jueves, 27 de agosto de 2026

LLEGAN LOS PRIMEROS MAESTROS MASONES FORMADOS CON IA

Por Iván Herrera Michel
                  
Después de algo más de tres años y medio de hacer su debut público la IA, estamos viendo llegar a la Maestría a los primeros Masones cuya carrera ha transcurrido totalmente con una inteligencia artificial (IA) a la mano.
                
De hecho, las IAs para estos nuevos Maestros no representan una ruptura con una tradición, sino un ambiente sociológico normal en el que pueden someter a examen las instrucciones que reciben y ser menos dependientes del prestigio de los nombres y más respetuosos de la solidez de los argumentos. Una contingencia que resulta especialmente trascendental en la Masonería, que es un fenómeno con una mezcla muy rica de alegoría, simbolismo, tradición y especulación.
                           
Por ejemplo, durante los tres siglos de existencia de la Masonería han circulado falsos históricos que pretenden vincular a la Masonería con los constructores de las pirámides, los templarios, los misterios de Egipto, las escuelas pitagóricas o innumerables personajes bíblicos y no bíblicos. Ahora el nuevo Masón con una IA a la mano puede preguntar por la validez de esas narraciones, comparar versiones, averiguar qué evidencias existen al respecto y descubrir quién ofrece pruebas, quién propone una interpretación y quién repite algo que no corresponde a la realidad histórica.
                                
En honor a la verdad, hay que aceptar que la IA los ha ayudado a expresar mejor lo que piensan, e incluso les ha mostrado que todavía no habían pensado suficientemente un asunto, señalado contradicciones, recomendado precisiones y sugerido matices. Una de las contribuciones más interesantes de esta tecnología es que los obligó a formular mejores preguntas, porque no es lo mismo preguntar cuál es el significado de un símbolo que preguntar cuándo apareció, en qué Rito se utiliza, qué dicen los documentos más antiguos o cómo fue interpretado por determinado autor o corriente Masónica. Tampoco es lo mismo preguntar si un personaje fue Masón que solicitar las pruebas de su Iniciación, la Logia a la que perteneció o la fuente contemporánea que lo confirma.
                      
Así las cosas, en sana critica podemos preguntarnos qué significa ahora trabajar Masónicamente. Porque si una inteligencia artificial puede redactar una Plancha, explicar un símbolo, resumir un libro, comparar Rituales y localizar en segundos una referencia histórica que antes exigía horas o días de búsqueda, ninguna de esas actividades, tomadas aislada o conjuntamente, puede seguir definiendo lo que entendemos por trabajo Masónico.
                        
Tal vez la IA nos esté obligando a reconocer que el trabajo Masónico comienza realmente después de recibir la información. Comienza cuando el Masón la contrasta con su propia conciencia, la somete a juicio, la confronta fraternalmente con otros y permite que aquello que ha comprendido modifique en algo su manera de pensar, de convivir o de actuar. Una máquina puede ayudarnos a escribir una magnífica Plancha sobre la tolerancia, pero no puede practicar la tolerancia por nosotros. Puede explicarnos durante horas el simbolismo de la Piedra Bruta, pero no puede desbastar nuestras aristas. Puede describir perfectamente qué significa la fraternidad, pero no puede reconciliarnos con un Hermano con quien estamos distanciados. Y puede producir un texto impecable para una Tenida, pero no puede vivirla.
                                 
Esto introduce además un cambio en algo muy humano dentro de la propia Masonería como es el prestigio del conocimiento. Durante mucho tiempo, quien poseía una buena biblioteca, recordaba muchos autores, conocía mejor los Rituales o llevaba décadas en la Orden disponía de un capital intelectual difícil de alcanzar para un recién iniciado. Hoy buena parte de esa información está disponible en segundos, y eso desplaza el valor desde la posesión del conocimiento hacia la capacidad de comprenderlo, cuestionarlo, relacionarlo y convertirlo en criterio propio.
                                  
Quizá por eso el Masón que viene no será necesariamente más valioso porque sepa más cosas, sino porque sepa discernir mejor. El prestigio podría pasar del que acumula respuestas al que formula mejores preguntas, del que cita más autores al que sabe distinguir una fuente sólida, y del que presenta la Plancha más erudita al que logra convertir el conocimiento en reflexión compartida y, sobre todo, en conducta.
                          
