políticas entre Masones ha ido desplazándose hacia formas cada vez más evidentes y agresivas de proselitismo partidista. Se trata de un fenómeno que merece atención, no por las ideas que cada cual defiende, sino por el uso de canales Masónicos para promover candidaturas y trasladar a la fraternidad las dinámicas de confrontación propias de las campañas electorales.
No me refiero al intercambio respetuoso de opiniones políticas, que siempre será legítimo. Los Masones son ciudadanos antes que Masones y es natural que tengan posiciones distintas sobre gobiernos, partidos y candidatos.
Lo preocupante es otra cosa. Es la proliferación de mensajes propagandísticos, burlas, caricaturas ofensivas, memes y publicaciones destinadas a ridiculizar las opciones diferentes. Una cosa es el debate de ideas. Otra muy distinta es el proselitismo político. El primero enriquece. El segundo divide.
La Masonería no fue concebida para producir unanimidades políticas ni para fabricar militantes de una causa partidista determinada. Su propósito ha sido siempre el más ambicioso y más difícil de formar seres humanos libres, capaces de pensar por sí mismos y de convivir civilizadamente con quienes sostienen opiniones diferentes.
Por esa razón, los Grandes Maestros, los Venerables Maestros y quienes ejercen responsabilidades de liderazgo en los chats internos de las Grandes Logias, Logias y cuerpos filosóficos tienen el deber de preservar la convivencia fraternal. Cuando un chat institucional se convierte en vehículo de propaganda política, corresponde, en sana crítica, retirar esos mensajes, llamar al orden a quienes persisten en esas conductas y recordar las reglas de respeto que todos aceptaron.
La tolerancia y la libertad de conciencia no significan permitir cualquier conducta en cualquier lugar. También exigen proteger los espacios comunes frente a quienes los desnaturalizan. Nadie pierde su libertad de conciencia por abstenerse de utilizar un canal institucional para hacer campaña electoral. Y cuando, pese a las advertencias, algunos Hermanos insisten en convertir esos espacios en tribunas partidistas, las autoridades Masónicas deberían considerar su exclusión temporal o permanente de esos canales de comunicación. No como una sanción ideológica, sino como una medida elemental de convivencia del chat.
Quizá haya llegado el momento de adoptar correctivos más claros para impedir que el proselitismo y la intolerancia se normalicen bajo el pretexto de la libertad de expresión.
Y ante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales colombianas del próximo 21 de junio, conviene recordar que los candidatos pasarán, las campañas terminarán y los votos serán contados. Lo que permanecerá será la obligación de seguir llamándonos y tratándonos como Hermanos y Hermanas.
De lo contrario, los chats Masónicos corren el riesgo de quedar convertidos, por obra de los mismos Masones proselitistas, en escenarios permanentes de propaganda a favor o en contra del gobierno vencedor. De hecho, los chats Masónicos fueron creados para facilitar la comunicación fraternal, no para reproducir las divisiones de la política profana.
Precisamente por eso, la libertad de conciencia, de obligación en la Masonería, nunca debe amparar una campaña electoral.
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