sábado, 25 de julio de 2026

UNA CADENA FRATERNAL EN EL CEMENTERIO LIBRE DE CIRCASIA

 
Por Iván Herrera Michel
Cementerio Libre de Circasia
El próximo 17 de agosto, de acuerdo con la programación de la IL:. H:. Laura Acuña de Nájera, Gran Maestre del Soberano Santuario de Memphis – Mizraim del Ecuador, y de nuestros Queridos Hermanos y Hermanas de Manizales, visitaremos el Cementerio Libre de Circasia, en el Quindío.
           
Nos reuniremos allí para realizar una Cadena Fraternal y rendir homenaje a nuestro IL:. H:. Fabio Echeverri Mejía, una de las figuras más destacadas de la Masonería manizaleña durante el siglo XX y los primeros años del XXI.
             
No podía haberse escogido un lugar más significativo, porque el Cementerio Libre de Circasia no es solamente un camposanto. Es una declaración construida en clave Masónica de que ningún ser humano debe perder su derecho a una sepultura digna por su manera de entender el mundo.
              
La historia más aceptada sitúa el origen del cementerio en un conflicto ocurrido en 1928. Al morir Valerio Zuluaga Londoño, vecino de la vereda La Concha y practicante del espiritismo, el párroco católico Manuel Antonio Pinzón se habría negado a permitir su entierro en el cementerio católico de Circasia.
                
Zuluaga tuvo que ser sepultado en terrenos de su propia finca, y aquel episodio causó indignación entre los sectores liberales y librepensadores del municipio. Uno de ellos fue el Q:. H:. Braulio Botero Londoño, quien decidió promover un cementerio en el que ninguna autoridad religiosa pudiera determinar quién merecía o no descansar de manera digna.
            
El propio Botero recordaría muchos años después que el proyecto nació en una época en la cual las libertades estaban “amordazadas” y parecía que solo se podía pensar con la autorización del clero y de los caciques políticos conservadores.
                     
Botero y sus compañeros encontraron oposición política y religiosa y el proyecto avanzó mediante colectas, bazares, pequeñas contribuciones ciudadanas y el trabajo de personas identificadas con el liberalismo y el libre pensamiento. La llegada de Enrique Olaya Herrera a la Presidencia de Colombia en 1930 creó un ambiente más favorable para obtener la autorización oficial. Y aunque la fecha de inauguración más repetida es la del 28 de agosto de 1932, algunas fuentes hablan de 1933, posiblemente porque confunden la apertura con una etapa posterior de construcción o funcionamiento.
           
El principal impulsor del Cementerio Libre de Circasia fue Braulio Botero Londoño, liberal radical, librepensador y miembro activo de la Masonería colombiana, quien falleció el 11 de abril de 1994, en la ciudad de Cali. Botero se inició en la Respetable Logia Libres de Caldas Nº 17, en el Oriente de Pereira, en la cual alcanzó el Grado de Maestro Masón. Posteriormente, y al establecerse en el Or:. de Armenia, se vinculó a la Logia del Quindío No. 7.
                 
Su carrera dentro del Rito Escocés Antiguo y Aceptado continuó durante las últimas décadas de su vida. En 1986 recibió la dignidad de Gran Elegido Caballero Kadosh, del Grado 30º, en 1987 alcanzó el Grado 32º de Sublime Príncipe del Real Secreto, y en 1988 le fue conferido el Grado 33º de Soberano Gran Inspector General, la máxima dignidad administrativa y honorífica del Rito por el Supremo Consejo del Grado 33º para Colombia, fundado en 1833.
              
En un testimonio ofrecido décadas después, el propio Braulio Botero recordó que miembros de la Logia de Pereira colaboraron en la construcción y enviaron aportes económicos. Este testimonio permite hablar de una red efectiva de solidaridad Masónica alrededor de la iniciativa. Y hasta donde permiten establecer las fuentes disponibles, el Cementerio fue una iniciativa civil y comunitaria encabezada por Braulio Botero, respaldada por trabajadores locales, mujeres del municipio, liberales, librepensadores y Masones unidos alrededor de la idea de que nadie debía ser excluido de una sepultura digna por su filiación política o su relación con una iglesia católica.
                 
Algunas narraciones locales identifican a Enrique Londoño como la primera persona sepultada en el Cementerio y relacionan su tumba con una figura de águila situada en el sector antiguo. La historia es interesante y forma parte de la tradición oral del lugar, pero no debe presentarse como un hecho plenamente demostrado. No se conoce públicamente una reproducción del primer libro de inhumaciones, un acta funeraria ni un plano contemporáneo que indique el nombre del primer fallecido, la fecha exacta y el lote en donde fue colocado. Tampoco existe evidencia sólida que permita afirmar si aquella primera sepultura fue directamente en tierra, en una tumba de mampostería o en una bóveda. Por las costumbres funerarias y los recursos iniciales del proyecto, una fosa en tierra sería históricamente lo más posible.
                   
El Cementerio Libre de Circasia fue construido en un terreno elevado, abierto hacia el hermoso paisaje cafetero, y su arquitectura suele describirse como republicana y simbólica, pero el conjunto que observamos actualmente no corresponde íntegramente a la obra original. Se atribuyen los primeros planos a Antonio Schiefer, quien no lo habría organizado alrededor de una capilla católica ni presidido por una cruz, para expresar claramente que el recinto no pertenecería a una confesión en particular, sino a la memoria del ser humano.
                   
Alrededor de las sepulturas ubicadas cerca de la entrada nació una de las leyendas más conocidas del cementerio. Se cuenta que varios Masones habrían ordenado ser enterrados de pie para no arrodillarse ni siquiera después de muertos. Es una narración poderosa y coherente con la fama rebelde del lugar, pero sobre la cual no existe documentación histórica suficiente que la confirme. No obstante, las leyendas no deben desecharse porque también forman parte de la historia cultural.
                    
Durante la violencia política de mediados del siglo XX, el Cementerio fue saqueado y parcialmente destruido por los conservadores. Monumentos, rejas y símbolos fueron derribados, entre ellos el busto dedicado al escritor y dirigente liberal Antonio José (“El Ñito) Restrepo. Quien en 1925 acuñó en el Congreso de la República la expresión ““El código penal es un perro bravo que no muerde sino a los de ruana”, para oponerse a la implantación de la Pena de Muerte en Colombia, sosteniendo que solo se la aplicarían a la gente pobre y no a los burgueses, terratenientes, comerciantes e industriales.
                 
En 1972, el IL:. H:. Braulio Botero impulsó su recuperación con la colaboración del ingeniero Héctor Jaramillo Botero y del arquitecto Eduardo Burgos Uribe. Lo que significa que el conjunto actual reúne al menos el proyecto fundacional de la década de 1930 y la reconstrucción iniciada cuatro décadas después.
                  
EL SENTIDO DE NUESTRA VISITA
                   
El 17 de agosto visitaremos un lugar nacido de una exclusión y convertido en símbolo de inclusión. Haremos una cadena fraternal en un terreno que recuerda que la fraternidad Masónica llevada a la sociedad no puede limitarse a los vivos ni reservarse para quienes piensan como nosotros.
                   
Al rendir homenaje a nuestro IL:. H:. Fabio Echeverri Mejía, estaremos recordando también a todos aquellos hombres y mujeres que defendieron el derecho a pensar libremente, incluso en épocas en que hacerlo podía costar el rechazo social, la persecución política o la negación de una sepultura.
            
El Cementerio Libre de Circasia nos deja la sencilla enseñanza de que en la muerte las fronteras pierden su poder.