Pero quizá el cambio más profundo consista en la aparición de un nuevo tipo de actor Masónico que está acostumbrado a no recibir una respuesta sin volver a preguntar. Y eso no tiene por qué empobrecer a la Masonería, porque un mito o una alegoría puede contener una enseñanza profunda sin que tengamos que presentarlo como un acontecimiento real, y una tradición puede ser muy hermosa y significativa sin que debamos convertirla artificialmente en historia.
                                
Y posiblemente allí esté el verdadero desafío que nos plantea la inteligencia artificial. No preguntarnos si una máquina puede hacer una Plancha Masónica, porque evidentemente puede hacerla, sino preguntarnos qué hacemos nosotros con esa Plancha después de leerla. Porque si trabajar Masónicamente consiste únicamente en reunir información, redactarla y exponerla en Logia, la inteligencia artificial puede hacer una muy buena parte de ese trabajo, y muchas veces mejor que nosotros. Pero si consiste en convertir conocimiento en conciencia, conciencia en diálogo y diálogo en una manera distinta de relacionarnos con nosotros mismos, con nuestros Hermanos y con la sociedad, entonces la herramienta habrá cambiado, pero el trabajo seguirá siendo profundamente humano.
                               

Y aquí aparece la extraordinaria paradoja de que mientras más tecnológica se vuelve la sociedad, más valor puede adquirir aquello que la Masonería conserva de profundamente humano.

                       

                            

                                       

sábado, 22 de agosto de 2026

LAS CUATRO LOGIAS “BARRANQUILLA” DE BARANQUILLA

Por Iván Herrera Michel
                    
La historia de las cuatro Logias tituladas "Barranquilla" es más compleja de lo que parece y es un reflejo fiel de los asvatares de la Masonería de la ciudad en el siglo XX. 

Al revisar cuidadosamente las fechas, las Cartas Constitutivas y los cambios de Obediencia, todo indica que desde 1919 en Barranquilla han existido cuatro Logias diferentes con el nombre de la ciudad. Una de ellas conserva la continuidad histórica desde la segunda decada de la centuria, y las otras tres fueron creadas posteriormente y retomaron el nombre y parte de la numeración, sin heredar por ello la antigüedad ni la  Carta Patente original.
      
LA PRIMERA LOGIA BARRANQUILLA
 
Américo Carnicelli cuenta en su “Historia de la Masonería Colombiana, 1833-1940”, tomo II, publicada en Bogotá en 1975, que el Supremo Consejo Neogranadino promovió en Barranquilla las Logias Astrea N.º 56, Siglo XX N.º 60, Minerva N.º 5 y Barranquilla N.º 1. Estos Talleres constituyeron en 1919 la llamada Soberana Gran Logia de Colombia, una Obediencia que tuvo una existencia muy breve. Carnicelli también afirma que, después de la desaparición de aquella Gran Logia, únicamente la Logia Barranquilla logró sostenerse, aunque “con muchos esfuerzos” (Historia de la Masonería Colombiana, 1833-1940, tomo II, pp. 73-74).
                    
De todos modos, la fecha reconocida como oficial de su fundación es el 20 de enero de 1920, cuando recibió del Supremo Consejo Neogranadino su  Carta Patente como Logia Barranquilla N.º 1. El documento original se conserva y se exhibe actualmente en la sede de la Gran Logia del Norte de Colombia, en Barranquilla.
                   
En agosto de 1921, después del tratado suscrito en Barranquilla el 11 de agosto de ese año entre el Supremo Consejo Neogranadino, la Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Barranquilla y la Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Cartagena, el Taller pasó a la jurisdicción de la Gran Logia Nacional de Colombia. Desde entonces adoptó la numeración Barranquilla N.º 1-8, en donde el 1 correspondía a su número original bajo el Supremo Consejo y el 8 a su lugar dentro de la Gran Logia Nacional.
           
Allí trabajó durante casi setenta años y su salida se produjo como consecuencia del cisma que vivió la Masonería colombiana en la década de 1980. En virtud de que mediante la Resolución N.º 1 del 2 de febrero de 1990, los catorce Maestros Masones presentes en una Tenida citada para decidir sobre el futuro de la Logia aprobaron por unanimidad, sin abstenciones, votos en blanco ni votos negativo, el retiro de la Logia de la Gran Logia Nacional de Colombia.
         
