martes, 14 de abril de 2026

PALABRAS DEL ORADOR EN LA PRIMERA INICIACIÓN DE LA LOGIA ORIENTE ANTIOQUEÑO No. 19

 
Por Iván Herrera Michel
 Abril 11 de 2026 (E:. V:.)
  
(Saludos protocolarios)
               
​Mis muy Queridas Hermanas y Hermanas, en sus Grados y Calidades,
            
Queridos Hermanos Aprendices,
               
En un día como este, que quedará inscrito en la historia de la Masonería en el Valle de Aburrá, nos convoca un acto que, visto desde fuera, podría parecer discreto, pero que para quienes comprendemos su alcance tiene la densidad de los momentos que abren camino.
                   
Marinilla nos convoca como horizonte y como propósito, y nosotros hemos llegado desde diferentes puntos de la geografía nacional, como obreros dispuestos a asumir una responsabilidad que trasciende este recinto, especialmente frente a quienes hoy dan sus primeros pasos en el método Masónico de sugerirnos valores humanistas para construirnos como seres humanos y sociedad.
              
Acabamos de asistir, hace unos momentos, al solemne y fraternal Levantamiento de Columnas de esta Respetable Logia, nacida para irradiar su trabajo en Marinilla, aunque las ceremonias que hoy nos reúnen tengan lugar en el Templo de la Logia Iris del Aburrá, la más antigua en funcionamiento de Antioquia, a cuyos Hermanos y Hermanas expresamos nuestra más sincera gratitud por su fraternidad y la generosa facilitación de esta Logia que visité, por primera vez, en 1984, cuando funcionaba en otra dirección, y hace cinco años en este mismo inmueble.
                
Al reunirnos aquí, Muy Respetable Gran Maestro, Venerable Maestro, Dignatarios, Hermanos y Hermanas, junto con quienes hoy inician su recorrido como Aprendices, se hace evidente que estamos en un punto de inflexión.
                   
Al evocar nuevamente que Marinilla ha sido llamada la Esparta Colombiana, aparece una imagen que ayuda a comprender su historia. En ella la disciplina, la fe y la tradición han construido comunidad, y también han construido silencios que con el tiempo se volvieron paisaje. Por eso, para quienes comienzan su vida Masónica, la primera tarea es aprender a preguntar. La segunda, es preguntarse para son Masones.
             
En el tránsito que hoy han vivido se deja atrás la comodidad de no interrogar las propias certezas. Esa renuncia, que parece menor, es una de las primeras decisiones reales del Aprendiz.
                
Cuando se nos despoja de los metales, por un instante desaparecen los títulos, las seguridades, las identidades y los privilegios invisibles, y queda el ser humano frente a sí mismo. Ese momento es fundacional porque allí comienza el trabajo, porque la Iniciación, y la posterior vida Masónica, además de constituir una experiencia personal, posee una implicación social que es lo que finalmente le da sentido y trascendencia a la Orden Masónica.
                  
Lo que aquí se pretende despertar no está destinado a permanecer en lo íntimo, sino a proyectarse en la forma en que se vive, en la manera en que se piensa, y sobre todo en la forma en que se actúa en la sociedad. Porque de poco sirve atravesar símbolos, palabras y silencios si al salir de este espacio todo permanece igual, y si mañana, frente a una injusticia concreta, guardamos silencio como si nada hubiera ocurrido.
                  
La Iniciación introduce una exigencia de revisar las propias convicciones, de cuestionar lo aprendido, y de reconocer las zonas en donde uno mismo ha reproducido sin advertirlo aquello que dice querer transformar. Y en ese sentido, es una interpelación a nosotros mismos.
                    
También implica que la indiferencia deja de ser una opción porque la conciencia, cuando despierta, ya no permite ciertas formas de comodidad moral. Por eso, si algo define el trabajo que hoy comienza, no es la acumulación de conocimientos ni la repetición de formas. Es la capacidad de traducir lo que aquí se vive en una manera distinta de estar en el mundo. Más atenta, más crítica y más responsable.
                  
Ser un Masón progresista en Marinilla supone sostener la convivencia en medio de la diferencia y entender que la pluralidad es necesaria, en un laicismo que exige convivir con valores y miradas distintas sin intentar imponer los propios.
                   
El compromiso que hoy se inicia tiene una dimensión práctica. En lo individual exige autocrítica, en lo colectivo implica respetar la diferencia, y en lo histórico obliga a discernir entre lo que merece continuidad y lo que ya no lo merece.
                
Quienes hoy  se han Iniciado son, sin saberlo aún del todo, el punto más sensible de esta nueva Logia. Porque fue precisamente en esta Iniciación, cargada de sentido, en donde realmente se levantaron Columnas y se encendió la Luz Masónica en Marinilla, y en donde comenzó una forma distinta de habitarla.
                  
Mis Queridos Hermanos Aprendices,
                
¡Bienvenidos a la Masonería!
            

Es mi palabra, Venerable Maestro.