Por
Iván Herrera Michel
El mes pasado se cumplieron 225 años del día en que once Masones se reunieron en una
taberna para crear una institución ritual que colonizó la mayoría de los
espacios Masónicos.
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| Recreación de la Taberna de Shepheard a partir de la imagen del monumento conmemorativo en Charleston |
Un
aldabón de bronce que hoy se conserva en la sede del Supremo Consejo para la
Jurisdicción Sur de los Estados Unidos, en Washington, que perteneció
originalmente a la puerta de la “Supreme Council Chamber”, constituye un
indicio importante de que existía un recinto destinado al Supremo Consejo
dentro del edificio. Todo apunta a que ese espacio correspondía precisamente al
Gran Salón del segundo nivel, en donde podían garantizarse la privacidad, el
control del acceso y la amplitud necesaria para una reunión ritual, lejos del
movimiento y el bullicio propios de la planta baja.
La
jornada debió desarrollarse bajo el calor húmedo característico de esos días
del año en el litoral de Carolina del Sur, con temperaturas de entre 28 y 30
grados centígrados. Allí la humedad procedente de las marismas y del océano
Atlántico contribuía a crear una atmósfera pesada, por lo que resulta fácil
imaginar las ventanas abiertas y los abanicos de mano mientras en la ciudad
transcurrían las actividades propias de un domingo.
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| Recreación de la reunión fundacional del 1er. Supremo Consejo del REAA a partir de los datos de la investigaciones |
Los
barcos penetraban lentamente por la amplia bahía formada por el estuario de los
dos ríos, mientras iban apareciendo marismas, islas bajas y fortificaciones
costeras que protegían la entrada al puerto, y desde las cubiertas podían verse
docenas de mástiles, almacenes, muelles y embarcaciones de todos los tamaños.
Aquella actividad marítima explicaba buena parte de la prosperidad de una
ciudad que respiraba al ritmo de las mareas, de los vientos y del constante ir
y venir de mercancías y personas.
Una
proporción considerable de la población estaba integrada por personas
esclavizadas africanas y afrodescendiente y, mientras los fundadores del
Supremo Consejo debatían proyectos institucionales y estructuras
administrativas, miles de hombres y mujeres permanecían excluidos de los
derechos más elementales. La Charleston de 1801 combinaba cosmopolitismo y
desigualdad, apertura internacional y profundas limitaciones sociales.
Por su
parte, los fundadores del Supremo Consejo pertenecían a los sectores más
acomodados de la ciudad. Entre ellos había médicos, comerciantes, militares,
intelectuales y dirigentes cívicos. Algunos habían conocido los conflictos de
la independencia norteamericana, otros mantenían vínculos con Europa y el
Caribe, y varios se movían dentro de redes internacionales de comercio,
correspondencia e intercambio intelectual. En cierto sentido, eran ciudadanos
del Atlántico antes que simples habitantes de Charleston, pues las guerras y
revoluciones de finales del siglo XVIII habían provocado desplazamientos
humanos de gran magnitud.
Cada
uno aportó lo suyo y lo más probable es que vistieran de acuerdo con el clima y
su posición social. Casacas oscuras, chalecos de tejidos ligeros, camisas de
lino blanco, medias largas, zapatos con hebillas metálicas y peinados
empolvados. Algunos habrán llegado caminando y otros en caballos o carruajes
privados, pues Charleston podía recorrerse con relativa facilidad. Durante
décadas, en la Taberna se intercambiaban noticias, se negociaba, se formaban
alianzas y se discutían asuntos públicos.
La
Charleston de 1801 olía a sal marina, tabaco, ron, alquitrán, cuero, pescado
recién desembarcado, madera húmeda y estiércol de caballo. El sonido de las
campanas, de los carruajes sobre las calles adoquinadas, las conversaciones en
varios idiomas, los gritos procedentes del puerto y el constante movimiento
comercial formaban parte del paisaje cotidiano.
No
sabemos quién llegó primero, qué conversaciones se produjeron antes de iniciar
la sesión ni quién llevó la voz cantante. Lo más probable es que compartieran
algunas de las bebidas preferidas por la élite de Charleston, como el vino de
Madeira, el ron añejo de Jamaica o alguno de los ponches habituales en las
reuniones de cierto nivel. También pudieron degustar un Oporto portugués o un
brandy francés. Sobre la mesa probablemente había carnes asadas, jamones,
cordero, aves, tortugas, pan, queso y ostras. Si alguno pidió postre,
seguramente le ofrecieron un pudín de arroz aromatizado con nuez moscada,
canela y azúcar de las Antillas, considerado entonces un refinado producto
local. Y si se reunieron al atardecer o de noche las discusiones debieron
transcurrir bajo la luz clara y dorada de lámparas de aceite de cachalote complementada
con la de velas de cera de abejas, en un ambiente muy distinto del que hoy
conocemos en las Logias.
Aquellos
hombres tampoco escapaban a las necesidades cotidianas. La higiene personal
difería mucho de la actual y los baños completos eran poco frecuentes, aunque
las clases acomodadas cuidaban con esmero su apariencia mediante ropa limpia,
perfumes, aguas aromáticas, aseos parciales y una pomada capilar elaborada con
grasa de cerdo perfumada con lavanda y bergamota. Durante la reunión debieron
secarse el sudor con pañuelos de lino, beber con frecuencia y acudir
ocasionalmente a las letrinas situadas en el patio o en dependencias anexas. No
resulta imposible imaginar que algunos asuntos importantes del naciente Supremo
Consejo y del Rito Escocés Antiguo y Aceptado continuaran discutiéndose
informalmente durante esos breves intervalos.
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| Monumento en el sitio en donde nació el 1er. Supremo Consejo del REAA |
Aquellos
once hombres trabajaron inmersos en su tiempo sobre una tradición heredada,
pero no se limitaron a conservarla. La revisaron con espíritu reformador, la
reorganizaron, la adaptaron y le dieron una nueva forma institucional. Esa
capacidad de reinterpretar sin romper con el pasado explica buena parte de la
extraordinaria vitalidad que alcanzaría posteriormente.
Quizá
por eso la enseñanza más valiosa que dejaron aquellos once Masones de la
Taberna resida en su manera progresista de entender la Masonería.



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