La desvinculación se hizo efectiva el 20 de abril de 1990, cuando la Logia pasó a sumarse al movimiento del cual surgió la Gran Logia del Norte de Colombia, constituida formalmente cinco días después, el 25 de abril de 1990. Desde entonces continuó trabajando como Barranquilla N.º 1-8-1, en virtud de que su Nueva Gran Logia le otorgó el número 1 por ser la más antigua de las fundadoras.
               
Aquí no hubo una desaparición ni una nueva fundación. La Logia cambió de obediencia por decisión propia, y conservó su Carta Patente, sus miembros y su memoria institucional. Por esa razón, la línea histórica nacida en 1920 continúa actualmente en la Gran Logia del Norte de Colombia.
              
Al cumplir ochenta años, en el año 2000, el Taller recibió el título de “Benemérita” y el 20 de enero de 2020 fue reconocida como “Centenaria” en una Tenida Extraordinaria y Solemne celebrada ese día.
          
LA SEGUNDA LOGIA BARRANQUILLA
              
Después de que la Logia se retirara en 1990, la Gran Logia Nacional de Colombia volvió a contar con un Taller denominado Barranquilla N.º 1-8 integrado por algunos pocos miembros que se arrepintieron del retiro y algunos Masones vinculados por el Gran Maestro para completar el número de 7 Maestros.
                 
Esta segunda Logia es importante para entender lo que vino después, porque de ella se separó el grupo que terminó formando una tercera Logia Barranquilla, esta vez dentro de la Federación Colombiana de Logias Masónicas.
               
En cualquier caso, esta segunda Barranquilla N.º 1-8 no era la Logia histórica de 1920 y no poseía la Carta Patente original, ni la mayoría de los miembros, ni la continuidad documental que había pasado a la Gran Logia del Norte.
                   
LA TERCERA LOGIA BARRANQUILLA
                
Posteriormente, un grupo de Masones de aquella segunda Logia Barranquilla N.º 1-8 decidió desvincularse de la Gran Logia Nacional de Colombia y organizar un nuevo Taller dentro de la Federación Colombiana de Logias Masónicas. La nueva Logia adoptó el nombre Barranquilla N.º 1-8-8 por ser la octava en vincularse a la Federación. Esta tercera Logia Barranquilla recibió Carta Patente de la Federación el primero de noviembre del año 2007, el mismo día en que la Federación celebraba un año de existencia y  ya contaba con siete Logias.
               
En todo caso, esta tercera Logia Barranquilla es un Taller nuevo, que tomó también el nombre de la anterior y parte de su numeración, pero no posee continuidad histórica institucional con la Logia fundada en 1920.
            
LA CUARTA LOGIA BARRANQUILLA
             
Así las cosas, mediante el Decreto N.º 031 del 5 de febrero del año 2020, la Gran Logia Nacional de Colombia autorizó el “Levantamiento de Columnas” de una Logia llamada nuevamente Barranquilla N.º 1-8 y le entregó una Carta Constitutiva.
                       
El lenguaje empleado en el decreto resulta esclarecedor. No habla de devolver la Carta Patente de 1920, reabrir una Logia temporalmente en sueños o reconocer la continuidad de un Taller anterior. Autoriza un “Levantamiento de Columnas” y dispone la entrega de una Carta Constitutiva. Todo prueba, por consiguiente, que se trató de una nueva organización formal.
                       
El decreto del año 2020 también permite inferir que la Logia Barranquilla creada o reorganizada por la Gran Logia Nacional después del cisma ya no estaba trabajando normalmente. Si hubiera permanecido activa y conservado su Carta Constitutiva, no habría sido necesario autorizar nuevamente el levantamiento de columnas y entregar otra Carta.
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NOTA PERSONAL: Por esas vueltas que da la vida Masónica, en diferentes etapas de la mía, y por diferentes razones y contextos, he sido distinguido como Miembro Honorario tanto de la histórica Logia Barranquilla fundada en 1920, como de la Logia Barranquilla del año 2007. Esa doble cercanía, lejos de llevarme a reclamar para una la historia de la otra, me ha llevado siempre a interesarme por esta parte de nuestra historia barranquillera.
                   
