miércoles, 17 de junio de 2026

CARLOS ALBERTO ROSAS ROZO. MEMORIA DE UNA ÉPOCA

 Por: Iván Herrera Michel
 
IPH:. Carlos Alberto Rosas Rozo
(1915 - 1984)
Hace unos días, visitando la Gran Logia Central de Colombia, me fije en la placa descubierta en 1986 por su primer Gran Maestro, el médico y humanista Raúl Samper Polanco, por la que bautizó el Club Social de la Obediencia con el nombre de Carlos Alberto Rosas Rozo, fallecido el año anterior el 27 de enero de 1984, después de haber presidido la celebración de los 150° años del Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia, el 19 de junio de 1983 en el Or:. de Cartagena de Indias.
                    
Para comprender la figura de Rosas Rozo hay que comenzar recordando que la Masonería colombiana de la segunda mitad del siglo XX vivió una etapa de relativa estabilidad institucional, construida con esfuerzo desde la unión, en 1939, del Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia y el Supremo Consejo Central Colombiano. Existía entonces una estructura nacional común para el escocismo colombiano, aceptada en amplio consenso por las Obediencias masculinas del país.
                       
Periodista de profesión, nacido en Bogotá el 8 de marzo de 1915, se Inició en la Gran Logia de Colombia, en el Or:. de Bogotá, en la Logia Propagadores de la Luz No 1 el 27 de abril de 1949, recibió el Grado de Compañero el 17 de agosto de ese mismo año, y fue exaltado al Grado de Maestro el 26 de mayo de 1950. Eran días muy convulsionados para el país y la Orden por el reciente asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en los que al Gran Maestro Julio Ortiz Márquez, Alcalde Mayor de Bogotá en 1941 y ferviente militante del ala gaitanista del Partido Liberal, le correspondió hacer frente desde las trincheras Masónicas a la violencia desatada por el Partido Conservador contra los Masones y los liberales.
                     
La vida profana de Rosas Rozo transcurrió fundamentalmente en el mundo del periodismo, la cultura y el libro. Perteneció a una generación de intelectuales bogotanos que encontró en la prensa un espacio de realización profesional y de influencia pública. Fue reconocido como periodista de oficio, comentarista y hombre de letras, vinculado durante décadas a actividades editoriales y culturales que le otorgaron prestigio en los círculos intelectuales de su tiempo. A diferencia de otros dirigentes Masónicos de su generación provenientes de profesiones liberales, la política o el empresariado, Rosas Rozo construyó su liderazgo desde la palabra escrita, el pensamiento crítico y la difusión de la cultura. Esa circunstancia ayuda a comprender tanto su ascendiente dentro de la Masonería colombiana como el respeto que alcanzó en diversos escenarios de la vida intelectual y Masónica del continente.
                    
Fue Ven:. Maest:. de su Logia Madre entre 1951 y 1953, Gran Orador de la Gran Logia de Colombia en 1958 y 1959, Diputado Gran Maestro en 1960 y 1961, y Gran Maestro de la Gran Logia de Colombia entre 1961 y 1969. Durante ese largo mandato al frente de la Gran Logia fue Presidente (1967 – 1970) de la Confederación Masónica Interamericana (CMI) que agrupa a Grandes Logias masculinas del continente desde 1947.
                           
El 19 de febrero de 1959 recibió el Grado 33 siendo Soberano Gran Comendador el ingeniero José Gómez Pinzón, cuyo legado en la ingeniería colombiana fue reconocido por las juntas directivas de la Sociedad Colombiana de Ingenieros (SCI), la Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA) y la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), con la creación del “Premio José Gómez Pinzón” que desde 1991 se otorga cada dos años a los profesionales que se han distinguido por sus servicios a la ingeniería, la arquitectura y la industria de la construcción colombiana.
        
Durante su paso por el escocismo Rosas Rozo presidió varias Cámaras, hasta que finalmente fue elegido el 10 de agosto de 1973 Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia, dignidad que ejerció hasta el final de sus días. Un avanzado cáncer renal limitó progresivamente su actividad y creó un escenario de incertidumbre alrededor de la sucesión. El 27 de enero de 1984 concluyó definitivamente su trayectoria vital en el Or:. de Bogotá. Había cumplido 68 años de edad y estaba próximo a alcanzar los 69. Con su desaparición no solamente se extinguió una vida dedicada al servicio de la Orden. También concluyó un ciclo histórico.
                                                      
Desde una perspectiva historiográfica, Rosas Rozo fue el último de los seis Soberanos Grandes Comendadores de un largo período de unidad institucional de la Masonería colombiana. Puede verse, guardadas todas las proporciones, como una figura semejante a la de Marco Aurelio en la historia de Roma, en cuanto ambos representan el cierre de una época. Tras su desaparición comenzaron a fracturarse los equilibrios que durante más de cuatro décadas habían permitido la convivencia de las Obediencias masculinas del país bajo una estructura común. Al referirse a la muerte de Marco Aurelio en el año 180, Casio Dión escribió que “nuestra historia desciende ahora de un reino de oro a uno de hierro y óxido”. La imagen me resulta particularmente evocadora para comprender lo ocurrido después de 1984, cuando la concordia institucional fue sustituida por una prolongada etapa de divisiones, litigios, exclusiones, fragmentación e insultos, dentro y fuera de los Templos, cuyas consecuencias aún gravitan sobre la Masonería colombiana.
                                                           
Los acontecimientos que siguieron a su penosa enfermedad y muerte desencadenaron una de las crisis más profundas que ha conocido la Masonería colombiana. De las controversias surgidas en torno a la sucesión, las decisiones cuestionables de las autoridades interinas, y el carácter decididamente cismático de quienes desde un principio buscaron erigir estructuras propias sobre las ruinas de lo común, surgieron dos grandes corrientes que, con distintas transformaciones, denominaciones y desarrollos posteriores, continúan formando parte del panorama Masónico colombiano, de tal manera que, aún hoy diezmada en alrededor del 70% de su membresía, es incapaz de afrontar una iniciativa dirigida a la unidad.
                                          
Constatar que hubo una época en la que todos estábamos unidos, pueda que le sirva a alguien alguna vez en alguna parte para intentarlo.

..............................................................................

NOTA CURIOSA: El Mandil Original y la Banda oficial del rango del primer Gran Maestro de la Gran Logia Central de Colombia (GLCC), Raul Samper Polanco, confeccionados ricamente en seda, cuero, hilos y accesorios metálicos actualmente se encuentran bajo custodia y bajo condiciones controladas de luz, temperatura y humedad por su alto valor estético, en la Bodega del Archivo Masónico, integrados de manera espécifica en la Colección del Museo Masónico de la Gran Logia de Chile, ubicado en el Club de la República en el centro de la ciudad de Santiago de Chile. La donación fue realizada por su hijo Raul Samper Olaya, miembro de la Logia Mosaico No. 125, perteneciente a la Gran Logia de Chile durante la Gran Maestría de Sebastian Jans Pérez, el 10 de agosto del año 2023, con ocasión del centenario del nacimiento de Samper Polanco, quien con estas decoraciónes recibió la Carta Patente de la GLCC en 1985 en el Hotel Bacatá de la ciudad de Bogotá. 
                     
                     

                   

No hay comentarios: