Por Iván Herrera Michel
Teófilo Amores Mendoza es abogado y Licenciado en Derecho y pertenece a la Respetable Logia Simbólica Helmántica No. 182, en el Or:. de Salamanca, integrada en la Gran Logia Provincial de Castilla de la Gran Logia de España. Su libro reúne una experiencia personal que ha ido tomando forma en reflexiones sobre el simbolismo y sobre lo que hacemos con él en nuestra vida. Hay algo muy generoso en compartir ese recorrido, con sus preguntas y sus aprendizajes, y dejarlo al alcance de otros.
A lo largo de setenta capítulos aparecen las herramientas, las Columnas, los viajes, la Cadena de Unión, Hiram y la Palabra Perdida. Pero también encuentran su lugar el ego, el fanatismo, la libertad de conciencia, la capacidad de escuchar, la enfermedad y la vulnerabilidad. Esa compañía me parece especialmente afortunada. Al fin y al cabo, quienes entramos a una Logia llevamos con nosotros todo lo que somos, incluidas nuestras contradicciones.
Me interesa mucho la presencia de la libertad de conciencia y del diálogo en este itinerario porque son temas con los que siento una cercanía inmediata. Podemos hablar largamente de la búsqueda de la verdad, pero esa búsqueda necesita espacio para preguntar, disentir y revisar lo que ayer parecía definitivo. También requiere admitir que alguien puede pensar de otra manera y tener algo valioso que enseñarnos.
Los asuntos que propone Teófilo Amores dan pie a una reflexión muy necesaria sobre nuestras costumbres Masónicas. Saber esperar, saber escuchar, reconocer los propios límites y examinar el ego son ejercicios que tienen consecuencias concretas en la convivencia. Se sienten en una Tenida cuando una intervención distinta recibe atención, cuando un Hermano o una Hermana puede expresar una duda sin sentirse incómodo o cuando quien tiene más experiencia conserva la disposición de aprender.
Por eso me llama particularmente la atención el capítulo dedicado a transmitir sin imponer. Allí hay una conversación que nuestras Logias deben mantener abierta. Compartir lo aprendido exige paciencia, respeto por el ritmo ajeno y confianza en la capacidad del otro para formar su propio criterio. Es una manera de entender la instrucción cercana a la fraternidad.
También encuentro sugerente que la Maestría aparezca acompañada de la vulnerabilidad, la conducta y la vida cotidiana. Es una asociación que invita a bajar las reflexiones del pedestal y acercarlas a nuestras relaciones, a nuestras decisiones y a la manera de asumir las dificultades. Los años, los Cargos y los Grados pueden aportar experiencia y con ella debería crecer también la sensibilidad para comprender a los demás.
Entre las páginas que más agradezco está la reflexión sobre la generosidad y el conocimiento compartido. Me deja pensando en cuánto de lo aprendido adquiere verdadero sentido cuando ayuda a otra persona. Una explicación ofrecida con cariño, una experiencia puesta en común o una conversación oportuna pueden prolongar el trabajo de una Logia mucho más allá de sus reuniones.
El cierre, Nunc coepi, "Ahora empiezo", tiene un encanto especial. Después de todo un recorrido, queda todavía la posibilidad de comenzar. Me parece una muy buena disposición para cualquier etapa Masónica, porque siempre habrá una pregunta pendiente, una conducta que mejorar y alguien a quien escuchar con atención.
Recomiendo con mucho gusto "Entre dos Columnas" a quienes disfrutan una Masonería que se pregunta por sus efectos en la vida real. Sus temas ofrecen materia para la reflexión personal y para las conversaciones que continúan después de cerrar los trabajos.
Y vuelvo al agradecimiento con el que comencé.
Gracias, Querido Hermano Teófilo, por este libro y por la generosidad de compartir tu camino. Ha llegado a mis manos como un regalo fraternal y quiero que estas palabras ayuden a ponerlo en otras manos para así seguir creciendo la conversación.
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