                       
      

                   
                
                      
                      
                            
                       

miércoles, 5 de agosto de 2026

QUIEREN PRIVATIZAR EL ÁGUILA BICÉFALA

Por: Iván Herrera Michel 
               
Yo creía, en mi inocencia, que el águila bicéfala era un símbolo histórico del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Una de esas criaturas que han volado durante siglos de templo en templo y de Supremo Consejo en Supremo Consejo, sin que nunca nadie le exigiera una patente, un paz y salvo o una foto ampliada de sus dos cabezas. Pero en la Masonería uno nunca termina de sorprenderse.
         
Según he sabido, un Supremo Consejo del REAA boliviano demandó a otro del mismo pais, ante el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual, por el uso sin permiso del Águila Bicéfala. Es decir, que el ave, después de atravesar majestuosa imperios, revoluciones, constituciones y 33 Grados, terminó dependiendo del escritorio de un funcionario público.
            
No pretendo anticipar lo que resuelvan las autoridades bolivianas ni pronunciarme sobre el fondo jurídico. Pero confieso que el proceso me resulta irresistible. Al parecer, en Bolivia mientras una cabeza del águila mira hacia el Oriente, la otra está atenta al vencimiento de los términos legales. Una recuerda el antiguo "Deus meumque ius" y la otra está a la expectativa del "Patenta meumque ius".
      
Así las cosas, a estas alturas habría que citar a la oficina de patentes al Caballero de Ramsay para preguntarle si a sus célebres discursos de 1736 y 1737 anexó los certificados de propiedad de los símbolos que utilizaría el REAA desde 1801. Me preocupa, porque seguramente estaba tan ocupado buscando templarios y cruzados entre los antepasados de la Masonería que se le olvidó pedir la factura del águila.
             
Después comparecería Albert Pike. La audiencia tendría que suspenderse mientras los funcionarios revisan sus imnumerables escritos tratando de encontrar un documento en el que conste que el pájaro fue comprado o adquirido por prescripción.
                       
También habría que reabrir el Convento de Lausana de 1875, porque aquellos señores que se reunieron para ordenar el REAA, no tuvieron la previsión de dedicar una sesión a repartir el inventario: el águila para un Supremo Consejo, la escuadra para otro, el compás para un tercero y el Ordo ab Chao para quien llegó primero.
                  
El tema será serio si la pretensión legal prospera. Todo lo privatizarán, comenzando por la vieja consigna de "Ordo ab Chao" que se convertirá en “Ordo ab Patente”. Y no resultaría extraño ver a quienes estén interesados en patentar el Silencio del Aprendiz, averiguando quién fue el primero que se quedó callado en La Oca y la Parrilla. 
                   
Intentarán patentar la Palabra Perdida, y el ojo que todo lo ve junto con todo lo que ve. La Luz del Oriente y el Oriente Eterno serán concesionados. La Cadena de Unión necesitará licencia de funcionamiento. Cada Batería pagará derechos de reproducción. La Marcha del Grado tendrá peaje y la Piedra Bruta no podrá ser desbastada sin autorización por escrito. Y hasta al Gran Arquitecto del Universo le pedirán que aclare bajo qué razón social registró la Bóveda Celeste, y el Mediodía y la Medianoche en Logia. Si es que los registró.
                  
El episodio boliviano confirma una vez mas la enorme vitalidad que posee el "Rito del Ego Antiguo y Aceptado", que preside un "Supremo Consejo de Soberanos Grandes Inspectores Dueños de Todo", que es Antiguo porque nadie sabe cuándo comenzó, y es Aceptado porque se practica con entusiasmo en muchos países. Es un rito discreto (pero no secreto, porque todos saben que existe) en el que en sus primeros Grados se confunde el cargo con la persona, en los intermedios la institución con sus dirigentes, y en el superior se alcanza la iluminación que concede la convicción de que la Orden estaba esperando que llegara el iluminado.
        
Yo, por mi parte, sigo creyendo ingenuamente que el Águila Bicéfala pertenece al patrimonio universal del REAA y que puede volar libremente de un Supremo Consejo a otro. 
            
Aunque, después de este episodio, ya no estoy tan seguro.